“Mi hijo me cambió la vida. Al principio fue muy duro, lloramos mucho. Me decía que por qué me va a tocar a mí y no otro. Pero luego la vida nos ha demostrado que hay que relativizar. A día de hoy puedo decir que Álvaro ha sido una bendición, ya no sabríamos vivir sin él. Ahora cuando miro atrás pienso: qué gilipollas fuimos. Él nos da tranquilidad. Mi hijo es feliz y contagia felicidad. Es pícaro, pero no sabe qué es la maldad”. Vicente del Bosque
Pues visto así las cosas no sé quién es más maravilloso. Digamos que empate, los dos. Del padre ya sabíamos y, aun a los que nos somos muy forofos del fútbol lo admirábamos, se hacía querer y era fácil admirar su elegancia, su profesionalidad, su caballerosidad y su sonrisa a la sombra de su bigote. Y ahora que sabemos esto, cuántas lecciones de vida además de las que dio en el campo de fútbol.
Ahora mismo recuerdo a otro enorme padre y gran poeta, Joan Margarit, que dedicó un libro de poemas a su hija Joana, que tenía una grave discapacidad física e intelectual y murió a los 30 años. Así expresa su dolor y su admiración:
Hemos de acostumbrarnos a tu ausencia.
Ya ha pasado un verano sin tus ojos
y el mar también tendrá que acostumbrarse.
Durante mucho tiempo todavía,
la calle esperará ante nuestra puerta,
con paciencia, tus pasos.
No se cansará nunca de esperar:
nadie sabe esperar como una calle.
Y a mí me colma esta voluntad
de que me toques y de que me mires,
de que me digas qué hago con mi vida,
mientras los días van, con lluvia o cielo azul,
organizando ya la soledad.
¡Cuánta densidad poética, cuánta belleza, cuánto dolor de padre!
Perdón, me he ido por los Cerros de..., es que suelo frecuentar los cerros de la poesía, son versos tan hondos, tan sentidos, que cómo no irse...
Pero vuelvo a Vicente del Bosque y sus lecciones magistrales: “Mi hijo me cambió la vida”, lo reconoce admirado desde el dolor, primero de asustado a lo le había venido, queriendo desecharlo, y agradecido al fin, porque hay que relativizar, porque su hijo es una bendición, y reconoce que anteriormente fueron “unos gilipollas”, me imagino que hablará de su mujer también y que le habrá sucedido lo mismo, porque Álvaro es feliz, les hace felices, porque contagia felicidad y porque, aun siendo pícaro no conoce la maldad.
Gracias, padres de Joana, de Álvaro y todos cuantos os veis reflejados en ellos. Gracias a todos por enseñarnos tanto y contagiarnos de tanta bondad y tanta verdad.
https://youtu.be/8IZh6CuDUU8?si=LdqJuHUb-b9_929A Rosa León, Silvio Rodríguez - Para los demás (Videolyric Oficial) | María Elena Walsh
Ver menos






