miércoles, 26 de agosto de 2026

¿POR QUÉ HEMOS DEJADO DE MIRARNOS?

 


“Los seres humanos nos hemos dejado de mirar porque miramos las pantallas. Estamos muy empantallados. La mirada cambia cuando mira a un objeto, es una cuestión electroquímica. Y la primera consecuencia es la soledad. El ser humano es por naturaleza un animal social, un animal para compartir. Yo intento transmitir a mis alumnos esta triada: eres por otros, no te has dado la vida a ti mismo, ni has aparecido aquí por arte de birlibirloque; eres con otros; y eres para otros. El aislamiento tiene consecuencias antropológicas de carácter apocalíptico porque si dejamos de mirar a los otros, nos convertimos en una especie de cerebros en una bañera, aislados del mundo. Mirar, y sobre todo ser mirado por otros, es esencial para llegar a ser quien eres y construir algo juntos”. Ricardo Piñero, filósofo y catedrático de Estética y Teoría del Arte.
Hay que leer, releer y desmenuzar este párrafo que, aunque un poquito largo, bien merece la pena. Encierra y genera un caudal abundante de ideas:
Nos hemos dejado de mirar porque miramos las pantallas... Se ve con toda la claridad del mundo en muchas consultas médicas. Es la pantalla la que lo domina todo, tú como que no estás como que no existes. En algunas comidas familiares y de amigos, lo que reina, a veces, es la mirada extasiada al móvil, cada uno con el suyo, naturalmente. Y en algunas pandillas de amigos. Y ay de nosotros, si no nos miramos, desaparecemos del mapa y sobre todo de la mirada cálida, debería ser cálida, de los demás tan rica, tan vivificadora.
La mirada cambia cuando mira a un objeto... Haz la prueba, mira un cuadro de tu casa, un árbol, si abres la ventana, una maceta, una gazania, por ejemplo, una fotografía antigua, el cuaderno a punto de terminar... y no digamos a cualquiera de las personas con las que más convivimos.
Y la primera consecuencia es la soledad... Lógicamente, estamos solos, porque no salimos de nuestro círculo cerrado y ensimismado, porque no miramos las cosas en profundidad para ver y oír cómo cantan, qué dicen, qué nos cuentan, cómo han llegado hasta nosotros, y sabemos de memoria que las personas son un filón de riqueza, profundidad y extensión más profundas que los mares y más altas que las montañas. Si estamos solos es porque no salimos, no miramos, no escuchamos, no admiramos y no lo celebramos.
El ser humano es por naturaleza un animal social, un animal para compartir... Lo hemos leído mil veces, y lo hemos escuchado otras tantas, pero lo hemos olvidado, o no le hemos dado cuerda en nuestra mente y en nuestro corazón. Si hay un verbo que tendríamos que estar conjugando es el verbo compartir llevándolo a la práctica más concreta y real.
Eres por otros, eres con otros y eres para otros... Lo sabemos, somos en gran medida, gracias a los otros: padres, hermanos, maestros, amigos... Junto a otros somos más y mejores y ser para otros es lo que nos da el verdadero, más entrañable y gozoso sentido de vivir. Vivir para que los demás sean más, vivan mejor, sean más felices...
Si dejamos de mirar a los otros, nos convertimos en una especie de cerebros en una bañera, aislados del mundo... Podemos acudir a otras imágenes que acudan a nuestra memoria: ¿Postes al lado del camino, setas escondidas en el bosque, cadáveres vivientes, seres sin corazón y brazos para abrazar, dormidos...? Todo eso si dejamos de mirar a los otros.
Mirar, y sobre todo ser mirado por otros, es esencial para llegar a ser quien eres y construir algo juntos”. Pues eso.
https://youtu.be/PAn-THJ86rw?si=fbyj1CZqoo9dHFEi Café des Chansons - Je t´ai perdu dans la nuit - Yo te perdí en la noche.
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sábado, 22 de agosto de 2026

¿BAILAS?



