Tanta es la ternura y la fuerza de un beso niño-gigante, que el que lo recibe está viendo los cielos abiertos y por eso cierra tanto los ojos y abre hasta esos extremos la boca.
Y lo hace así porque así la besa su madre, y suena, que sonará a buen seguro formando un eco sonoro pues así se los da su abuela. Un beso que él lo recordará toda la vida, porque esas cosas no se olvidan jamás. ¡Cómo no seguir recordando uno de los primeros besos, debió de ser en la frente, que recibí siendo niño de la sobrina del cura, ella adolescente, y que me pilló por sorpresa, con lo que fantaseé mucho tiempo..., qué digo, hasta el día de hoy lo recuerdo como dulce brisa fugaz!
Es un recurso muy utilizado, como tarea, en los talleres de escritura creativa: “La primera vez en tu vida” y siempre hay alguien que se acuerda del primer beso, que dio o le dieron o se dieron. Permitidme que trascriba aquí la tarea del curso pasado sobre este asunto en nuestros talleres:
Siempre ha habido alguna primera vez, para las cosas más rutinarias y las de mayor significado e importancia, las que se quedaron bien grabadas en la retina o en los demás sentidos y dentro del corazón y las que jamás olvidará tu memoria.
Tarea: Haz un repaso de muchas de ellas, o al menos algunas, y escoge una para describirla y contar, narrar, alguna anécdota que creas merece la pena recordar y contar. Pon a prueba todos los sentidos, que son los que mejor nos ayudan a recordar el pasado. Acuérdate del sabor y el olor de las magdalenas de la infancia de Marcel Proust, y a partir de ahí escribió su obra magistral: “A la búsqueda del tiempo perdido”. Más o menos así fueron las pautas. Dio de sí la tarea y salieron de los momentos más triviales a algunos otros de enorme significado.
Hay que hacer memoria porque pudo suceder a los cuatros años, a las dieciséis, o más y más..., y es bueno y saludable y buen ejercicio de memoria y escritura cómo se desarrolló todo: el lugar, cómo fue aquello, lo que duró, lo que sentimos, la primera reacción, cómo lo recordamos... Ya sabes lo que dijo, en la rima XXIII, Gustavo Adolfo Bécquer, del hecho en sí, aunque parezca simple, sencillo, complejo o fascinante:
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.
Y ellos, como lo más natural y sencillo del mundo están inaugurando y celebrando la armonía del universo, y por ello es tan aberrante y criminal que ante un beso, dónde y como quiera que sea y con quién, algunos energúmenos respondan con el insulto, la lapidación, o casi, o la paliza hasta la muerte, cuando sobre todo ellos o ellas son de diferente orientación sexual. Ay.
https://youtu.be/ft4qigSb-gA Silvia Pérez Cruz y Pájaro. Pequeño Vals Vienés

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