lunes, 16 de enero de 2017

FIRME DEFENSOR DE FACEBOOK


“Cuando te gusta una flor, la arrancas.
Cuando amas una flor, la riegas todos los días”
. Buda

Este pensamiento, que corre abundantemente por Facebook, estos días, sería suficiente para contrarrestar las críticas más feroces o despectivas de quienes menos se pasean por las Redes, porque encierra sabiduría de siglos y en cantidades industriales.
Personalmente soy fiel seguidor de Facebook y acepto que no todo es oro, como no todo lo que ocurre a diario en cualquier espacio y en cualquier momento a lo largo del día de igual manera es oro, porque hay mucha morralla allí y aquí, mucha dosis de vanidad y exposición vacua y sin límite, excesiva maledicencia, falta de modales básicos en toda elemental convivencia que se precie, insultos que hacen temblar al firmamento por moverte en dirección opuesta y a tu aire, mucha paja y hojarasca, y poco aire y juicio crítico, y demasiada banalidad, etc. etc. etc.
Y sin embargo es aquí donde encuentro a gran parte de mi gente, mis fieles seguidores, además de buenos amigos y amigas entrañables, y a quien yo sigo y persigo de buenos modos, siempre. Encuentro profundos pensamientos como el que encabeza este escrito, oro puro, con frecuencia, estupendos artículos, vídeos fantásticos, canciones que llenan la tarde, bellas imágenes, material impagable que me inspira y me invita a escribir mis cosillas, etc. etc. etc.
Y soy tan fiel que, en gran medida, le debo haber escrito mucho de mis artículos bajo su luz o a su sombra, sobre los temas más variados y que, por fortuna, suelen ser del gusto de mis lectores, que casi nunca son tan críticos como yo lo soy, porque los hay “buenecillos”, regulares y hasta flojitos, pero uno da lo que da: aprendiz en esto de hilvanar palabras con la mayor corrección y dignidad posibles.
Pero vayamos al inicio y nos adentremos en el extraordinario pensamiento de Buda, que bien pudiera servir como tarea en mis talleres de escritura:
Los sentidos paladean, tocan, huelen, ven, oyen, más lo que el sexto sentido aporta: se apropian, se apoderan, invaden, captan, engullen... y el espíritu, el corazón, el centro del ser humano, el alma, si se quiere, aman, contemplan extasiados. Ahí radica la diferencia abismal que va de arrancar la flor para disfrutar unos minutos de ella, y así dura lo que dura, bien poco, o plantarla en la mejor tierra, abonarla de vez en cuando, regarla siempre que sea necesario, cuidarla todos los días, mimarla, arrancar las malas hierbas, librarla de parásitos e insectos de toda calaña, estar agradecidos de su existencia y saber que es hermana y compañera de fatigas de este vivir como hijos de la madre naturaleza a la que debemos el ser. Aquí nadie es más que nadie, ni menos, como decía nuestro poeta. Ni el centro del universo, ni el último de la fila, ni el primero, del montón alegre y bullicioso, amigos y compañeros. ¿Para qué más? Y si alguien tiene más que reparta, que por ahí va el amor, en contra de la avaricia que arrasa y se lleva consigo al muerto.
Nota no tan al margen: No obstante habrá que tener cuidado con su uso, que ya el sabio Zygmunt Bauman, recien fallecido, dejó dicho que la redes sociales son la trampa de la modernidad individualista.