¿Bailas?, o su leve variación: ¿Me das este baile? Era lo acostumbrado en el salón de Pirule cuando de niño me inicié en el baile. Eso decían los mayores y yo lo aprendí de ellos. Si estaba muy solicitada la chica te decía que dentro de dos o de tres, y te tocaba esperar, no había más que hacer. A mí me gustaba, pero no porque supiera que aquello era bueno para la salud del cuerpo, la mente y el espíritu, eso se lleva en la sangre, de lo otro me he enterado posteriormente, y sobre todo a los trabajos de la neurocientífica Nazareth Castellanos, a la que sigo con admiración. Pues bien, por ella sé, sabemos, que acudir a un espectáculo de danza va mucho más allá de lo cultural. Y que ver bailar supone un aprendizaje para el cerebro.
Y acude la neurocientífica a dos citas de distintas Universidades que han estudiado el tema: “Según un estudio de la Universidad de Colorado, observar a otras personas bailar activa las regiones cerebrales de aprendizaje motor. Esta observación no es solo valiosa para aquellos que ejercen el baile como profesión y quieren mejorar. Diversos estudios apuntan a la observación del baile como soporte para poblaciones de pacientes con problemas de movimiento. Pero aún es mejor, cuando se pueda, bailar”.
La segunda es de diversas universidades de Canadá que estudiaron el impacto de la práctica del baile en la población madura. “Su evaluación concluyó que bailar de forma regular se asociaba a un mantenimiento y mejora cognitiva, suponiendo un impacto positivo en la salud mental general”. Y que la danza es beneficiosa a cualquier edad. Bailar es uno de los mejores regalos que podemos hacer a un niño o niña, así lo aseguran estudios sobre danza y neurodesarrollo. Las personas mayores lo han entendido desde niños y no renuncian semanalmente a mover el esqueleto a ritmo de tango, bolero y pasodoble en los Centros de Vida Activa, que es el nombre con gran acierto que llevan ahora, vida activa y bailarina.
Y una tercera al Centro de Antropología del Instituto Max Planck, que en el año 2010, reclutó a un grupo de niños de cuatro años para que bailaran un rato juntos. Pues bien: Al acabar, el equipo se mostró significativamente más altruista y cooperativo. Por eso no me extraña que aconseje en su libro “El puente donde habitan las mariposas” sobre el cerebro y sus neruronas a los adolescentes con problemas que se les invite a bailar.
Ella termina diciendo que bailar nos enseña a habitar el cuerpo y el espacio, y yo me atrevo a decir que, después de unos bailes, bien marcados, se ve la vida de otro color, no tienes ganas de camorra porque se te ha metido un ritmo marchoso en la sangre que prefiere la alegría, la fiesta y el buen rollo con los otros y contigo mismo.
Hala, que comience la música y las ganas de bailar. ¿Bailas?... Y si no puedes o no quieres bailar no lo hagas, no pasa nada, pero no renuncies a ver bailar. Todos los martes en curso en la Residencia de personas mayores vemos y oímos buena música y estupendas canciones y vemos bailar bellísimos bailes. Les gusta y lo agradecen.
https://youtu.be/ibaoNRS1IZA?si=QVpZ20kxRg4yzdue Celia Cruz - La vida es un carnaval. Dos buenos ritmos distintos para bailar o ver bailar.
https://youtu.be/UfVIgRAvJRo?si=L2dW0toN2itoW2P8 Marina Rossell - La gavina (Liceu, Octubre de 2011) Si no la conoces te impresionará, y si la conoces doblemente.
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miércoles, 19 de agosto de 2026



