“Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro, si nos lo proponemos”, decía don Santiago Ramón y Cajal. Con su permiso y todos los respetos, porque ya es atrevimiento querer desviarse del gran sabio español. Pero, y aun copiándole, me apetece modificar un pelín su frase ampliando su contenido. Todos somos escultores de nosotros mismos, en donde se abre la puerta a los sentidos, al corazón, al rostro, los pies y las manos, al estómago y todas las vísceras restantes.
Invito a ponernos a ello desde el primer momento de abrir los ojos por la mañana y lanzarnos a la tarea del vivir un día más haciendo una lista de palabras que nos acompañen a lo largo del día como amuletos, puntos de apoyo y referencia. Palabras a cuidar, cultivar y proteger con las que ir esculpiendo nuestros cerebros y esculpirnos a nosotros mismos:
Amabilidad, que es mirar con detenimiento y una sonrisa al otro y ocuparse de él, sí, por encima de todo: ser amable.
respeto, palabra mágica e imprescindible apara reconocer y apreciar al otro en su dignidad más plena;
compasión con el desdoblamiento de lo más humano y sensible de uno mismo ante el dolor ajeno;
elegancia que va unida a lo interior o estar de pie desde la humildad más profunda defendiendo el orden, la justicia y la hermandad de los humanos. La elegancia del ex fiscal Álvaro García Ortiz en la entrevista de Ébole, que pudimos ver en el último programa “Lo de Évole”, de la temporada;
cultivo, que es cuidar de uno mismo como el buen hortelano que mima, mueve la tierra, siembra y espera con esperanza activa la salida de las plantas y no pasa un día sin contemplarlas. La pasión que mi padre ponía en las labores del campo. Cultivo que exige esfuerzo, voluntad y proponerse ser escultor de nuestro propio cerebro, como decía Ramón y Cajal;
no violencia, que es la ausencia de toda pelea, agresividad, guerra y destrucción, prisa loca, furor y ruido;
el cuidado y los cuidados, desde el cuídate, que es quererse, aceptarse, estar a bien con uno mismo, a cuidar a quien nos necesita, comenzando por los familiares en algún momento de sus vidas;
contemplación que es ver y mirar sin prisa. Con detenimiento y escrupulosidad penetrar en el interior de la esencia de las cosas y las personas;
reflexión o pensar hacia dentro habiéndonos fijado en todos los pormenores y no dejarse llevar de la sinrazón, la mentira, la estupidez, la mediocridad;
respiración “para silenciar el dolor”, siguiendo las pautas del filósofo alemán Martín Heidegger dadas a su amiga, la gran pensadora, Hanna Arendt: inspirar: uno, dos, tres y espirar, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, tomado del libro de Nazareth Castellanos “El puente donde habitan las mariposas”, sobre la neurociencia; últimamente lo hago al ir por el periódico y por el pan;
aprender, hasta el final, para poder crecer y seguir progresando;
compromiso social, aportando lo mejor de mí para hacer un poco mejor este mundo que nos ha tocado en suerte;
y no dejar de dar las gracias, por casi todo, a la vida y a todo el que te sirve, tiene algún detalle contigo, etc. etc., logrando que la palabra “gracias” sea como el propio respirar.
Escultores de nuestro cerebro y de nosotros mismos. Gracias, don Santiago Ramón y Cajal, por todo tanto.
Nota no tan al margen, para celebrar en estos días dos mensajes del Papa León XXIV: Uno evangélico: “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. Y otro político, en defensa de “la escucha, el diálogo, el respeto y la igual dignidad de todos los seres humanos”.
https://youtu.be/qogXrLdBS9s?si=zXlHkujWxCxwBCv0 Romance Anónimo - Jeux Interdits - Rafael Aguirre guitar.
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