Uno se va acostumbrando tanto a sus hábitos y placeres, por ahora, no prohibidos que, cuando le fallan, los echa de menos, porque todos en agosto se van. Espero cada sábado a Antonio Muñoz Molina, siempre certero y profundo, tan bien escrito todo lo suyo que es todo un modelo de alta literatura; y a su mujer, los domingos, la entrañable y querida Elvira Lindo, que se ha pasado a la literatura sería y lo borda igual que cuando escribiera los relatos de Manolito Gafotas o los artículos de Tinto de Verano, aunque por suerte sigue en otro formato y en la última este mes agosto, con un buen toque de civismo y compromiso social; y qué hago yo sin la columna de Manuel Vicent, los domingos, que es lo primero que leo, para mí uno de los mejores columnistas, si no el mejor; o el artículo del Semanal de Rosa Montero de un calado tan fino y tan humano que rezuma un humanismo por todos los costados, ejemplo de cómo se juega y se trabaja con las palabras para lograr un artículo ejemplar; o Íñigo Domínguez, la última del Suplemento Ideas, que siempre toca temas de interés con una mirada especial; y las de las últimas en llegar, Nuria Labajo, columnas frescas con un toque de hondura crítica de cuanto resulta criticable en la actualidad, se agradece su estilo, sus modos y maneras; o Máriam Martínez-Bascuñán, que no da puntada sin hilo, con enorme valentía y sutileza; y el artículo de Joaquín Estefanía que, a veces, me salto, y tengo que volver porque sabe lo que dice y lo dice desde un gran compromiso político y social: “El consenso científico comienza a asegurar que este verano será el más fresco que quede en nuestras vidas porque los que le sigan serán más abrasadores”; y echo de menos a la simpar Soledad Gallego Díaz, que falleció el 5 de mayo de 2026, sus artículos marcaron época; aunque ha tenido suerte con el relevo de Inma Carretero a la que me esto aficionando; o los originales artículos de Juan José Millás, menos cuando se mete en sus jardines surrealistas, porque normalmente lo que toca lo convierte en oro, mira si no esto: “Cada uno mira desde el lugar en el que ha colocado el cuerpo, pero el cuerpo acaba revelando dónde se encuentra el alma. No piensa igual quien observa el mundo desde un ático que quien lo hace desde un sótano. No juzga igual quien habla desde el estrado que quien escucha desde el último banco. Decidir el emplazamiento de cámara equivale a una toma de conciencia”; y Leila Guerriero, cuando a veces toca la genialidad; y Javier Cercas, con su rabiosa oportunidad y lucidez extraordinaria, por fortuna sigue en agosto; y Luz Sánchez Mellado, abierta de par en par al fino humor y la ironía franca...
Me dejaré en el tintero alguno más, pero eso se debe a mi flaca memoria de siempre, que no es de ahora, y no se debe a los años de la vejez que ha llegado sin que yo mismo me enterara.
Lo dicho: huérfano de padre y madre, sin mis grandes referentes, menos mal que volverán en septiembre con la energía, profesionalidad y saber hacer y escribir a lo que nos tienen acostumbrados con sus luces largas de siempre. Aunque mientras tanto, como siempre, la cuestión está en aprender a gestionar ese vacío y cómo llevarlo con entereza, porque la vida se las trae así.
https://youtu.be/Ta2qJSJmLpQ?si=OumwXhQ8RJSLFRmO Mísía: Lagrima (Live at the Market Square in Leipzig) Un gran fado para una voz excepcional
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