domingo, 29 de noviembre de 2020

DE EXCESO EN EXCESO

Somos muchos, a pesar de una inmensa mayoría, los que casamos mal con los excesos. El último, el adiós al dios del fútbol, Diego Armando Maradona. Un genio con el balón y un ídolo de paja. Está claro: en tiempos de densas nieblas abundan los adoradores de dioses y de ídolos. Ocho páginas, ocho, dedicadas a él, en el periódico que leo desde su fundación. No lo entiendo. Y el velatorio: “Un error inmenso. La confusión dio paso al furor. Y el furor, a la violencia”, anota el cronista que lo vio. Me parece que somos muchos los que no lo entendemos, aunque tengamos en contra la televisión, la prensa y los millones de seguidores: su iglesia fiel.
Tampoco entendí las exequias de Evita Perón, en Argentina parece que se las gastan así, ni las colas infinitas ante el cadáver del dictador Francisco Franco, aquí nos las gastamos igualmente de la misma forma. Y muchos no lo entendimos.
Todo tiene su medida o debe tenerla: a los que nos gusta el buen vino disfrutamos con una copita o dos, hasta tres, en una comida suculenta, pero cómo entender tomar ocho o diez copas, seguidas, más las copas siguientes de licores fuertes, y a veces sin comer nada, lo que es, a todas luces, mucho peor. Pues no lo entendemos, se pongan como se pongan.
Nos parece bien, y lo entendemos, que se celebre con euforia y hasta cierta exaltación el triunfo de un equipo por el que se tiene puestas altas complacencias, pero quién entiende el grito pelado y largo hasta el delirio de ese mastodóntico goooooooooooo oooooooooooooool ............................. que le deja sin aliento al que lo pronuncia de forma estentórea y sin oídos a los pobres sufridores que tienen que aguantarlo. Un exceso por los cuatro costados.
Nos parece bien, y lo valoramos, el mundo de los símbolos, menos cuando alguien se los apropia y usa con exagerados alardes como arma arrojadiza. Pero plantificar por todo lo alto banderas kilométricas en plazas y calles, iluminadas, aprovechando que es Navidad, no se entiende, porque no se entiende la megalomanía ni el demostrar ante los demás quién la tiene más larga, lo que resulta ridículo y penoso hasta si se lo montan así los chimpancés.
Excesos, excesos, excesos, somos un país de excesos, y por lo que se ve, por todas partes, un mundo también de excentricidades y exageraciones desmedidas. Cómo se agradece la llegada de Joe Biden y los suyos, a la presidencia de los Estados Unidos, hartos de las zanganadas y todos los excesos juntos de un presidente en plena crisis de adolescencia, matón de todos los recreos, que como no sabe perder se mantiene en su poltrona sin la educación más elemental de aceptar la derrota, primero, y dar rápidamente la enhorabuena al ganador y ceder de buenas maneras el puesto, con todas las facilidades y una más, al que le ha ganado en buena lid, para el mejor gobierno del país, en segundo lugar. Joe Biden y Kamala Harris desde el primer día se han puesto a trabajar para afrontar estas cuatro prioridades: Combatir la pandemia, la recesión, el cambio climático y el racismo sistémico, con lo que preparan el gran giro a la política de Estados Unidos. ¡Qué gusto!
Y lamentándolo mucho, estas Navidades serán, no hay dios que lo entienda, y menos el de Belén, días de exceso, en la bebida, la comida, las compras, las luces... y sobre todo en concentraciones multitudinarias con la pandemia que está cayendo. Se le murió la abuela, pero se hartó a reírse, lo vimos hace unos días en la tele, y nadie lo podía entender. Pueden morirse tus padres, o tus hermanos, o la abuela de la residencia, pero a ti eso no te va, ni parece que te importa, y te mueres de la risa, contagiando a tus amigos que se mueren del mismo mal, de la risa. Ay, cuánto exceso en exceso, hasta de la risa a lo tonto.
https://youtu.be/vla1Pp1IB7E "Danza de las Horas ("La Gioconda")" de A. Ponchielli. No te pierdas algunos momentos bellísimos.


 

jueves, 26 de noviembre de 2020

MIRAR Y HABLAR PARA VER Y DECIR

Tanto “ver” como “decir” siempre están en el candelero, porque son dos actividades humanas trascendentales, pero, ay, muchas veces miramos y no vemos, hablamos y no decimos nada y, otras, le damos demasiada importancia a la imagen ninguneando a la palabra o mitificando la palabra sin hacer ningún caso al silencio que en tantas ocasiones es superior a la palabra.