Uno se va acostumbrando tanto a sus hábitos y placeres, por ahora, no prohibidos que, cuando le fallan, los echa de menos, porque todos en agosto se van. Espero cada sábado a Antonio Muñoz Molina, siempre certero y profundo, tan bien escrito todo lo suyo que es todo un modelo de alta literatura; y a su mujer, los domingos, la entrañable y querida Elvira Lindo, que se ha pasado a la literatura sería y lo borda igual que cuando escribiera los relatos de Manolito Gafotas o los artículos de Tinto de Verano, aunque por suerte sigue en otro formato y en la última este mes agosto, con un buen toque de civismo y compromiso social; y qué hago yo sin la columna de Manuel Vicent, los domingos, que es lo primero que leo, para mí uno de los mejores columnistas, si no el mejor; o el artículo del Semanal de Rosa Montero de un calado tan fino y tan humano que rezuma un humanismo por todos los costados, ejemplo de cómo se juega y se trabaja con las palabras para lograr un artículo ejemplar; o Íñigo Domínguez, la última del Suplemento Ideas, que siempre toca temas de interés con una mirada especial; y las de las últimas en llegar, Nuria Labajo, columnas frescas con un toque de hondura crítica de cuanto resulta criticable en la actualidad, se agradece su estilo, sus modos y maneras; o Máriam Martínez-Bascuñán, que no da puntada sin hilo, con enorme valentía y sutileza; y el artículo de Joaquín Estefanía que, a veces, me salto, y tengo que volver porque sabe lo que dice y lo dice desde un gran compromiso político y social: “El consenso científico comienza a asegurar que este verano será el más fresco que quede en nuestras vidas porque los que le sigan serán más abrasadores”; y echo de menos a la simpar Soledad Gallego Díaz, que falleció el 5 de mayo de 2026, sus artículos marcaron época; aunque ha tenido suerte con el relevo de Inma Carretero a la que me esto aficionando; o los originales artículos de Juan José Millás, menos cuando se mete en sus jardines surrealistas, porque normalmente lo que toca lo convierte en oro, mira si no esto: “Cada uno mira desde el lugar en el que ha colocado el cuerpo, pero el cuerpo acaba revelando dónde se encuentra el alma. No piensa igual quien observa el mundo desde un ático que quien lo hace desde un sótano. No juzga igual quien habla desde el estrado que quien escucha desde el último banco. Decidir el emplazamiento de cámara equivale a una toma de conciencia”; y Leila Guerriero, cuando a veces toca la genialidad; y Javier Cercas, con su rabiosa oportunidad y lucidez extraordinaria, por fortuna sigue en agosto; y Luz Sánchez Mellado, abierta de par en par al fino humor y la ironía franca...
Me dejaré en el tintero alguno más, pero eso se debe a mi flaca memoria de siempre, que no es de ahora, y no se debe a los años de la vejez que ha llegado sin que yo mismo me enterara.
Lo dicho: huérfano de padre y madre, sin mis grandes referentes, menos mal que volverán en septiembre con la energía, profesionalidad y saber hacer y escribir a lo que nos tienen acostumbrados con sus luces largas de siempre. Aunque mientras tanto, como siempre, la cuestión está en aprender a gestionar ese vacío y cómo llevarlo con entereza, porque la vida se las trae así.
https://youtu.be/Ta2qJSJmLpQ?si=OumwXhQ8RJSLFRmO Mísía: Lagrima (Live at the Market Square in Leipzig) Un gran fado para una voz excepcional
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sábado, 15 de agosto de 2026

ESA NOSTALGIA NUESTRA

 


