martes, 17 de abril de 2018

¿NADIE TE DA LECCIONES?


Me obligan a tocar el tema, y no quería, porque ya está bien de caer en la misma piedra, ya está bien. No aprenden, qué duros de mollera, que decían en mi pueblo, dirigiéndose, creo, a los del pueblo de al lado. Esta mañana ha sido Rajoy, aunque la inmensa mayoría de políticos, dice exactamente lo mismo, tropezando en la misma roca. “No acepto lecciones del PSOE”, ha dicho, mirando a su respetable, que ha batido palmas hasta morirse de risa fatua. Ni de Ciudadanos, ni de Podemos, ni de nadie, añado yo. Sí, hombre, sí, a ti, mi -no admirado- presidente, como a mí, como a todo hijo de vecino, nos da lecciones todo el mundo, y así debemos aceptarlas, lo que pasa es que te quieres hacer el listo, el sabio, el gracioso y te encierras en banda, en tu ombligo, y a fuerza de creértelo te va creciendo tanto que ya no se te ve, estás detrás, ignorándolo todo, ¡pequeños monstruitos! Y ahora ya no hablaba de Rajoy sino de todos, muchos, los que sueltan esa desdichada frase un día sí y otro también, que ya es delito.
¿No os dais cuenta, amigas mías y algunos amigos fieles, que casi todo lo que sabemos, aunque no sea mucho, se lo debemos a los demás? Me canso de repetirlo: ¿qué sería de nosotros si no hubiéramos tenido a nuestros padres, hermanos mayores, yo no he tenido menores, el primer maestro, don Julián, que usaba una vara de mimbre el condenado, ¡los tiempos! , pero que enseñaba como el gran sabio que era, y todos los que vinieron después, algunos tocando la excelencia, los amigos, los libros, las canciones, el cine, la prensa, la calle...
El día, ojalá sea más pronto que tarde, que todos los políticos estén dispuestos a aprender lecciones de quienes no son de su bando, esto habrá mejorado para poder decir: Esto no lo conoce ni Dios. Sí, mi querido Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias y todos los demás. Sed valientes y decid lo que habéis aprendido de los demás, aun de vuestros adversarios. Reconocedlo de una vez, y dadles las gracias, veréis como prende la llama y esto se convierte en un país de gente más sabia, más honesta, más humilde y menos mediocre, menos patética, menos soberbia.
Y ven conmigo a buscarla, he puesto en el frontispicio de mi blog, en donde aparecen igualmente estas entradas de Facebook. Ya conoces su autor: don Antonio Machado:
“¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela”.
Pues eso, lecciones de todos, hasta del más tonto, para empezar, y todos después, buscadores de la Verdad que no es patrimonio de nadie.

domingo, 15 de abril de 2018

SI QUIERES LA PAZ...


No, no ha nacido ahí por generación espontánea ni porque las balas sirvan de mantillo para que crezcan las margaritas. Es lo que estás pensando: alguien ha puesto ahí esa flor porque, a buen seguro, le estaba hiriendo la imagen y trataba de enmendar la plana al dicho latino, si quieres la paz prepara la guerra, más bien: encender una humilde candela para iluminar la oscuridad, romper la fría y salvaje imagen de las armas mortíferas con una bella flor en todo su esplendor de luz y color, de mensaje luminoso y sonoro y poner una palabra cálida donde todo es cacareo insultante, sabor a óxido y muerte.
Si quieres la paz no pienses en la guerra. Ante las matanzas de adolescentes en Institutos de Enseñanza norteamericanos no se les ocurre a Donald Trump y los suyos más que armar a los profesores para prevenir muertes ¡qué barbaridad, para apagar el fuego más gasolina!, y así ante la violencia de los monstruos no quieras añadir más muerte, más palabras obscenas, más sangre, el viento de la venganza. Ese es el camino de la guerra pura, dura y abierta. Desde ese ángulo no hay salidas a la paz.
Si quieres la paz, prepara la paz, lucha por la concordia, la convivencia pacífica con las armas de la tolerancia, el respeto al diferente dejándole un espacio al lado de tu asiento, una porción de tu misma tarta, la búsqueda de espacios para una integración aceptando, reconociendo y valorando que esta porción de mundo que nos ha tocado en suerte, como el mundo entero, nos pertenece a todos, y el bien social y la supervivencia están por encima de la propiedad personal de cada uno, aunque nos duela y algunos no lo acaben de entender. Porque no habrá paz mientras la desigualdad sea tan hiriente y la injusticia campe a sus anchas.
Si quieres la paz, busca los caminos que conducen a la ciudad de la alegría, el buen humor, la buena vecindad, el deseo de degustar, entre todos, los frutos de la tierra, y aunque suene a utopía, saber que caminar hacia allí es el mejor modo de ir construyendo un mundo en donde jueguen lobos y corderos, sellen pactos partidos de muy diferente ideología, porque entienden, ya era hora, que son prioritarios los asuntos que más le duelen al personal a quien le agobia no llegar a final de mes, tener un familiar con grave discapacidad y no poder cuidarle como es debido las 24 horas del día y así sucesivamente si se pasa lista a todos los asuntos sociales.
Si quiere la paz, Sra. de Cospedal, no se gaste diez mil millones en material de guerra en el Ministerio de Defensa, cuando a su lado en otros Ministerios están con la soga al cuello, haciendo malabares y demasiados recortes.
Si vis pacem, para bellum, es una máxima latina que significa «Si quieres la paz, prepara la guerra». Atribuida erróneamente a Julio César, en realidad deriva de un pasaje del escritor romano de temas militares Vegecio, en el libro III de su obra Epitoma rei militaris, posiblemente escrita alrededor del año 390.
«Si quieres la paz, prepara la guerra». ¡Qué barbaridad! ¿No sería mejor esta otra máxima, más acorde con la sensibilidad de hombres mujeres actuales, que podría ser así: si quieres la paz, prepara la paz, trabaja por la paz, lucha por la paz y haz lo posible y lo imposible porque no surja la guerra?
Si quieres la paz, por favor, no armes a un niño. La segunda fotografía hace daño a la vista, a la razón y al corazón.