“Mirar sin ver tendría su correspondencia con el hablar sin decir”, ha escrito el escritor y catedrático, Rafael Argullol.
En este mundo nuestro, que es lo que ahora más nos importa, urge mirar y contemplar para ver, ¡qué poco valen los selfies para este cometido! y llegar al fondo de lo que estamos viendo en este presente continuo que nos pertenece, y por encima de todo para eternizar el momento, disfrutar de él, ese instante que no volverá jamás, pero que importa que se quede bien dentro para que haga buen nido y no muera, porque todo fenece y no debería acaso morir nunca jamás.
Mirar, como lo hizo el poeta José Hierro, a una estatua mutilada, y se inventó una bellísima historia. En su día lo comenté.
Mirar como hacían los pensadores griegos, que era una forma de saber, mirar para ver el fondo de las cosas.
De similar forma importa hablar, pero a condición de decir algo y no simplemente convertir el lenguaje en furia, ruido, ceniza o descalificación por el simple hecho de no ser de los nuestros. Yo pediría un respeto al micrófono, porque hay quien cree que es un chupa-chups y queda pegado a él, sin saberlo usar; quien cuando habla no demuestra el mínimo respeto al público, algunos ni le miran, otros se suben arriba y se olvidan de quién tienen delante y quienes hablan y hablan y hablan y no saben terminar, sin ir al grano a lo largo de todo el discurso, que ya es desgracia para los sufridos oyentes. Debería llevarse siempre un guión a modo de chuleta en un papel o bien fijado en la memoria, para decir lo que se debe decir y, una vez dicho, callarse. Y dejar que hable el silencio para que el auditorio pueda pensar por su propia cuenta y riesgo y poner los puntos y comas pertinentes. Nos lo han dicho, de una o de otra forma, mil veces. Pues eso: hablar, sí, naturalmente, pero para decir algo, ni siquiera para ser la voz de su amo, sino la nuestra, aunque esté adornada con la voz de los más y los mejores, pero que se note que la hemos digerido y debatido.
Pues eso, la cuestión está en que hay que educar los sentidos.
Nota no tan al margen: Es el mirar y hablar de Francisco Brines que tanto ve y dice:
“No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte
sino el soñar del árbol, que desnuda,
su frente de hojarasca,
y entra así cristalino en la honda noche
que ha de darle más vida”.
https://youtu.be/2bFo65szAP0 Frédéric Chopin: Piano Concerto No. 1 e-minor (Olga Scheps live) ¡Cuánta belleza! No te pierdas la dirección ni los dedos y manos de la pianista.

lunes, 23 de noviembre de 2020

PRIMERO, SALVAR VIDAS EN NAVIDAD

 