Cómo no tener nostalgia de aquellos días de vino y rosas que, por mucho que la vida te haya zarandeado, ha habido, y el recuerdo te hace más llevadera la vida.
Cómo no tener nostalgia de aquellos momentos intensos de infancia de las largas tarde de verano en el que el mundo estaba a tu disposición aunque fuera tan chiquito como tu estatura, y las noches de juventud y cuando venían los hijos, aunque no trajeran un pan con ellos y estas tardes que van llegando ahora mismo.
Nostalgia, lee y toma nota: término acuñado en 1688 por el médico suizo Johannes Hofer (1669-1752) en su disertación doctoral Dissertatio medica de Nostalgia, configurándose como una composición erudita a partir de dos componentes del griego: nóstos, remitiendo al ‘regreso’ o ‘retorno al hogar’, con raíz en el indoeuropeo *nes-, por ‘regresar sano y salvo’, y álgos, interpretándose por ‘dolor’ o ‘sufrimiento’. ¿Cómo te quedas? Yo patidifuso. Cuánto se descubre a partir de la etimología de las palabras. Venimos de donde venimos: del griego y el latín fundamentalmente, más el saber de todos los pueblos que han pasado por aquí y han dejado parte de su legado.
Nostalgia y que a partir de ahora ya no se te queda al pronunciarla cara de alelado mirando al pasado con melancolía, sino con la mirada puesta en el retorno al hogar al que siempre estamos volviendo con un toque dolorido y de sufrimiento, pero al final sano y salvo, porque el hogar y su calor salva y produce alegría y seguridad.
Sientes, cómo no, que los mejores momentos e instantes de tu vida se hayan esfumado, sin más, sin saber por qué y en mala hora, y el corazón se te apaga, hasta que de nuevo se enciende al reconocer y celebrar que aquello pasó en tu vida y dejó un poso para el mejor de los recuerdos que debes agradecer.
La nostalgia lleva un sentimiento de tristeza mezclado con placer y afecto cuando una persona piensa en tiempos del pasado considerados felices, dice también el diccionario, y tú inteligente no debes quedarte con esas cenizas de tristeza sino acoger el lado positivo del término que habla de alegría y afecto al pensar en días de fiesta y cálido hogar.
Ulises tras 10 años de aventuras logra llegar a Ítaca, a casa. El regreso al hogar era sentido con gran anhelo y resiliencia. Aunque tal vez la mayor enseñanza de la Odisea sea que el destino importa menos que el camino recorrido, como el poeta Kavafis nos dejó escrito en su bellísimo poema sobre Ítaca.
Cómo no quedarse creando y recreando una lectura activa con la frase del gran escritor japonés Haruki Murakami: “La nostalgia es la manera en que el alma se aferra a los días que nunca debieron irse”. Para subrayar. Y cómo no intentar sacar a la luz de nuevo lo mejor de cada uno y que tanta luz tuvo en el pasado. No olvidemos que nostalgia es el retorno al hogar sano y salvo, lo que debe producir profunda alegría, aunque con cierto dolor y pesadumbre. La vida es así: sombras y luces, días tristes pero también momentos de fiesta y baile compartido.
https://youtu.be/ZH7dG0qyzyg?si=EfO_nqCHUcQ8BMTx Léo Ferré : Avec le temps (enregistrement TSR, 1973) Léo Ferré
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miércoles, 12 de agosto de 2026

PARAGUAS ROTO POR LA MITAD

 



Está todo tan claro y explícito que casi no se necesitan palabras, tan potente es la viñeta. Pero se requieren algunas que doblen el sentido, enmarquen el cuadro y aporten más luz a la imagen de por sí ya luminosa. Ya sabes: la fuerza de la imagen - el valor de la palabra, dúo gozoso que me gusta repetir.
La naturaleza ha roto el paraguas porque a veces es cruel, instintiva, injusta, como cruel y llevado por el puro instinto el tigre o el león, al ver una gacela, no se pueden contener, eso es el instinto puro y duro, y se lanzan a por ella y les clavan sus feroces y afilados dientes en el cuello, su instinto, hasta que la asfixian, y ella, dando el último estirón de las patas, también por instinto, muere.
Si te fijas bien, porque las relaciones entre las clases son salvajes, crueles e injustas, el paraguas se ha roto, justo por el medio para que se vea a las claras la diferencia: de un lado el señor, que habla con sus dioses, en este caso, y del otro el mundo del hambre y la sequía, el pobre y menesteroso que sostiene el paraguas para que el señor no se moje mientras él se va empapando y muriéndose de frío a lo que está ya acostumbrado, mientras la lluvia destemplada y heladora cae de lo alto y su cuerpo está a la intemperie. No hay posibilidad de compartir. Uno lo tiene todo y no entiende lo de conjugar ese verbo. El otro, con la resignación amaestrada durante milenios, le mira sin saber por qué le está mirando y sosteniendo el paraguas. El señor, o señorito, bastante tiene con lo suyo: colocarse bien la corbata, los puños de la camisa, la conciencia de clase en su sitio, y no le da tiempo a mirar al otro, pues ya tiene bastante con mirar al ombligo del que esta perdidamente enamorado.
Dos mundos, dos realidades paralelas, que por mucho que se alarguen en el espacio y en el tiempo nunca llegarán a encontrarse, como aprendíamos de niños en la escuela.
Sigue lloviendo, uno está a buen recaudo bajo el paraguas, el otro, bien jodido y en la puta calle empapándose porque para él no hay paraguas, se ha roto y le ha tocado la peor parte, y por si fuera poco ha de sostener la parte buena para que no se moje el señor o señorito. ¿Humor negro? Como el traje y el paraguas del señor.
Nota no tan al margen: Hace un tiempo puse letra a la imagen de dos ancianos sentados en el banco de un parque, enfadados y distantes. Cada uno miraba en dirección contraria, pero todo ello no era óbice para que él pusiera el paraguas, llovía de forma abundante, totalmente para ella sin importarle mojarse. En el fondo aún se querían, y pienso que ella ante el gesto de él estaría pensando en condimentar el plato para la comida o la cena que más le gustaba, y hasta puede que con postre incluido. Hay diferencia entre una y otra ¿verdad?
https://youtu.be/tCc0qCQSf6M?si=uwD-XQwOHrDvtCDL Susurros del Violín Alfa e Omega Instrumental
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sábado, 8 de agosto de 2026