martes, 10 de abril de 2018

¡QUÉ MIRADA Y QUÉ SONRISA, MAMMA MÍA!


Esta sonrisa, esta mirada y la serenidad de estos niños sacuden nuestras conciencias, aunque miremos para otro lado llevados por las prisas a nuestros afanes y círculos viciosos de los que no acabamos de salir si es que no nos metemos cada vez más en los más bajos fondos de nuestras particulares cloacas, preocupados de nuestras casas, nuestros coches, nuestros cachivaches, nuestras camisas limpias a diario, nuestras duchas cotidianas con su colonia de marca, aunque nos lo hayamos ganado a pulso bien trabajado y hasta muy honrado, lo que no quita para sentirse obligado a mirarse en esos otros espejos que nos lanzan esa mirada, esa medio sonrisa, porque es lo que nos puede salvar si somos capaces de que se queden a vivir entre nosotros.
Él sabe que está hecho de barro, y la tierra y hasta el lodo son sus fieles compañeros de vida y fatigas adelantadas para su edad, pero ya sabe que no hay más cera que la arde y debe seguir las huellas de su familia: poca comida, mucho sueño, futuro incierto y dado que los juegos son prohibitivos intenta jugar con el barro, su cuerpo y las trastadas que se inventa en el lugar de los sueños que mima con especial cariño y devoción.
Cómo no ver ni escuchar los versos del niño yuntero de Miguel Hernández en todos estos niños de todos los arrabales del mundo, condenados de por vida a su mala suerte injusta a todas luces: carnes de yugo, más humillados que bellos, perseguidos por los yugos de la miseria y los sueldos de la precariedad, lejos de la tarta que esta sociedad ha montado y tan mal repartida.
No debería pasar un solo día en nuestros paseos, meditaciones trascendentales, horas de yoga y duermevela... sin dejarles pasar, no para amargarnos la existencia, sino para saber que están ahí, que son de los nuestros, que nada de lo humano nos debe ser ajeno y más cuando eso humano está tan desprotegido.
Gracias, chaval, por estar ahí y mirarnos con esa sonrisa y esa mirada que, sin quererlo ni pretenderlo, nos interpelan y llaman a la puerta de nuestra sensibilidad, de nuestra conciencia y nos levantan el ánimo y hasta el alma. Ruego a todos los dioses de los cielos y la tierra que te conserven siempre esa manera dulce de mirar y de sonreír.