jueves, 12 de enero de 2017

LA NECESIDAD DE UN CUADERNO


Nos empeñamos en lo imposible cuando queremos algo y no ponemos los medios. Y además, para más inri, no lo queremos con la pasión necesaria para que el deseo se convierta en acto. Nos gustaría escribir, pero ni compramos un cuaderno, para tenerlo a mano, ni un triste bolígrafo. Es como un alumno que he tenido en los talleres de escritura y ha resistido año y medio, los demás, casi todas mujeres, ¿por qué será? llevan 5, 6 y 7 años. Pues bien, iba con las manos en los bolsillos, solo de oyente, no cogía ni un boli ni un folio que le prestaban, ni por esas, y claro, con sesenta y muchos no le iba a mandar al rincón de pensar, así que ha desistido y se ha dado de baja. Y todo por no llevar un cuaderno. Porque de haberlo llevado hubiera visto que era posible avanzar y hasta experimentar momentos deliciosos y verse en las páginas con elevada autoestima. (1)
Llevar a tu vida un cuaderno, y si es pequeño mucho mejor, porque irá contigo a todos los lados, se me atoja de una importancia capital. La inspiración llega cuando tienes los sentidos abiertos y el alma a punto. Lo digo por activa y por pasiva, porque constantemente están saliendo al camino, como liebres en celo, palabras y expresiones sabrosonas a la espera de que alguien las cace y se explaye con ellas. O titulares de la prensa, o versos si tienes la suerte y el buen gusto de leer poesía, que saltan a la vista y brincan haciendo que palpite el alma, e invitándote a experimentar por tu cuenta y riesgo, o historias a medio cocinar que te están esperando para que les añadas algún personaje más, más sal y pimienta y tu marchamo particular, y sobre todo eso que llevas dentro, y necesita airearse, salga con la seguridad de que al contacto con el otro y otras experiencias tan similares a las tuyas, harían darte de bruces con la normalidad de los seres normales y constatar que tú también lo eres...
Algunos de mis más admirados escritores nunca salen de casa sin un cuaderno, sin una libreta al uso que llevan en el bolso de la chaqueta y no veas que artículos les salen: casi todos de antología. Unos maestros.
Hazme caso. Perdemos ocurrencias extraordinarias, frases para enmarcar, chistes que se nos olvidan al doblar la esquina, versos rotundos plenos de hallazgos literarios de altura, esquemas que se pierden en su esqueleto y posterior desarrollo, palabras generadoras de más palabras, frases y párrafos tan dignos como el discurso verbal que manejas con envidiable dignidad, orden, concierto y profundidad del germen de posteriores debates que se despanzurran porque le damos mayor importancia al grito pelado que al orden, al concierto, la profundidad, el valor de la razón y la fuerza de los buenos argumentos y así no vamos a ninguna parte, y todo por no tener un cuadernillo a mano y un bolígrafo en el bolsillo, que ya es desidia, como te advertían frecuentemente tu madre y tu maestro. Ya digo, una pena de desidia, ¡cuántos tesoros perdidos, cuántas perlas sin poder valorar, cuanto escritos enviados antes de haber nacido al mundo de la nada y la noche más oscura y tenebrosa! Sí, una pena y todo por una enorme desidia.

Nota no tan al margen: Y visto y oído estos días lo que nos pasa, a ver si así ese 40% que no lee nada, escribiendo un poquito cada día, se animan a leer un poco para escribir mejor.
(1) El alumno aludido ha vuelto, y no sé por qué, la verdad, pero siempre es bienvenido, ¿por qué no?