... PERO, ¿QUÉ ES LA VEJEZ?

 



“La vejez es blasfemar al ponerte los calcetines”. Manuel Vicent
Llevo más de 30 años rondándoles a la jubilación y la vejez desde mi puesto de trabajo en la Diputación, en el Programa de Personas Mayores, devendría posteriormente en Programa de Envejecimiento Activo, que tuve el honor de iniciar y poner en marcha desde el punto de vista técnico, con algunos libros dedicados al tema y la de enfrentarme a mi propia jubilación, en la que llevo ya cerca de 20 años, que cumpliré en diciembre. Cómo pasa la vida. Y aun cuando no me considero viejo, sé y reconozco que ya estoy de lleno en esta etapa singular, aunque todavía no haya comenzado a blasfemar al ponerme los calcetines, como dice Manuel Vicent, con esa pluma y estilo únicos y envidiables. Seguro que el escritor habrá recreado y ampliado en alguno de sus artículos esa frase feliz, pero como no ha llegado a mis manos intentaré hacerlo yo por mi cuenta y riesgo.
La vejez es quedarte horas y horas mirando al mismo sitio sin pensar en nada o a lo sumo a algún recuerdo de infancia o juventud. Es no tener ya ganas de viajar, ni de salir de casa o más bien poco, ni hablar con la gente..., porque para qué. Es estar sentado largo rato sin querer moverte, y cuando te mueves algo, estar deseando volver a sentarte. Es darle vueltas y más vueltas a los mismos recuerdos y a las mismas historias mil veces recordadas y contadas. Es no importarte atravesar la última frontera que ha pasado la mayoría de los tuyos y tantos amigos y conocidos más jóvenes que tú.
La vejez es irte a la cama no sin antes haberte quitado los numerosos cachivaches: prótesis dentales, gafas, audífonos, separadores de dedos y alguna cosilla más que se me olvida o de cuyo nombre no quiero acordarme... Y dejar de beber, dejar de fumar, dejar de..., eso en lo que está pensando, ay, a pesar de que el sexo es tan importante a los 20 como a los 80, eso creo firmemente, y no por no tener ganas que, a veces, te vienen con gran furor. Pero es también no tirar la toalla, aguantar con buen temple los reveses y achaques, sacarle el máximo partido a lo que queda, no importa que sea un día o tres años, algo que puede ser tan hermoso y placentero como fueron los mejores momentos. Aún hay tiempo de vivir, crecer, soñar, renacer..., porque aún hay tiempo, canté en su día.
Aunque tengas la edad que tengas, llega un momento en la vida, sin que te des cuenta, que la vejez te visitó y ves que lo acertado y hasta elegante es recibirla sin aspavientos con un poco de humor, mejor que maldecirla como si fuera la peste o ponerte de mala leche o blasfemar si no puedes ya colocarte como Dios manda los calcetines.
La vejez es también en su última etapa ir a una Residencia, mal menor, necesitar para casi todo de los otros..., pero prefiero no hablar de ello. Llegue, cuando llegue, si llega... y ya veremos.
Nota no tan al margen para quedarse a solas con la famosa frase de Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” y que, aunque hayas llegado a la vejez, esa visión de la vida te anima a seguir subiendo y disfrutando de la vida, y eso sigue siendo hermoso.
https://youtu.be/rnW_Nhpt7no?si=ES_reUhT60AI5RIQ Anne Akiko Meyers, 'Liebesleid', Love's Sorrow Fritz Kreisler
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miércoles, 5 de agosto de 2026