Nota no tan al margen: Hablando de risas y sonrisas me acuerdo de un comentario brillante de Javier Cercas sobre la risa tan diferente de Quevedo y de Cervantes: “Quevedo observa a los humanos desde arriba, con una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los mejores; Cervantes, en cambio, observa a los humanos desde abajo, con una humildad militante, y, aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá porque es capaz de ver lo mejor incluso en los peores”. A Quevedo se le admira, a Cervantes, en cambio, se le admira y se le quiere. La risa de este niño es, desde luego, cervantina. Pero siguiendo con risas, sonrisas y aplausos, nada como las sonrisas, las risas y los largos aplausos de este fin de semana pasado para bochorno del personal. ¡Qué desvergüenza, santo cielo!

domingo, 8 de abril de 2018

LA FUNCIÓN DEL ARTE


Es de una enorme belleza, pero es más, mucho más que eso, es un grito de libertad, una defensa sin ataduras y una apuesta con valentía por que la mujer sea la dueña de su mente, su rostro, su cuerpo también al desnudo o semidesnudo y vestido de la manera que le plazca.
¿Cómo tener ante esta imagen un solo pensamiento retorcido, lascivo, pornográfico y enfermo a la postre, si destila por todos los poros ternura, perfección, armonía en medio de la desarmonía, en ese contraste tan potente e inquietante entre el rostro tapado y un pecho al descubierto? ¿Por qué escandalizarse con algo tan limpio? ¿No será que tu mirada, si es el caso, es poco limpia? Te recuerdo el pensamiento de otro artículo anterior: Si tus ojos te escandalizan no mires, y no ensucies lo que no sabes ver, es tu sucia forma de mirarlo todo. Insisto hoy también, antes de mirar, háztelo mirar.
Esa es la función del arte, descubrir lo que está oculto, sugerir mil lecturas posibles, contagiarnos con su belleza, a veces angustiosa, otras calmada como un dulce atardecer a orillas del mar o ante el cielo de Castilla, sacudirnos por dentro y por fuera, tocar las fibras más sutiles de la conciencia, lanzarnos a poner orden, concierto y decencia en un mundo en desorden, hipócrita e injusto.
¿Cómo seguir impávidos ante países que obligan a llevar el burka a sus mujeres, no poder salir de casa sin el consentimiento del marido, no permitir ir al colegio a niñas y adolescentes a estudiar..., y por nuestros lares, tener que soportar que las mujeres tengan que salir con el miedo en el cuerpo al cruzar la noche por descampados, calles céntricas o portales oscuros y si van vestidas a su aire y a su gusto sostener que nos provocan y piden guerra?
La foto no tiene desperdicio por su fuerza, por lo que habla y manifiesta, por lo que grita desde el silencio más absoluto, que es más grito, por toda su hermosura, que es mucha, por lo que nos interpela, por lo que nos está trasmitiendo a medida de verla sin prisas, mirarla con detenimiento hasta dejarla hablar y contemplarla hasta que haga nido en nuestro cerebro.

Nota no tan al margen: La imagen es de la fotógrafa del Kurdistan iraquí, Niga Salam, tiene 20 años y lleva cuatro recorriendo las calles en busca de historias de acoso hacia las mujeres y hacia el colectivo LGBT. Y se la está jugando con lo que dice y lo que muestra con su cámara: “El acoso, los abusos y las violaciones está a la orden del día, además de los matrimonios entre hombres adultos con menores. No tengo miedo a las consecuencias. Por ser feministas se nos tacha de putas. Alguien tiene que cambiar esto”, ha dicho. Tanto ella como el artista Azar Othman, igualmente iraquí, han estado en Bilbao recientemente desarrollando su trabajo lejos de su país en donde sería imposible mostrar lo que hacen. ¡Qué pena, y qué tragedia, a la vez! Pero su lección al mundo es ejemplar e imparable. Gracias Niga, gracias, Azar.