martes, 10 de enero de 2017

LUCIA BERLIN


El libro del año, 2016

Me llamó la atención la primavera pasada cuando oí por primera vez su nombre en una reseña de José María Guelbenzu, a quien considero un buen escritor y un gran crítico, diciendo de ella: “Creo que nunca he leído a una mujer más inteligente, sensible, tierna y valiente”. Me quedé con el cuento y se fue pasando al olvido hasta que de nuevo algunas escritoras queridas, entre ellas, mi Rosa Montero, que diría esto tan hermoso: «Los cuentos de Lucia Berlín son mariposas que aletean sobre el abismo: y, como toda mariposa, son en parte remolinos de luz y en parte gusanos. Hacía tiempo que no leía nada tan impactante: su aterradora belleza deja sin aliento», o mi Elvira Lindo, que e ha atrevido a decir: «Lucia Berlín es un milagro, como escritora renacida años después de su muerte».
Con estos achuchones me fui a la biblioteca, a dos pasos de casa, y como las bibliotecarias son tan espléndidas profesionales y buena gente, si no la tienen, rápidamente miran a ver si está en alguna otra de la ciudad y, efectivamente, estaba, y a los pocos días te llaman para que vayas a recogerla. Y da la casualidad de que ese sábado en Babelia la consideran el libro del año. La tomo como si tuviera entre las manos un tesoro y, aunque a veces la crítica de la contraportada exagera, esta vez, me parece que no se han pasado ni un pelín. El libro es una antología de algunos de sus relatos y lleva el título de uno de ellos: “Manual para mujeres de la limpieza”.
“Lucia Berlín, un clásico de la narrativa estadounidense”.
“Su prosa desciende de Proust y de Chejov”.
“Cada frase de esta escritora es una epifanía”.
“Leerla es desconcertante y maravilloso, doloroso e inolvidable”.
“Una fuerza literaria única y abrasadora”, etc. etc. etc.
Y en estas estoy, leyendo y disfrutando, sin prisas, y el lápiz a pie de página, para que su lectura penetre como lo hace el sirimiri.
¿Es autobiografía? En gran parte sí, se advierte claramente, pero pasado por el cedazo de la imaginación y una inteligencia preclara. Lo dirá uno de sus hijos: “Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco”. Nunca mejor dicho. Ella misma diría que en todo buen relato, debía producirse, "una mínima alteración de la realidad. Una transformación, no una distorsión de la verdad".
Historias que trascienden y hasta el mismo paisaje siniestro, sucio y cochambroso es luminoso en la pluma de esta mujer, por ejemplo: “Hacía viento el último día que fui al vertedero. Ráfagas resplandecientes salpicaban las gachas de arena. Cuando aparecieron las siluetas en las dunas, entre torbellinos de polvo, parecían fantasmas plateados”.
O esa preciosa combinación entre la cotidianidad del trabajo en un hospital y su infancia en el relato “Tiempo perdido”: “Volví a toda prisa a mi escritorio, a mecerme en el suave oleaje de la memoria”.
O ese espléndido contar en el recuerdo el encuentro amoroso en pleno mar: “Cuando César se apartó, el esperma quedó flotando entre los dos como tinta blanca de pulpo. Siempre que Eloise rememorara la escena en el futuro no sería como suele recordarse a una persona o un acto sexual, sino más bien un fenómeno de la naturaleza, un ligero temblor de tierra, una ráfaga de viento en un día de verano”.
Su vida, enormemente turbulenta, quedará plasmada entre líneas y muchas veces a la claras y así asistiremos a sus tres matrimonios fallidos, su alcoholismo, heredado de su madre, su desintoxicación, el mantenimiento y cuidado de sus cuatro hijos y sus trabajo de enfermera telefonista, limpiadora de la limpieza profesora de escritura en varias universidades.
Y así concluye el libro: “¿Qué más me he perdido? ¿Cuánto me fue dicho que no logré escuchar? ¿Qué amor pudo haberse dado que yo no sentí? Son preguntas inútiles. La única razón por la que he vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta a la pena, al pesar, al remordimiento”.
Murió de cáncer en 2004, en los Ángeles. Había nacido en 1936, en Alaska.

lunes, 9 de enero de 2017

VARIACIONES A CUERPO DESCUBIERTO


Regalo de Reyes para todas mis amistades

1
“He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace”.
Alejandra Pizarnik

2
Pero me pudo la alegría del mar naciendo
y robé la luz para mi cuerpo y tus sentidos.
3
He dado un vuelco a mi vida
he dejado mi aliento junto a tus besos
y he dormido tendido a los pies de la emoción.
4
Hemos celebrado una amistad de siglos,
he amado tu verdad que muchas veces no era la mía,
mientras el puente de la verdad unía las dos orillas.
5
Cuando florecen los almendros
mis ojos se visten de fiesta
y cuando maduran los higos
y las uvas revientan,
mi infancia de nuevo reverdece.
Pero cuando me abres tus celosías,
las puertas
y tus aposentos más íntimos
entra un batallón de arcángeles
en son de paz
y toman asiento en mi alma.
6
Llámame aunque sea de noche oscura,
pídeme la luna si es tu mayor deseo,
grítame si mis sentidos no se ponen a tu alcance,
abrázame cuando estés más sola que la una:
encontrarás un puerto, acaso no muy seguro,
pero seguro que este fiel muchacho
sabe lo que vale un abrazo:
aprendió a darlo y recibirlo.
7
En mi memoria
un árbol solitario
duerme feliz.
8
En mi memoria
duermen todos tus sueños
como en un cofre.
9
He dado el salto de mí al alba
y todas mis noches negras
-cual noche oscura-
se han vestido para el baile y tus disfraces.
10
Anda, y atrévete:
si tú me dices ven,
lo dejo todo... pero dime ven... la barca está esperando.
11
“Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”.
Alejandra Pizarnik
12
Y con el permiso de la poeta argentina:
Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándonos.