TODOS NECESITAMOS BROTES VERDES

 



“La humanidad es decepcionante, pero creo que también hay muchos brotes verdes”. Inés Hernand, comunicadora
En la primera parte de la frase estamos de acuerdo quienes conformamos una inmensa mayoría, se nos va la fuerza por la boca con rapidez y bajamos la pendiente demasiado aprisa por mimetismo. En la segunda, ya no hay tantos que comulguen con ella, y me gustaría, lo intento, ser uno de ellos, porque creo que a todos nos va la vida ver brotes verdes, y haberlos haylos, hasta en el olmo viejo de Machado, de lo contrario sería preocupante y deberíamos ir al oftalmólogo más pronto que tarde. Veamos:
• Escribo esto cinco días después de estar ardiendo en julio como nunca, sí, COMO NUNCA, zonas de España, Francia y Portugal, con una virulencia inusitada. Pues bien, brote verde es el título en primera página de algún periódico, hoy, cuando esto escribo: “Los incendios dan tregua tras una gran destrucción. Decenas de miles de evacuados regresan al contenerse el fuego”.
• Se celebra el 30 aniversario de de la novela de Saramago “Ensayo de la ceguera” y hay que celebrar que además de gran escritor fue un ciudadano comprometido con su tiempo y lúcido si reservas. Sirva como ejemplo esta perla: “Hemos llegado a Marte y no sabemos llegar a nuestros semejantes”. Inmenso brote verde, José Saramago.
• No sé por cuánto tiempo, porque me temo que no siempre será así, pues se gasta agua en exceso, me refiero al césped de mi parcela donde resido en verano, pero se está bien a la sombra del seto y los pinos pisando la hierba verde y fresca y contemplando las gazanias y petunias bien regadas.
• El día que se firme un Paco de Estado a favor del medio ambiente y la prevención de los incendios, aunque tarde dado el panorama actual, será un feliz brote verde de los que harán época.
• Brote verde, la ilusión y el esmero que estoy poniendo al pergeñar el Programa los Talleres de Escritura Creativa del próximo curso.
• Cuando miro las gazanias me detengo en la perfección y el múltiple colorido me deja sin palabras y me lanzo a pensar que ha tenido que haber Alguien que haya creado y diseñado esa maravilla, pero enseguida mi pensamiento persigue a los piojos, cucarachas, el moscardón y la mosca cojonera y ya dejo de pensar en ese Alguien, pues... ¿hacía falta esa mosca, la garrapata o el cocodrilo por poner otros ejemplos clarividentes? Me encaja más todo ello fruto de una evolución sabia y meticulosa durante millones de siglos. Y pido que se nos respete esta interpretación guiada por la ciencia, como yo respeto a los creyentes y sus creencias, guiados por la fe, lo que nos lleva de la mano al mejor de los Humanismos y la necesaria tolerancia, esto sí que constituyen brotes verdes.
• Brotes verdes la manifestación de un grupo numeroso de ceutíes contra el grupúsculo de extrema-derecha alentando a la violencia y al odio. Por favor, Sr. Abascal, no trate de confundir a nadie. Eso no ha sido “un acto de guerra”. Y Vito Quiles, déjalo ya, guapo, ahí sobrabas.
• Leo en una entrevista a José María Maravall, exministro de Educación, y dice esto que me ha sorprendido: “Sospecho que la caída de Tump va a ser bastante estrepitosa”. Y pienso que estrepitosa o no, que se sea cuanto antes porque es demasiado daño el que está haciendo al mundo. Y si es así, es un hermoso brote verde el que se vislumbra.
https://youtu.be/9ShwnHt09S4?si=coSo4Aqc-nkdP8C3 Cinema Paradiso, E. Morricone - Anastasiya Petryshak #morricone #gabriel #oboe
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