Lo primero, lo segundo y lo tercero, nos pongamos como nos pongamos, no es salvar la Navidad, sino salvar vidas en Navidad, en Carnavales y en todo tiempo y lugar, que es algo profundamente distinto. Porque salvándola, sin más, no salvamos vidas, duros quebrantos y hasta la misma economía que, para algunos, pareciera que es el motor de todo cuanto se mueve a salvar indefectiblemente y a costa de todo. Lo que nos lleva forzosamente a perder la brújula, los estribos del caballo y caminar de tumbo en tumbo y muerte, comenzando por las más débiles, que habíamos quedado que había que defender por encima de todo y todas las variantes posibles. En una sociedad sana, sensible y justa es así sin vuelta de hoja, por todo lo cual me siento incómodo, muchos se sienten incómodos, ante los que defienden el baile y la jarana, la cena del langostino, el lechazo y el champán a discreción en amplísima camaradería y aglomeraciones familiares sin distancias, mascarillas y la voz en grito cantando Campana cobre campana por encima de todas las cosas.
Hasta yo que me he cansado de ponderar y clamar a favor del carpe diem, carpe noctem, carpe viam, me he calmado, y me he dicho: hasta aquí hemos llegado y he dado el viraje que estoy intentando explicar. No es el momento, ya habrá mil y un momentos, que la vida es larga, siendo corta, cuando hayamos vencido al coronavirus maldito entre los malditos y quede solo en un mal recuerdo.
Comenzamos por las luces en las ciudades como si hubiéramos perdido la razón y la cabeza toda en crisis galopante de pandemia y de economía. ¡Qué disparate, Sr. Alcalde de Vigo, qué disparate, y mayor, si tiene, que parece que sí, imitadores competitivos! ¿En qué quedamos? ¿Tirar la casa por la ventana, a lo bestia y sin sentido, cuando se muere de frío y hambre tanta gente de aquí, casi, y de allá, a millones, no nos parece puro escándalo, distracción, demencia y banalidad?
No hemos aprendido la lección del verano, en el que una buena parte de la población se relajó, y de nuevo el virus de nuestras desdichas, al comienzo de los primeros fríos, nos puso sobre la pared y la curva de la muerte y los contagios volvió a subir de forma alarmante camino de los picos más altos y angustiosos.
No hemos aprendido nada, o más bien poco, si se trata de saber entender la vida y practicarla en el silencio, la austeridad y el recogimiento, cuando vienen mal dadas, más que en el ruido, el jolgorio y el botellón hasta la luz del amanecer, como de permanecer en casa lo necesario y prudente, en el interior de cada cual con las antiguas aficiones o renovadas: ver una película, hacer crucigramas, pelar la pava o rascarse la pelota ensimismado en la misma nada. Porque de aprender a toda costa y renunciar a lo que haga falta se trata, si queremos salvar la Navidad o la vida, la salud del vecino, de tus padres y abuelos y la tuya propia junto a la mía. Así lo veo yo, así lo vemos muchos, creo y quiero creer.
“El salvamento de la Navidad, escribía este pasado sábado, Javier Sampedro, con el que sueñan los místicos no va a ocurrir. Sería un error garrafal, porque los movimientos y contactos de amigos, colegas, cuñados y clientes nos llevarían a una tercera ola poco después de Reyes”. Un aviso del experto.
Lo dicho: ¿Salvar la Navidad o salvar vidas en Navidad? Escojamos y no le demos más vueltas a la azotea.
https://youtu.be/elYSQkTWfTwPiazzolla(Пьяццолла) - Libertango Ahora, ahí va esta preciosa versión. Siempre Piazzolla.

lunes, 16 de noviembre de 2020

“YO ESTOY HECHO POR LOS AMIGOS”

 


He leído algunas buenas novelas de Luis Mateo Díaz, siempre con admiración y agrado, y me he alegrado mucho, lógicamente, de que le hayan concedido el Premio Nacional de las Letras, porque se lo merece con creces. En las entrevistas que le han hecho ha declarado tajantemente: “Yo estoy hecho por los amigos. Siempre ha habido una amiga que me quiera o un amigo que me acoja, de modo que lo que en realidad tengo en la vida son deudas porque no me han dejado nunca solo”. Ya no he querido seguir, tiempo habrá para continuar leyendo después, ahora me apetece acunar estas ideas acompañándolas de alguna nana espontánea y a bote pronto.
Nos han hecho y lo siguen haciendo en este río interminable los grandes amigos y las espléndidas amigas, que han pasado por nuestras vidas, aunque aquellos de la primera infancia ya han desaparecido o pasado a mejor vida o a tierras lejanas de nuestros dominios actuales. El recuerdo agazapado nos los acerca hasta ahora mismo con las mismas travesuras y correrías de andar por casa y todos los rincones del pueblo. Después se han ido renovando hasta el día de hoy en el que abundan amigos de aquí y de allá en Facebook, bien es verdad que algunos resisten lo que un suspiro, entran, te piden amistad y no vuelven más ¿para qué entran?, te preguntas, pero otros, más otras, vienen para quedarse, quieres creer que de por vida, y cómo te alegran las mañanas, las tardes y las noches. Ay, cómo se agradece a quienes se quedan, desde siempre y para siempre, aunque hay deserciones, la vida es triste en esto también, se van, y peor, cuando no sabes por qué se han ido, por eso mismo agradeces hasta el infinito a quienes permanecen, insisto, de por vida, y aunque tardes en verlos, sabes, sabemos, que siguen y seguirán hasta después de que te hayas ido para continuar viviendo en su memoria.
Tenemos deudas con todos ellos, tiene razón Mateo Díaz, y sería bueno y elemental, de vez en cuando, pasar lista, y además de revivir los buenos encuentros, las hermosas palabras y conversaciones sanadoras que nos han ofrecido, los momentos en los que han estado cerca haciendo compañía, escuchando, guardando un silencio elocuente y de inmenso respeto, decirles en algún momento lo que han significado para nosotros y que les estamos enormemente agradecidos con un beso, un abrazo, una palabra, un silencio..., capaces de transmitir lo mucho que han significado en nuestras vidas. Que sepan, a las claras, que siempre seremos deudores.
Y voy poniendo caras, rostros entrañables, nombres cálidos, desde el primer amigo del alma de la niñez, unos cuantos, los recuerdo con más nitidez casi-casi que los de ahora, incluso, y los que han ido viniendo, hasta la buena gente de Facebook que me acompaña calurosamente, generosamente, cada lunes y cada viernes, todos, como un ejército de paz, buena marcha, gran armonía y ganas de alimentar la relación y auparnos en la ascensión de cada cual. ¡Os quiero tanto!
Voy a poner una buena música y recreándome en ellos y en todas ellas, en todos vosotros y en todas vosotras, que sois más, no sé por qué será, siempre lo digo, y que, a buen seguro, me reconfortará tanto o más que una buena sesión de yoga. No hace falta que te anime a hacer lo mismo, porque probablemente te están entrando ganas. Buen repaso. Felices recuerdos.
https://youtu.be/hyae9HR97t0 Amiga, Rozalén. Esta, de entrada, y un gran concierto de salida: https://youtu.be/rEGOihjqO9w Rachmaninoff: Piano Concerto no.2 op.18 - Anna Fedorova. Si tienes prisa escucha solo unos compases y, cuando puedas, vuelves. Sublime