jueves, 5 de enero de 2017

SI LOS LÍDERES NO DAN LA TALLA


Cuando los líderes políticos no dan la talla, su adocenamiento repercute gravemente en los ciudadanos, consiguiendo una sociedad adocenada, indiferente, con pérdidas de valores fundamentales y no sabiendo si el norte es el norte o más bien el sur, porque le sucede lo que a la paloma de Alberti que le falló el instinto y cuando eso le pasa a un animal es como si a los humanos nos fallaran todos los sentidos, más el sentido común y principalmente la razón..., lo que nos haría danzar por el mundo totalmente perdidos sin brújula y cayendo en una espiral endiablada.
Alguien, en una tertulia acalorada, como todas las que giran sobre política, manifestó algo que suele ser frecuente: “No entiendo cómo siguen votando a los mismos en Ayuntamientos en donde tanto la corrupción como el despilfarro han sido descomunales”. “Pues bien claro, porque piensan: Virgencita, que me quede como estoy”, fue la respuesta. Que puede ser cierto, pero da pena, ¿verdad?, mucha pena, porque demuestra lo que con cierta timidez iniciaba en estas reflexiones.
Pienso que sería pertinente profundizar en ello con alguna variante: ¿Son los políticos los que nos hacen a su imagen y semejanza o somos nosotros lo que los hacemos como nosotros en el fondo somos, y aquí no se salva ni Dios, todos patinando y conviviendo en el mismo lodazal? Tengo la pregunta, pero me falta la respuesta.
Y otra observación inquietante: En cualquier grupo humano se dan ejemplos de extraordinaria brillantez en el terreno profesional y social, excepto en la política actual española (no hablemos de Trump que se ha salido del mapa de lo absurdo, él y los que le han votado) en donde brillan con luz opaca los Rajoy y toda su camarilla, los Sánchez y los suyos en pelea sin cuartel con la Gestora y los barones dando alas a la presidenta de Andalucía, los Iglesias y Monedero que se parecen ya tanto a la vieja guardia, los Ribera que nadie sabe para quién vendimian, por no hablar de los Bárcena, Rato, Pujol, los responsables de los ERES, y no digamos de Wert y Trillo, que por su actuación nefasta se les premió con puestos de oro, (pero aquí no ha pasado nada, porque ante lo cual, primera escena: el Sr. Rajoy, dice que lo de Trillo “ya está sustanciado judicialmente y ello ocurrió hace muchísimos años”, ¡qué poca vergüenza, santo cielo! Segunda escena: “Se renovará la embajada de Londres, pero no como castigo a Trillo”, dicen en Exteriores, puro teatro y pelillos a la mar, etc. etc. etc.) por eso, lo que muchos tenemos muy claro es que si hubiera ahora mismo elecciones no tendríamos nada claro a quién votar. Únicamente a quién no votar. Lo que ya es algo, por otra parte, y ahí estamos, por ahora. Pero votar, siempre, incluso a los perdedores, para que formen un grupo fuerte como oposición.
Y termino, ¿cómo es que habiendo tanta lumbrera, buena gente, individuos sobresalientes en todos los órdenes de la vida, como sostenía hace un momento, estos brotes verdes no se dan en la política y no crean un caldo de cultivo para que den mejores frutos en este desierto en donde apenas si crece la hierba?
Menos mal que como escribe el profesor de Filosofía Política, Daniel Innerarity, “la democracia únicamente sobrevive si la propia inteligencia del sistema compensa la mediocridad de los actores”. Menos mal.