miércoles, 4 de abril de 2018

GRANDES DE NUESTRO TIEMPO


Ha muerto el maestro venezolano, José Antonio Abreu, y a mí se me antoja llamarle grande y héroe de nuestro tiempo por haber llegado a lo más alto que puede llegar un hombre: haber sabido crear de la nada un inmenso Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, utilizando un método de educación y de acción y un instrumento, la música, como arma para salir de la pobreza. ¡Cómo contrasta con el país cercano en otra dirección radicalmente opuesta!, un sistema que facilita y fomenta a sus ciudadanos armarse hasta los dientes, para defenderse, dicen.
Todo nació, como nacen las grandes aventuras y conquistas, desde una humilde experiencia en un local paupérrimo con 11 primeros alumnos, para convertirse 40 años después en un movimiento musical que nadie podía imaginar: en 2015, según cifras oficiales, El Sistema abarcaba a más de 400 centros de música y tenía 700.000 músicos jóvenes. El 85% de los alumnos salidos de las capas más marginales. Una experiencia que ha traspasado las fronteras de Venezuela, para implantarse en Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Asia.
Pero ahí se llega con un método de hacer y una filosofía que lo sustenta, los principios y la forma de ser del maestro Abreu:
Un primer principio irrenunciable: “La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura”, principio que se hace realidad en ejemplos paradigmáticos en figuras como Gustavo Dudamel, uno de los grandes directores de orquesta en la actualidad -dirigió precisamente el Concierto de Año Nuevo en Viena, 2017-, Diego Matheus, Christian Vázquez o Jesús Parra, alumnos, todos ellos, del maestro Andreu, sin olvidar la ingente cantidad de músicos virtuosos que se han integrado en las grandes orquestas del mundo.
Desde niño se dejó impregnar del “efecto contagio”, cuando con diez años vio cómo una niña se sentaba en el atril de al lado, y por querer impresionarla ¿su primer amor? se aplicó. Algo que comprobaría más tarde y sentenció: “El hecho de sentarse en un atril junto a alguien mejor, me impulsaba a crecer”.
Entender que la cultura, la música, el arte en general, pueden conducir a un estado fundamental de identidad y dignidad: “Lo más terrible de ser pobre no es solo no tener para comer. Es no sentirse nadie”.
Su método, como señalan los críticos, austero, firme, carismático y las cualidades por él preferidas: “Ambición de liderazgo, musicalidad y oído perspicaz”.
Y su convicción más personal: "La música tiene que ser reconocida como un agente de desarrollo social, en el sentido más elevado porque transmite los valores más elevados: solidaridad, armonía, compasión mutua. Y tiene la capacidad de unir a toda una comunidad y expresar sentimientos sublimes."
Estas fueron sus armas, así la dirección de su batuta y de toda su obra, estos los resultados.
Nada mejor para finalizar esta breve reseña con las palabras de su alumno, posiblemente más aventajado, Gustavo Dudamel, a raíz de su muerte: “Honor y gloria eterna al maestro José Antonio Abreu, Seguiremos tocando, cantando y luchando por el mundo que el maestro Abreu soñó y por e

sábado, 31 de marzo de 2018

MOMENTOS QUE NUNCA DEBIERON MORIR


En uno de los artículos de los viernes, que no suelo perderme, mi amigo Luis Alonso se refería a las personas que no deberían morirse nunca, y señalaba nombres como Stephen Hawking, Forges, Nelson Mandela, Lorca, Greta Garbo, María Callas, Audrey Hepburn, Billie Holiday, Scott Fitzgerald…, lo que me ha llevado a pensar al instante en los momentos de nuestra vida que nunca, igualmente, debieron morir, con la ventaja de que muchos de ellos podemos revivir a merced de nuestro deseo, algo que no es posible con los que ya se fueron, tanto famosos como los que componen la larga lista que a cierta edad vamos teniendo en la mente con mucho dolor de que no vuelvan, y no vuelven.
¿No crees que sería estupendo y hasta saludable pasar revista a algunos de esos momentos que se quedaron pegados a la memoria? Sabemos además que el pasado nunca muere del todo, y “ni siquiera es pasado?, que dijera Faulkner.
El salto de la imagen, de esas cuatro niñas, de alguna forma es inmortal, ha quedado fijado para siempre, y siguen regalándonos el milagro de una sonrisa que brota con facilidad al mirarlas, pero seguro que quedó en todos los poros de su piel. Pido por ello que, tengan la edad que tengan, si no ese salto, algo parecido, que haga que se les ponga la piel de gallina de emoción como en aquel momento.
Recuerda no el primer beso, que no te supo a nada, porque te asustaste, o no te dio tiempo a saborear, sino algunos de los que vinieron después que quedaron para siempre en los anales de tu biografía. ¿No habría manera de recuperar algo similar?, me parece que está en tus manos.
Estaba tu madre concentrada en la cocina preparando los desayunos y cuando entraste todo el espacio estaba invadido por un olor a café tan estimulante que te sigue llegando por los vericuetos de la memoria muchos años después. Quédate ahí y cuando de nuevo te llegue el olor en cualquier otro lugar, ¿no crees que estaría muy bien que unieras esos momentos y te quedaras unos minutos viviéndolos y recreándolos?
Ayer mismo alguien me recordó una frase que le dije, y que no se le ha olvidado, porque le hizo bien, cuando ya han pasado más de 40 y pico de años. Mi memoria no llega a tanto. Si haces una lista de algunas de esas palabras, frases, ideas que has dicho a lo largo de tu vida, ¿no crees que sería un trabajo muy reconfortante y para nada baldío?
De igual forma puede ser una canción, un baile, un libro, un amanecer, un abrazo diferente, una tarde en la playa, el primer racimo de las vendimias, la primera prueba de la matanza con el olor de toda la casa impregnada de carne fresca y pimentón de La Vera, los primeros versos aprendidos que aun recuerdas en su integridad -“Yo voy soñando caminos / de la tarde. Las colinas doradas, los verdes pinos, / las polvorientas encinas... / ¿Adónde el camino irá?”-, una merienda entre amigos, la silla acolchada de tu cuerpo pegada a la piel de seda de tu pareja cada noche, los besos de tu madre y la caricia de tu padre, la propina de la abuela, muchos de ellos siempre pueden enviarse por el correo del pensamiento a modo de carta que se envía al aire, un beso al cielo donde quiera que moren, una sonrisa que nace de nuevo en nosotros porque al acordarnos de ellos nos la devuelve el poder de la imaginación... Y así hasta el infinito, porque infinitos son los momentos a revivir. Y terminan siendo un canto a la vida.
Quédate saboreando esta frase: “Las únicas cosas importantes en esta vida son las que recuerdas”. Jean Renoir

