Te invito, os invito, a hacer un viaje conmigo desde ese rostro, en calidad de primera estación, a través de la cual y sus cualidades, virtudes y dones, que se intuyen, iremos remontando hasta llegar al 8 de marzo, mañana mismo.
En la primera estación veo a mi madre, y sigo con mis hermanas, las primeras amigas de mi niñez, mi mujer, mis hijas y todas las amigas de un amplio firmamento-cielo que me han ayudado a ser quien soy, al final, profundamente feminista en cuanto a luchar contra la violencia machista y defender desde la raíz la igualdad de derechos y oportunidades, qué menos, como defendería si en un hipotético futuro, fuera al hombre a quien habría que defender, porque se los habrían robado en mala hora. Dicho sea de paso para los mozalbetes y jóvenes de última hornada que se rebelan contra los derechos de las mujeres y en defensa, pobrecillos, de los que se creen mermados. Urge su educación a fondo y hay que ponerse a ello ya mismo.
Antes de seguir convendría detenerse en cada una de las mujeres que he mencionado desde la madre, tu madre, hasta la última amiga de antesdeayer, porque son ellas las que deben estar permanentemente haciendo nido en nuestras mentes pasando por el corazón que les incorpora la ternura necesaria en tiempos de cólera y estupidez a manos llenas. Son ellas el sustrato y fundamento, el hogar, nido, bálsamo, apoyo, ejemplo de cuidados de todo lo frágil y vulnerable, amigas de lo belleza y la justicia ejercida en estricta ley, expertas en colocar la venda en su sitio exacto, amantes del orden, el buen gusto y la libertad total desde el primer día que la probaron para no olvidarla ya jamás.
En estos cincuenta últimos años el avance ha sido enorme, pero queda mucho por recorrer todavía, urge, insisto, cuidar mucho a los adolescentes y jóvenes; madres, hermanas, profesoras y amigas tienen buena tarea por delante y que estén, estemos, con ellos, para que ellos sean más con todas ellas y sepan estar a la altura.
La mirada luminosa y transparente de esa mujer me produce: sosiego, templanza (esa virtud que requiere buen juicio, prudencia, discernimiento, precaución y sabiduría, y que era la virtud por excelencia que aconsejaba Aristóteles a Alejandro Magno), serenidad, invitación al respeto, buen referente para quedarme con todas las que de carne, hueso y alma han pasado por mi vida y la han cambiado a bien, gracias, porque en ellas sintetizo todo el cúmulo de virtudes, cualidades y dones, que vislumbro en la fotografía, y que me han ayudado a remontar y toparme con los mejores momentos de mi vida a la sombra de todas ellas y, sobre todo, bajo su luz. ¡Cómo no respetarla y con ella a todas las demás y gritar: no pongas tus sucias manos sobre ellas! Viva el 8 de marzo, amigas. Sin olvidar a las mujeres de Palestina, Afganistán, Irán.., y a las asesinadas entre nosotros.
Para terminar estos versos últimos de un poema arrebatado que un buen día perpetré:
Hay mujeres que son mucho más
que diosas
y se nos olvida adorarlas,
y mujeres que te hacen desear quererlas toda la vida.
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