Nota no tan al margen:
1.- Voy a mojarme. Siempre hay honrosas excepciones, por fortuna: esta misma mañana he escuchado en la radio a la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y es una delicia prestar atención a su discurso, lúcido, sereno, afectuoso con su equipo de gobierno, respetuoso hacia sus adversarios y hasta su máxima adversaria, que tiene valor, tolerante siempre. “Gestora de personas”, como ella dice y un nuevo estilo de gobernar. Toda una señora, además de magnífica alcaldesa.

lunes, 2 de enero de 2017

NO TE PIERDAS EL AHORA


 Ahora que tienes tiempo porque todavía tienes todo el tiempo del mundo por delante, y un año nuevo recién estrenado, deja la cámara del móvil descansando, incluido el móvil, por favor, y disfruta de lo que tienes delante, como si fuera la primera vez o la última. ¿Para qué más fotos si ya no sabes qué hacer con tantas?
Saborea el momento, paladea mejor, admira, celebra;
deja que las cosas te canten, te cuenten, te asombren, (decíamos ayer);
no pienses si estás viendo algo hermoso, pon a punto los sentidos y déjate llevar, haz caso a Pessoa: “Lo esencial es saber ver, / saber ver sin estar pensando, / saber ver cuando se ve / y no pensar cuando se ve”;
descansa, hazte amigo por unos instantes de la inactividad y hasta de la ociosidad, del dejar de hacer: detén la respiración y enseguida inspira y espira varias veces de forma lenta, muy lenta, ¿para qué tanto correr si vas a llegar al mismo sitio en el que ya estás?
... Estás todavía en la cama y te acabas de despertar, pero como es fiesta o ya no tienes que fichar en ningún sitio, te quedas unos minutos más, solo unos minutos, agradeces a quien inventó uno de los objetos más increíbles como la cama y unas sábanas limpias y disfrutas, cerrando los ojos para sentir más, de uno de los momentos más inefables;
te preparas el desayuno, pero no se te ocurre pasar de largo por el olor embriagador del café que inunda la cocina y el olor cálido de las tostadas que se meten hacia tus adentros: saboreas, degustas la fruta, el café recién hecho, el pan tostado con mermelada..., y escuchas las noticias de la radio o la tertulia siempre que sea lúcida, plural y respetuosa con quien piensa de forma diferente;
sales a la calle y tratas de fijarte en lo que nunca te fijas porque vas demasiado a lo tuyo que, muchas veces, ni siquiera es tuyo, porque vas atolondrado y a toda pastilla, y ya es de nadie;
la casita humilde conviviendo con la torre orgullosa de serlo, la tienda de todo a cien y el bar de la esquina, la iglesia moderna sin estilo alguno para así no poder vanagloriarse, ni pasar a la historia, ay, pero que te lleva en volandas a aquella joya del románico lombardo catalán que se quedó para siempre en la retina cuando ibas de romería a Urueña el día de la Anunciada;
mientras caminas intentas no olvidar que lo que no hagas por el otro, por los otros, quedará sin hacer y perdido en el mundo de la nada;
y cuando llegas a casa no te apresuras a poner la tele, se repite mucho, así que más tarde o mañana o pasado mañana te lo encontrarás exactamente igual, y haces muy bien en ponerte a leer, escoges un libro que ya leíste hace tiempo y te dejó huella o muy buen regusto: releer, efectivamente, para profundizar, no quedarte solamente con el chismorreo de la historia que ya sabes, sino con el meollo y el buen ritmo de la prosa exquisita y bien orquestada, y no permites que se vaya el día sin echarle una sonrisa y un beso a los que tienes en casa;
te vas a la cama y dejas de preocuparte de cuanto aconteció que ya no tiene vuelta de hoja, o de lo que pueda suceder, y te da tiempo a recordar lo que leíste por la mañana en la prensa que te sorprendió profundamente: “Incluso si supiera que mañana va a llegar el fin del mundo, plantaría hoy un manzano”, que dijera, poco antes de morir, Lutero, a quien el famoso teólogo católico Congar lo consideraba “uno de los mayores genios religiosos de la historia”. ¡Qué distinto de lo que intentaba enseñar aquel profesor de historia de la Iglesia en tus años de juventud y seminario!
Así que felices sueños y si llegan no te los pierdas.

