lunes, 20 de febrero de 2017

A CARA DE PERRO



Tal y como es él, a ella se la conoce menos, ese encuentro, más bien encontronazo de actitudes, miradas airadas, flequillo desenvainado y enfrentamiento de narices, no puede terminar bien. Él lleva cuatro semanas gobernando el país más poderoso del mundo y ha demostrado, además de no tener ni la más remota idea de lo que ello significa, estar contra el mundo mundial como un tremendo peligro público. Nadie, menos Putin y la camarilla por él elegida, de la misma catadura, está a salvo de sus dardos venenosos, infantiloides, machistas, xenófobos y megalómanos.
Faltaba ella, y ella le ha puesto cara, me lo parece a mí, y ya es la segunda vez, en fotos públicas: le sostiene la mirada, lo que es mucho sabiendo que está ante el dios de todos los dioses que en el mundo han sido en su mente patológica. Pero sin gustarme nada esta mujer, me agrada su puesta en escena con ese porte enérgico, libre, sin miedo y el pulso que le está echando a quien se cree el dueño de todo lo divino, lo humano y del más allá.
Aquí estoy yo, le está diciendo, atrévete, puedo hundirte, no me toques ya más los ovarios, que me tienes avergonzada, enfurecida y no te soporto más. A mí no me trates así. No soy tuya, no soy tu juguete, tu jarrón chino..., la comedia se acabó. O te comportas de otra manera, lo que es imposible, o al menos guardas las formas, aunque me temo que también es imposible. Es mi primer aviso, Donald, quizá no haya lugar a un segundo. No me amenaces. Esta que te quiso en su día, no sé por qué, la verdad, está cansada y harta, y ya no sabe si todo se ha desvanecido y quedado en nada.
Esto, más o menos, le diría una mujer de cuerpo entero y alma libre. Lo que no sé es si Melania es de esa estatura moral. Pero, ¿quién sabe?
Lo que sí sé es que a estos tipos hay que pararles los pies y decirles NO, porque nos quieren convertir a todos en bárbaros, como nos diría el sabio Todorov del que hablé hace unos días.
Nota no tan al margen: Estoy con el escritor Manuel Rivas cuando escribe: “Trump es un presidente que necesita con urgencia otro presidente”, y con Jorge M. Reverte, no confundir con Arturo Pérez Reverte, cuando a raíz de hablar de la era de Trump termina de esta manera: “Es tiempo de grandes pensadores y de héroes”, habiendo dejado esta otra idea que me yo me atrevo a subrayar: La protesta contra la forma de gobernar del presidente de los Estados Unidos hay que hacerla contra los millones norteamericanos que le han votado. Y dado que el ritmo de la vida es tan vertiginoso no tenemos, ellos y nosotros, tanto tiempo en dejar pasar el compromiso de ciudadanos libres y responsables aquí y ahora, en este mismo instante. Más aún: el planeta entero no puede permitir que este personaje gobierne Estados Unidos cuatro años. En un solo mes ya se ha visto lo que da de sí.

