domingo, 30 de julio de 2017

NO, NO VAN PERDIDOS


Los conozco bien: ella tiene temperamento y le viene bien porque de lo contrario sus dos hermanos le comerían, sin pretenderlo quizá ni quererlo, la merienda, una tarde sí y otra también.
Da gusto verlos, parece que no han roto un plato y pareciera que van perdidos, pues nada de eso, él es tan trasto como el que más y van bien seguros porque saben de dónde vienen y a dónde van.
A mí, lo que más me gusta es verlos de la mano, la seguridad que ella lleva porque va de la mano de su hermano, ahí es nada, y él va orgulloso porque la hermana se deja llevar.
Me atrevo a decir todo esto porque en el pie de foto su madre se manifiesta así: “Están para comérselos”, pues claro. Los padres les están viendo alejarse y los abuelos, acaso estén delante o detrás también.
Educados así, tal y como están educados, y tal y como van aprendiendo la lección, se me hace imposible pensar que él, cuando le salgan pelos en el bigote, sea violento con las mujeres, porque sabe, y es feliz que sea así: que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, y estos les deben respeto absoluto, echarles todas las manos en su ayuda, pero jamás ninguna al cuello para hacerles el más mínimo daño.
Ella tiene nombre: Alba, como mi hija la pequeña, que ya es grande-grande y libre-libre, no sé si mis sobrinos se lo pusieron porque tanto el nombre como su prima siempre les cayeron bien. Podría ser. Creo que sería así. Casi estoy seguro. Porque mis hijas han crecido desde los primeros meses con ellos y un tanto se sienten hermanos, dado que la tía ha sido un poco ¿o un mucho? su segunda madre.
Él es Adrián y ay de aquél que un mal día se meta con su hermana, seguro que sale escaldado, y hace bien, porque lleva dentro de cada neurona, desde que naciera, que a las mujeres se las quiere, se las mima, se las respeta, se las acepta sin poner el más mínimo reparo, como se acepta a todo hijo de vecino, tenga el color que tenga, la inclinación sexual que le venga en gana y vaya bien con su personalidad, las creencias e increencias que le sustenten y los vientos que la política le lleven por los derroteros que escoja con libertad, coherencia y el mejor de los compromisos: ser buena gente con los demás y nunca un sinvergüenza.
Bravo, Alba. Bravísimo, Adrián, ese camino elegido espero y deseo que llegue a buen puerto. Feliz viaje. Os deseo lo mejor.

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