jueves, 29 de diciembre de 2016

EL SÍNDROME DE LA ABUELA ESCLAVA

Cuando vemos fotos como éstas nos viene el deseo de hacerles un homenaje, ya mismo. En otras ocasiones yo mismo les he cantado sus muchas virtudes y sus grandes valores. Porque se lo merecen, porque han servido para un roto y un descosido, y siguen sirviendo, para que se duerman lo nietos en los brazos mientras cocinan y hasta les quedan ganas de regalarles un postre casero de los que nunca se olvidan, y contando cuentos todas las noches antes de irse a la cama o ir de mejor gana y enseñarles a leer y a ir a derecho y con decencia por la vida y a atarse los zapatos ellos solos y tener la pasión de correr aventuras, surcar los mares o subir montañas...
Pero sin abusar. Hoy quería subrayar este punto de vista: sin abusar, porque la abuelas no son bestias de carga y la artrosis que ha comenzado a galopar por todos sus huesos no perdona pasados los años de la juventud y sus bríos, y se cansan y ya no aguantan tanto los ruidos, los gritos, los excesivos mimos, la gandulería, los malos modos, la falta de respeto, los desplantes, los cuidados, la atención constante si son pequeños y van reconociendo y aceptando que sus nietos prefieran los juegos de la PlayStation a sus cuentos de historias lejanas y consejos de los tiempos de antaño.
Porque una cosa es que les echen una mano a los hijos, por muy necesitados que se encuentren -malos tiempos los de las nuevas familias, malos tiempos- en el cuidado y la atención a los nietos, y otra es que mañana y tarde y un día sí y otro también les endilguen el niño o los niños en racimo, reconociendo muy mal que ya no están para esos trotes, aunque les reciben con todo el cariño y la ilusión del mundo cuando llegan, y les despiden con el mayor de los agradecimientos, cansados y casi muertos, ansiando que tarden en volver en esas condiciones.
Los hijos deben vivir y convivir con los padres y los hermanos de forma permanente y continua. No valen los abuelos, los tíos y otros familiares más o menos cercanos. La experiencia de la convivencia con padres y hermanos no se sustituye con nada, salvo indeseadas y lamentables excepciones.
Porque cada cual debe llevar la carga de la vida sin más pesos complementarios que, en lugar de ser en buena lid solidarios y satisfactorios, se convierten en un fardo demasiado pesado. Los abuelos ya vivieron, disfrutaron y sufrieron su etapa de responsabilidad llevando lo mejor que pudieron y supieron las riendas de la familia, y en esta nueva etapa ya no están para aquellos trotes, aquellas responsabilidades, aquel peso por muy gustoso y llevadero que fuera. “La clave es que el cuidado de los nietos sea voluntario, que el abuelo dedique el tiempo que quiera, y que esté dentro de sus posibilidades para que no se sienta sobrepasado”, enfatiza Francisco Muñoz.
Porque la etapa de la jubilación debe vivirse en plenitud, lo que exige que se les deje hacer su vida sin más vínculos y obligaciones que las puramente excepcionales. Y aun en el caso de que no se atrevan a negarse, porque se trata nada menos que de sus hijas, tanto éstas como los hijos, nueras y yernos, no deberían abusar, por el bien de sus padres o suegros, por sus hijos y por ellos mismos. La norma debería ser que la convivencia de los abuelos y los nietos sea un placer, una ayuda excepcional, y nunca una pesadilla y una carga excesiva.
Porque cada vez es más frecuente observar el síndrome de la abuela esclava, que en esencia está explicado anteriormente. Y que se resume en esto tan sencillo: Sí, pero sin abusar.