jueves, 16 de febrero de 2017

OJO CON LAS PALABRAS QUE SALEN DE LA BOCA


Me ha gustado el título de la página de psicología de “El País Semanal” del último domingo: “Las palabras que el viento no se lleva”, porque es cierto que las palabras no suele llevarlas el viento. Hay palabas que hieren y palabras que matan, palabras que son una bendición y palabras que salvan. Saramago tiene un capítulo espléndido dedicado a ellas que empieza así: “Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician”. Por eso es bastante desacertado sostener que “las palabras se las lleva el viento”, que “lo que valen son los hechos” y con cierto aire de desprecio decir: “bah, son solo palabras”.
Para el economista y consultor Gerver Torres “una palabra nos puede derrumbar con tanta fuerza como la de un martillazo, y otra, levantarnos con la energía de un buen empujón”. Todos hemos sido testigos, más de una vez, y centro de diana de algunas palabras que nos han herido profundamente y otras que nos han encendido el ánimo y reconfortado durante mucho tiempo.
En la novela que estoy leyendo y disfrutando en estos días, “Ave del paraíso” de Joyce Carol Oates, se describe el lenguaje que utiliza Aaron Krull de manera contundente: “joder, cabrón, gilipollas, hijo de puta...”, dirigido a chicas, mujeres y muchachos más débiles como si disparara en el vertedero contra las aves carroñeras, las ardillas, perros y gatos callejeros: “pum, pum, pum”. Esas palabras, la manera de decirlas y a quien se dirigen, no son en absoluto nada inocentes.
Es relevante el siguiente dato según algunos estudios que dice que se necesitan cinco palabras positivas, por ejemplo de elogio, para compensar una negativa, por ejemplo irrespetuosa o humillante, lo que nos debería llevar a pensar el peso específico y tremendo que algunas palabras conllevan y pueden generar, que no se contrarrestan con una palmadita en el hombro o una simple palabra de disculpa para paliar el daño que se ha cometido.
Obras son amores, pues claro, como las palabras, pero esto se nos había olvidado, nos lo habían hecho olvidar al hablar solo de los hechos y de las imágenes y su valor. Y hasta no se nos había ocurrido que una palabra puede valer más que mil imágenes y el silencio ser más elocuente que mil palabras. Se nos olvidó o no lo aprendimos nunca.

lunes, 13 de febrero de 2017

UN SABIO HUMANISTA



He celebrado, sin eliminar la pena, la muerte del sabio humanista Tzvetan Todorov, como mejor sé y creo que a él le gustaría tal y como lo he hecho. Así me agradaría a mí que lo celebraran mis amigos, y los más míos, en la última despedida, aunque no tanto para leer alguna de mis cosillas, claro, como para recordar, con una copa de buen vino o un simple café, algunos buenos momentos vividos en compañía. He hablado bien de él en el taller de escritura, he leído algunas frases de dos libros suyos leídos, releídos y subrayados y hasta he pensado para la próxima sesión trabajar alguna frase suya, ambientarla con el capítulo en el que se incluye, su contexto, y hacer que elaboren su propio escrito.
Podría ser esta:
“Ninguna cultura es en sí misma bárbara, y ningún pueblo es definitivamente civilizado. Todos pueden convertirse tanto en una cosa como en la otra. Es lo propio de la especie humana”.
Es el final de un largo capítulo del libro “El miedo a los bárbaros” que se lee con enorme facilidad, como todo lo suyo.
Ser bárbaro, para Todorov, es el que transgrede las leyes más fundamentales de la vida común, los que marcan un auténtica ruptura entre ellos y los demás hombres, no tener en cuenta si los demás los observan cuando realizan los actos más íntimos, los que viven en familias aisladas en lugar de agruparse en hábitos comunes, los que niegan la plena humanidad de los demás, tratar a los otros como no humanos, como monstruos y como salvajes..., para concluir con esta gran verdad: no podemos decir que la barbarie sea inhumana y mientras no reconozcamos que la inhumanidad es humana, seguiremos contándonos mentiras piadosas y esta otra: las tortura, la humillación y el sufrimiento que se infligen a los otros forman parte de la barbarie...
Ser civilizado, sigo el pensamiento del pensador búlgaro-francés, es el que sabe reconocer plenamente la humanidad de los otros, es reunirse con otros y establecer contactos prolongados con ellos, formar entidades superiores, un pueblo, un país, un Estado, es “colocar todas las literaturas extranjeras en pie de igualdad con la literatura nacional”, tomado de Yasmina Reza, es reconocer la pluralidad de grupos, de sociedades y de culturas humanas, y colocarse a la misma altura que los otros, es distanciarse de uno mismo para ser capaz de verse desde fuera, como con los ojos de otro, y ejercer así un juicio crítico, no solo de los otros, sino también de uno mismo...
Con solo estas mimbres ¿cómo no divagar por cuenta propia por donde nos impulsen los vientos siempre favorables de la inspiración que nunca descansa a poco que se la trabaje? Estoy seguro de que el taller, como siempre, se convertirá en un enjambre laborioso y la cosecha de miel y palabras será rica y abundante. Ya lo veréis.
Nota no tan al margen: Ya puestos, cómo no recomendaros igualmente “El espíritu de la Ilustración” e “Insumisos” que leí y he vuelto a releer y subrayar. Tzvetan Todorov nació en Sofía (Bulgaria) en 1939, lingüista, filósofo, historiador, crítico y teórico literario de expresión y nacionalidad francesa, premio Príncipe de Asturias, y ha muerto el 7 de febrero de 2017.

jueves, 9 de febrero de 2017

¿SOLO PARODIA Y JUEGO?