jueves, 12 de noviembre de 2020

MIEDO EN AUMENTO

 



Es lo que tiene cuando las fuerzas flaquean, el futuro se estrecha y los años ya no son lo que eran con generosas cosechas y se siente hasta en el alma que van mermando.
Recibí ayer las tareas del taller de escritura de una alumna que anda por la década de los setenta, con un montón de hijas y nietos, pero sola en su casa, llena de flores la terraza que da a la calle, y con miedo hasta para escribir algo sobre cómo vivimos el coronavirus en los primeros meses de la pandemia, esa era la tarea. Y como esto sigue con la misma fuerza y virulencia inusitada, a ella, como a otra mucha gente, ya no se le ocurre pensar que esto se pasará antes que tarde, y menos la población de mayor riesgo, aun cuando el riesgo se haya extendido peligrosamente a edades mucho más jóvenes.
Miedo, y tristeza, y temblor de pasar los últimos años con un espada de Damocles sobre su frágil esperanza.
Hace días leía en letra grande un titular: “SI NO NOS MATA EL VIRUS, LO HARÁ LA TRISTEZA”. Son palabras de Ana Velasco, 70 años, a quien el mundo se le ha vuelto cuesta arriba, se decía en el reportaje de EL PAÍS, que tiene ganas de largar y trasmitir su miedo, su angustia y su tristeza a través de sus palabras, su mirada en la lejanía y una sonrisa fresca poco antes, se intuye, ahora desesperanzada. “A las personas mayores el confinamiento obligatorio nos dejó traumatizadas. Nos están amargando el final de nuestra vida. Es así como me siento, amargada”, y me lleva a pensar en mi alumna aventajada y muy motivada para seguir, pero con menos ganas de tirar hacia adelante, como siempre ha hecho. Y la entiendo al explicarme las limitaciones para continuar el curso por Internet, cuando leo a su colega de Madrid, cómo se explica: “Todo está hecho para los jóvenes. Ellos están acostumbrados a lo virtual, pero nosotros necesitamos tocar, palpar, ver al profesor, a los nietos, al médico... y ya ni los médicos te atienden, también ellos están confinados, como protegiéndose, con miedo...”, perfecto retrato de mi alumna, con quien me he comprometido a pasarle sus escritos a mano, que me deja en el buzón de casa, qué menos, porque por nada del mundo quiere descolgarse del taller, “si esto puede ser”, tímidamente, me ha dicho. Y claro que puede ser. Otra alumna, igual de aventajada, se lo está haciendo a otras dos compañeras y amigas. Sí, qué menos, con tal de aliviar la tristeza, los miedos y la impotencia ante los artilugios de los informática.
Lo que no es nada comparado con los ancianos de las Residencias que deambulan como almas en pena, de la habitación al salón, de este al comedor y tiro porque me toca, cosidos a las sillas, sin actividad alguna, solo habitando en sus recuerdos, que de día en día languidecen y se van apagando, desorientados, extinguiéndose lentamente sin más horizonte que el estrecho pasillo, igualmente que el del vecino de al lado, viendo allá en la lejanía una pantalla de televisión en la que se mueven figuras de cera.
La pandemia está tocando fondo en el fondo de los humanos. Y por eso no se entiende la irresponsabilidad del botellón, de las fiestas, reuniones y algaradas, las comidas para celebrar nadie sabe para qué, ni por qué, de un periódico virtual y menos la asistencia de los políticos de primera fila, o ese querer salvar la Navidad a toda costa, caiga quien caiga, con tal de salvar la venta del percebe, el champán y la sinrazón. Porque vistas así las cosas, ¿no seremos responsables del miedo, la tristeza de las personas mayores, su temblor y su desesperanza? No, mozalbete de 22 primaveras y guapa moza de 18 abriles, hoy no me vengáis con el carpe diem, dejadlo para otras ocasiones más risueñas y pensad, si os queda sentido común, en vuestros padres, vuestros abuelos y en todos los sanitarios que se están dejando, ellos sí, la piel, y algunos hasta la vida. Pues eso.
Posdata: Esta semana nos han dado una gran noticia, se divisa la luz a la salida de este terrible y largo túnel: La farmacéutica Pfizer asegura que su vacuna contra la COVID-19 tiene una eficacia de más del 90%. Un gran alivio, y vendrán más.
https://youtu.be/xdaUfwRMwQQ Homeward Bound - Taryn Harbridge