miércoles, 28 de marzo de 2018

EL HOMBRE UN SER PARA LA VIDA


Hoy me apetece filosofar, en su acepción coloquial, que viene a significar eso tan excelente como darle vueltas a las cosas, pensar de forma ordenada y con rigor, y para ello lo haré de la mano de dos grandes filósofos, bajo su sombra o desde su luz, la que rechazo abiertamente de uno de ellos y hago mía la del otro, que esto es filosofar también. Te invito a darle vuelta al asunto:
“El hombre es un ser para la muerte”, dijo Heidegger, a lo que contesta Emilio Lledó: “Pienso, sin embargo, con todo el respeto para el filósofo de Friburgo, que el ser humano no es, en absoluto, un “ser para la muerte”, sino un “un ser para la vida”. Ese, digamos, regodeo en la mortalidad es una actitud enfermiza y sectaria que nos va llenando de oscuridad y fantasmas la existencia”.
Ya lo he dicho y lo repito, con todos los respetos al filósofo alemán, pero sigo en esto al maestro más cercano a nosotros, a nuestra mentalidad y a mi manera de ver la vida y la muerte y de enfrentarme a ellas.
¿Nos atrevemos a contradecir al inmenso poeta medieval, Jorge Manrique, con todos los respetos y uno más, quien, escribiendo desde su tiempo, entiende que los ríos van a dar a la mar que es el morir, con otra imagen más potente y optimista? Porque las aguas no mueren en el mar ya que este es la cuna en donde nació la vida y desde entonces las aguas que le llegan las devuelve en un círculo perfecto de ida y vuelta. Sin la evaporación que asciende de los mares no nacerían los ríos que van al mar que es el continuo nacer.
Hemos nacido para vivir y lo que importa, como la flor que nace un día y desaparece muy pronto del jardín, es ese instante, pues la vida es tan breve que pudiera resumirse perfectamente en un instante, la ráfaga y el fulgor del relámpago, y hemos nacido para vivir ese fascinante momento, tras el cual vamos dando paso a que otros y otros y otros repitan esa similar e intransferible, a la vez, emoción única.
Frente al “claro que moriré y me llevarán / en huesos y cenizas, que escribiera Juan Gelman, yo, estando de acuerdo, proclamo, a la vez, algo muy distinto:
Claro que viviré más allá de la muerte, el polvo por los suelos y la nada más vacía, siempre que le ronde a tu memoria una lágrima furtiva, un recuerdo que se vuelve caricia y un pensamiento detenido muy dentro de ti.
Claro que viviré más allá de la nostalgia y toda desesperación, cuando aflore en tu álbum un suspiro que llame a la puerta sin saber por qué, sin preguntar de dónde, sin avergonzarte de todo lo recordado.
Viviré tras el bache mortal. Me fui alegre sabiendo que viviré en ti, y en ti, y en ti..., entre los libros, donde dormirán también los míos y los muchos cuadernos, casi olvidados entre el polvo, y en tus recuerdos, en tu memoria y en la memoria de los tuyos más allá de tu muerte, (es la cadena, ya lo sabes, y que nunca se rompe) y entre la luz y las sombras del cosmos. Te diré, con uno de mis pensadores preferidos, para enderezar mis torpes y deshilachados pensamientos: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Spinoza
Muerte, ¿dónde tu victoria? Al final de la partida la vida termina ganando la apuesta porque el mar sigue y sigue generando vida. Muere cada una de las olas, pero el todo sigue.