Eso que tenemos a la vista no está bien. Lo ve el más lerdo y el más egoísta por muy neoliberal que alardee ser y parecer. Porque aquí de lo que estamos hablando es de esa desigualdad hiriente e insana por hiriente. Eso es lo que grita la imagen captada de la realidad más actual y acuciante… Porque a medida de que la crisis se queda entre nosotros a vivir por los años de los años, crece más la fractura entre los ricos y los pobres, entre los que lo tienen todo y algo más y los que no tienen donde caerse muertos. Los últimos datos nos hablan de España y cómo en estos años malditos los ricos han aumentado su patrimonio. Y no harían falta palabras, con una imagen tan potente, pero sí, porque la palabra sigue alumbrando, alargando el relato, profundizando, yendo al origen de las causas y las cosas, dando más sentido a la imagen, mayor intensidad si cabe y más colorido, tocando más fibras y abriendo mucho más el abanico de las sensaciones, las emociones y las ideas.
Sí, ya sé que es una parodia, un juego, porque se trata de un mismo personaje que ha jugado a ser dos cosas antagónicas a la vez. Rico y pobre. Pulido y andrajoso. Pero, en este caso, parodia y juego son pertinentes porque hacen dar vueltas a nuestras cabezas a lo mejor que les queda todavía: la capacidad de pensar, de ir más allá, de querer arreglar las cosas de aquí abajo, que son las que de verdad importan y aportar ese grano de arena que hace montón y playa.
Una imagen tan elocuente que dice más que mil discursos vanos y mil palabras redichas cuando estas solo son chillidos de cacatúas parlanchinas. Y dice más cuanto más tiempo queda en la retina y se queda largo rato haciendo compañía sosegada o inquietante.
Pero quizá lo más importante, aun sin pretenderlo, es que el individuo ha conseguido el milagro de hacer que la pierna derecha, pobre y andrajosa, aspire sin odio, a ser un día como la pierna izquierda y que esta tenga siempre en cuenta a su compañera y hermana y la trate como es propio y humano.
La imagen en cuestión hiere no tanto porque una sea la pierna de un rico y la otra de un pordiosero, sino por su desigualdad, que como escribía el historiador y escritor británico, Tony Judt, se corresponde con problemas patológicos. Y porque es un problema patológico urge ponerle remedio. Urge poner remedio a la desigualdad hiriente de esas piernas.