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA FUERZA DE LA MIRADA

 




Siempre hemos creído que la mirada era lo más expresivo del rostro, y con razón, pero solo ha bastado una mascarilla, un pequeño trapo, no más, para que esa expresividad se haya apagado y convertido en algo gris y un tanto insulso. ¿Qué ha podido pasar? ¿No será que necesitamos el conjunto, la totalidad, la barbilla, la boca, sobre todo, toda la piel, todo el rostro? ¿O pudiera suceder que andamos desorientados, sonámbulos y perdidos por el bosque? Y, como de todo, casi de todo, es posible extraer grandes lecciones, podemos aprovechar el momento para potenciar la mirada que, con el tiempo, se nos ha ido por las nubes sin mirar de cerca a quien tenemos a lado: su color, su calor, su intensidad, la rabia profunda, la petición de auxilio, su soledad y profunda tristeza hasta la total desesperanza, la alegría desbordante o el inminente llanto que se corta de forma abrupta por la vergüenza, nadie sabe por qué razón y dejar de ser fantasmas sin rumbo. Potenciar y defender la fuerza de la mirada y adentrarse en ese bosque de vivencias y sentimientos sería la primera tarea a desarrollar en tiempo de pandemia y mascarillas.

Aprovechar la lejanía que da la mascarilla para redoblar la proximidad y centrar la mirada en los ojos para detectar qué te dicen, de qué forma se expresan, qué intuyes que hay detrás de esos grandes ventanales que dan a su vida, a la vez que te esfuerzas en trasmitir tus sentimientos, facilitar el coloquio pausado, el debate sereno, el deseo de crear armonía en el territorio que habitas invitando ser el amable anfitrión que el otro espera, debería ser el juego feliz y mágico de muchos encuentros. Con lo que este desierto sin apenas vida, este túnel donde habitan los más oscuros y repugnantes monstruos que nacen a nuestro mismo lado, ocupando todo el paisaje, se convertiría en amable jardín de delicias y zona relajada de humanismo a secas.
No es una tarea baladí en estos tiempos en los que la pandemia va para largo. Alumnos dóciles, pero resistentes al desaliento, saldríamos con matrícula de honor, que nos la daríamos a nosotros mismos, tras los avances en un terreno nada fácil y poco visitado.
¿Quién no ha experimentado una simple mirada en los padres, en los maestros, en los amigos de verdad? Una simple mirada y era todo un mundo de aceptación, alabanza o recriminación.
¿Quién no ha vivido algunos de los momentos más románticos en un cruce de miradas en los prolegómenos de una relación amorosa?
¿Quién no ha vibrado de emoción ante unos ojos tristes, doloridos, desarmados, en los límites de la tristeza más desesperada?
No somos una tabla rasa ni nacemos con la mente en blanco. En todos nosotros existe un abanico de posibilidades riquísimo a punto de abrirse si nos ponemos con el mayor de los corajes a ello. Pero hay que ponerse. De entrada voy a ponerme en ese trance y dejar de andarme por las ramas teóricas de los buenos deseos y marcar tareas a los demás. Y me examinaré antes de que termine un semestre. Lo prometo.
¡Mirando de cerca las miradas de las imágenes que he incluido dicen tanto! Cielo despejado, una, noche tenebrosa, otra, y la tercera: Asombro. Pues eso, que hay que mirar de cerca, detenidamente, y dejar de ser fantasmas lejanos.
Posdata: Viva la democracia. Hay menos peligro para la humanidad. Hoy se respira mucho mejor.
https://youtu.be/YrLk4vdY28Q Leonard Cohen – Hallelujah. Una canción obligada para estos días. ¡De la que nos hemos librado!

