A vueltas con las tradiciones, para que cambie una buen mayoría, en opinión de muchos de nosotros, cuando se les ha pasado el arroz a muchas de ellas, aunque otros muchos, erre que erre, da igual que sea una salvajada, un alarde más de machismo o todas aquellas que dan un tufo que apesta.
Pero deberían cambiar los argumentos que no se sostienen, porque el siempre se ha hecho así no va a ninguna parte sino a seguir sosteniendo y no enmendarla aunque ello dé una vergüenza que aburre a las estrellas. Si es una salvajada, como la de tirar una cabra desde lo más alto de una torre no tiene donde cogerlo, menos mal que llegaron a razón aquellos mozos, y dejaron de hacerlo, cosa que a día de hoy, no han hecho esos otros mozos eufóricos, noticia reciente a toda pastilla, que no permiten a sus madres, novias, hermanas y amigas, por el hecho tan excelso de ser mujer, a ir de procesión con ellos, qué diría Jesús de Nazaret, claro que, a mí me da que esos desfiles no le harían ninguna gracia y tantas otros ritos y espectáculos al uso de nuestras tradiciones religiosas seculares.
Y lo diré, debo decirlo, aunque lejos de mi querido pueblo que, junto con otros, 3 o 4 de nuestro país de mil amores, matan a Judas el Domingo de Resurrección, a un muñeco, claro está, a quien le tiran cuatro tiros en el desarrollo de la Procesión del Encuentro, de Cristo y su Madre o le prenden fuego como en Chile, pero es que es ni Judas se le debe pegar ningún tiro, porque puestos a pegar tiros a todo hijo de mala madre y traidor, nos quedamos tú y yo solos en el mundo, y ni eso.
¿Salvemos las tradiciones? Así, en general, por todo lo dicho, ni de coña. Y si de salvar hay que salvar, en lógica pura, sálvese aquello que supone todo lo que vaya a favor de las virtudes y los valores que todos desde que bajó aquel del árbol nos hemos ido dando, logrando con aplomo, tolerancia, buena hermandad, elegancia y piedad hacia los seres de la creación, incluido uno mismo. O salvar todo lo que suponga un respeto máximo a la condición humana que no debe venderse a ningún precio por mucha fiesta, algarada, religiosidad muy mal entendida por no tener en cuenta los principios más elementales de las religiones y de todos los humanismos.
Pero, por favor, que nadie, a ser posible, a esta altura de la civilización en la que nos encontramos, sostenga el argumento pedestre de que siempre se ha hecho así, porque eso solo se le ocurre al que piensa con las tripas y no con el cerebro que es donde nace y se desarrolla el pensamiento. Den otras razones y las debatimos en perfecta armonía, pero ajustándonos a las reglas fundamentales de todo raciocinio y saber estar y comportarse.
Ahora bien, dado que no soy un iconoclasta entraré contigo a debatir y hasta respetarte cuando sostienes que: “Preservar las tradiciones y rituales es fundamental para mantener vivas nuestras raíces y fortalecer nuestra identidad cultural. Estas prácticas nos conectan con nuestros antepasados y nos permiten transmitir valores, conocimientos y sabiduría a las generaciones futuras. Además, las tradiciones y rituales fomentan la cohesión social al reunir a las personas en torno a un propósito común y fortalecer los lazos de comunidad”. Porque ahí ya podemos estar de acuerdo y poder decir: Salvemos las tradiciones, pero con estas condiciones y no otras en exceso espurias.
https://youtu.be/MDYm2KRQ9fU?si=zalkn43Tl68arhK6 ACETRE-fado de la luna(Olivenza 30 aniversario)





