¿Bailas?, o su leve variación: ¿Me das este baile? Era lo acostumbrado en el salón de Pirule cuando de niño me inicié en el baile. Eso decían los mayores y yo lo aprendí de ellos. Si estaba muy solicitada la chica te decía que dentro de dos o de tres, y te tocaba esperar, no había más que hacer. A mí me gustaba, pero no porque supiera que aquello era bueno para la salud del cuerpo, la mente y el espíritu, eso se lleva en la sangre, de lo otro me he enterado posteriormente, y sobre todo a los trabajos de la neurocientífica Nazareth Castellanos, a la que sigo con admiración. Pues bien, por ella sé, sabemos, que acudir a un espectáculo de danza va mucho más allá de lo cultural. Y que ver bailar supone un aprendizaje para el cerebro.
Y acude la neurocientífica a dos citas de distintas Universidades que han estudiado el tema: “Según un estudio de la Universidad de Colorado, observar a otras personas bailar activa las regiones cerebrales de aprendizaje motor. Esta observación no es solo valiosa para aquellos que ejercen el baile como profesión y quieren mejorar. Diversos estudios apuntan a la observación del baile como soporte para poblaciones de pacientes con problemas de movimiento. Pero aún es mejor, cuando se pueda, bailar”.
La segunda es de diversas universidades de Canadá que estudiaron el impacto de la práctica del baile en la población madura. “Su evaluación concluyó que bailar de forma regular se asociaba a un mantenimiento y mejora cognitiva, suponiendo un impacto positivo en la salud mental general”. Y que la danza es beneficiosa a cualquier edad. Bailar es uno de los mejores regalos que podemos hacer a un niño o niña, así lo aseguran estudios sobre danza y neurodesarrollo. Las personas mayores lo han entendido desde niños y no renuncian semanalmente a mover el esqueleto a ritmo de tango, bolero y pasodoble en los Centros de Vida Activa, que es el nombre con gran acierto que llevan ahora, vida activa y bailarina.
Y una tercera al Centro de Antropología del Instituto Max Planck, que en el año 2010, reclutó a un grupo de niños de cuatro años para que bailaran un rato juntos. Pues bien: Al acabar, el equipo se mostró significativamente más altruista y cooperativo. Por eso no me extraña que aconseje en su libro “El puente donde habitan las mariposas” sobre el cerebro y sus neruronas a los adolescentes con problemas que se les invite a bailar.
Ella termina diciendo que bailar nos enseña a habitar el cuerpo y el espacio, y yo me atrevo a decir que, después de unos bailes, bien marcados, se ve la vida de otro color, no tienes ganas de camorra porque se te ha metido un ritmo marchoso en la sangre que prefiere la alegría, la fiesta y el buen rollo con los otros y contigo mismo.
Hala, que comience la música y las ganas de bailar. ¿Bailas?... Y si no puedes o no quieres bailar no lo hagas, no pasa nada, pero no renuncies a ver bailar. Todos los martes en curso en la Residencia de personas mayores vemos y oímos buena música y estupendas canciones y vemos bailar bellísimos bailes. Les gusta y lo agradecen.
https://youtu.be/ibaoNRS1IZA?si=QVpZ20kxRg4yzdue Celia Cruz - La vida es un carnaval. Dos buenos ritmos distintos para bailar o ver bailar.
https://youtu.be/UfVIgRAvJRo?si=L2dW0toN2itoW2P8 Marina Rossell - La gavina (Liceu, Octubre de 2011) Si no la conoces te impresionará, y si la conoces doblemente.
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