viernes, 6 de noviembre de 2020

DIOS ES BUENO, PERO EL DIABLO NO ES MALO

 


Ayer vimos en casa el capítulo primero de la serie “Antidisturbios”, y esta mañana leía, a primera hora, el artículo de los martes de Manuel Jabois, del que he tomado el título para este artículo mío porque me ha llamado poderosamente la atención por lo llamativo y por lo sugerente. No hace referencia, de forma expresa, a lo largo de todo el artículo, sobre el título, que íntegramente es así: “Antidisturbios: Dios es bueno, pero el diablo no es malo”, ¿será para que el lector saque las conclusiones? Seguro que sí y además da pistas. Jabois habla de la serie y pone en tela de juicio que los Antidisturbios den lugar a lo que los prejuicios colocan en la primera de cambio y todo aquello que con harta simpleza se piensa. Porque nada es simple, y todo es complejo a la hora de decir quiénes son los buenos y quiénes los malos, aunque estemos muy acostumbrados a ello y pareciera que nos encanara. Los buenos, los nuestros, yo, entre ellos, los malos, todos los demás. Y nos quedamos tan felices de habernos conocido en los días de fiesta y cielo despejado. Está claro que Dios, para los que creen en un ser Personal es todo bondad, Padre que está pendiente hasta del cabello que se nos cae de la cabeza..., como para los que ven y creen de forma distinta en la presencia de un posible-probable Dios mezclado con el mundo cabe, con, entre, tras... la belleza, la bondad y la verdad de las cosas, de los animales y de los humanos.

Y lo que pasa es que a los Antidisturbios no les ha tocado la mejor parte de la cadena, ni la más fácil de gestionar, aunque como dice Manuel Jabois, reflejan en la serie “una realidad nauseabunda y creíble de la que son víctimas, siempre, los que están en el eslabón más bajo, el que pega las hostias”. En la serie y en la misma y cruda realidad. No, no les ha tocado la mejor parte, aunque muestren y demuestren ser estupendos esposos y magníficos padres de familia. Pero no son demonios, ni tampoco dioses, naturalmente, como tú y como yo, o más bien, ellos y nosotros, un poco dioses y un poco demonios
Dios es bueno porque el hombre ha depositado en él todas sus complacencias y lo ha creado como su obra maestra, y a medida de que se ha ido haciendo mayor en edad, conocimiento, lucidez y dignidad ha ido despojando al demonio de sus maldades congénitas y disparatadas para dejar de pensar de él lo peor de lo peor sin mezcla y posibilidad de bien y bondad alguna, y pasar a ser uno más en el gran teatro del mundo, que a algunos les satisface y encuentran sentido de su papel en la vida y a otros les disgusta que alguien, un ser, y además ángel, que fue o debió de haber sido siempre luminoso y pleno de bondad , para más inri, se chamusque eternamente en sus moradas infernales, como a los que vayan llegando de su misma calaña, por los siglos de los siglos, amén, eternamente.
Cree en lo que quieras, pero mejor si en tus creencias encaja mejor el que Dios es bueno y que el diablo no es malo. No tiene comparación con lo otro. Al menos, humildemente, desde mis creencias-increencias, eso me parece a mí.
https://youtu.be/M2dYG5y6Ka8 Manuel de Falla: Danse espagnole from "La vida breve" / Violin and Piano /Leonore Haupt - Violin