“La vejez es blasfemar al ponerte los calcetines”. Manuel Vicent
Llevo más de 30 años rondándoles a la jubilación y la vejez desde mi puesto de trabajo en la Diputación, en el Programa de Personas Mayores, devendría posteriormente en Programa de Envejecimiento Activo, que tuve el honor de iniciar y poner en marcha desde el punto de vista técnico, con algunos libros dedicados al tema y la de enfrentarme a mi propia jubilación, en la que llevo ya cerca de 20 años, que cumpliré en diciembre. Cómo pasa la vida. Y aun cuando no me considero viejo, sé y reconozco que ya estoy de lleno en esta etapa singular, aunque todavía no haya comenzado a blasfemar al ponerme los calcetines, como dice Manuel Vicent, con esa pluma y estilo únicos y envidiables. Seguro que el escritor habrá recreado y ampliado en alguno de sus artículos esa frase feliz, pero como no ha llegado a mis manos intentaré hacerlo yo por mi cuenta y riesgo.
La vejez es quedarte horas y horas mirando al mismo sitio sin pensar en nada o a lo sumo a algún recuerdo de infancia o juventud. Es no tener ya ganas de viajar, ni de salir de casa o más bien poco, ni hablar con la gente..., porque para qué. Es estar sentado largo rato sin querer moverte, y cuando te mueves algo, estar deseando volver a sentarte. Es darle vueltas y más vueltas a los mismos recuerdos y a las mismas historias mil veces recordadas y contadas. Es no importarte atravesar la última frontera que ha pasado la mayoría de los tuyos y tantos amigos y conocidos más jóvenes que tú.
La vejez es irte a la cama no sin antes haberte quitado los numerosos cachivaches: prótesis dentales, gafas, audífonos, separadores de dedos y alguna cosilla más que se me olvida o de cuyo nombre no quiero acordarme... Y dejar de beber, dejar de fumar, dejar de..., eso en lo que está pensando, ay, a pesar de que el sexo es tan importante a los 20 como a los 80, eso creo firmemente, y no por no tener ganas que, a veces, te vienen con gran furor. Pero es también no tirar la toalla, aguantar con buen temple los reveses y achaques, sacarle el máximo partido a lo que queda, no importa que sea un día o tres años, algo que puede ser tan hermoso y placentero como fueron los mejores momentos. Aún hay tiempo de vivir, crecer, soñar, renacer..., porque aún hay tiempo, canté en su día.
Aunque tengas la edad que tengas, llega un momento en la vida, sin que te des cuenta, que la vejez te visitó y ves que lo acertado y hasta elegante es recibirla sin aspavientos con un poco de humor, mejor que maldecirla como si fuera la peste o ponerte de mala leche o blasfemar si no puedes ya colocarte como Dios manda los calcetines.
La vejez es también en su última etapa ir a una Residencia, mal menor, necesitar para casi todo de los otros..., pero prefiero no hablar de ello. Llegue, cuando llegue, si llega... y ya veremos.
Nota no tan al margen para quedarse a solas con la famosa frase de Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” y que, aunque hayas llegado a la vejez, esa visión de la vida te anima a seguir subiendo y disfrutando de la vida, y eso sigue siendo hermoso.
https://youtu.be/rnW_Nhpt7no?si=ES_reUhT60AI5RIQ Anne Akiko Meyers, 'Liebesleid', Love's Sorrow Fritz Kreisler
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