lunes, 6 de febrero de 2017

LEER Y NAVEGAR



Quizá eso sea leer, además de mil cosas más, claro: navegar por cien mares, no importa si para llegar muy lejos o para no salir del propio corazón regado de buena letra y del propio cerebro insuflado con el mejor de los oxígenos no contaminados. Y no solo de la mano de Julio Verne, sino también de todos los más grandes y los más pequeños, que nos acompañan en este viaje del vivir.
Leía esta misma mañana, permitidme el inciso, lo que dice Enrique Vila Matas de la escritura: “Escribir es corregir la vida, es la única cosa que nos protege de sus golpes y sus heridas”. Pues lo mismo: Leer es corregir la vida, es la única cosa que nos protege de sus golpes y sus heridas, nos ofrece calor de hogar y pone en tela de juicio nuestras certezas.
Pero sigamos con el dibujo y la metáfora que encierra.
Leer es navegar, surcar los mares que nos regala cada autor para adentrarnos en su vida, o la de sus personajes, sus sueños, sus ideas y sus deseos, cómo llevan la vida, unos y otros, cómo nos la muestran y cómo se enfrentan a ella, qué pautas casi entre líneas nos van marcando, casi sin pretenderlo, porque si son maestros y sabios serán humildes y no pretenderán ni ser maestros de nadie ni sabios, sino sabedores de que nada saben y lo ignoran casi todo como buenos sabios, que es de los que más se aprenden.
Leer es ir al fondo de uno mismo mientras se recorren páginas, como mares, caminos, pueblos y ciudades... que no son sino el espejo en donde se reflejan las mil caras de nuestra personalidad.
Leer es buscar a los otros para que nos abran sus puertas de par en par, nos den luz y cobijo, o sobresalto, un café caliente si es de mañana y a media tarde o cuando anochece una copa de buen vino para continuar remando, navegando y llegar a los mejores puertos que siempre están a la espera deseando deslumbrar o atemperar al cansado de tanto trasiego por el áspero mundo.
Leer para ver más, escuchar las mejores letras de las sinfonías mejor acabadas, y en caso de ser inacabadas para terminarlas como buenos y creadores lectores, compartir el pan y el vino, detenerte entusiasmado cuando lo que lees ya lo has pensado más de una vez y se ha quedado agazapado con cierta timidez pensando que si era tuyo no tendría apenas valor alguno, poder entrar sin pedir permiso en las casas y sus secretos, en las almas y sus pasiones, en los cuerpos y sus afanes alicortos o desmedidos, pulsar las emociones de los vivos y los entes de ficción similares a los tuyos que te dejan cierto regusto de no ser tan raro y único como creías ser. Son de la familia y tú no eres de otro planeta. ¡Qué descanso!
Leer para saber más, para regalarte una vida buena, para calentarse en el fuego de los otros... y navegar para recorrer mares, conocer mundos, ir más al fondo y adquirir una conciencia más despierta y despejada.
Lo dijo mejor que nadie Emily Dickinson:
“No hay fragata como un libro
para llevarnos a tierras lejanas
ni corceles como una página
de burbujeante poesía
-esta travesía el más pobre puede hacer
sin la opresión del peaje-
cuán frugal es el carruaje
que lleva el alma humana”.

jueves, 2 de febrero de 2017

CONFUNDIÓ EL SONIDO DEL VIENTO CON LA VOZ DE LOS ÁNGELES


Nota no tan al margen:
Esta vez comienzo por el final. Escribí el siguiente monólogo hace unos meses y leo, en estos días, que nuestro escritor vallisoletano a quien tanto admiro, Gustavo Martín Garzo, por eso le cito con frecuencia, en este artículo también lo hacía, acaba de publicar una nueva novela sobre la historia bíblica de Abraham e Isaac, “No hay amor en la muerte”, y por lo que he leído en la prensa va en la misma dirección, pero él como maestro. Necesito, ya mismo, leerla. Ah, y perdón por el monólogo que ha salido un pelín más largo de lo normal.
Monólogo de Isaac:
“Toma ahora tu hijo único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” Génesis
Aquel día caí muerto sobre la peña, porque los sentidos se me apagaron en cuanto se encendió la luz hiriente del cuchillo grande que usaba mi madre en las cosas de la cocina, hasta que un fuerte viento que bajaba de la ladera me despertó y es cuando noté en mi mirada una rabia casi odio, que resbalaba hasta el pecho, y que nunca había conocido, dirigido al hombre que veneraba desde el uso de la razón, rabia que ha durado, por eso hablo de muerte, 57 años, 3 meses y 14 días, hasta este mismo instante en el que mi padre, Abraham, el padre de la fe de muchos pueblos, ha cerrado los ojos para siempre.

Pero padre, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?
Era todo azul el cielo cuando abrí la ventana, tenía todavía los ojos pegados al sueño, pero en cuanto me llamó mi padre me levanté a toda prisa porque, aunque no me había dicho nada al acostarme, entendí, como otras veces, que me tenía preparada una sorpresa. ¿Iríamos a probar las primeras uvas a la viña preferida de toda la familia? ¿Me llevaría al pueblo de las montañas para comprarme unas botas de caza?
Nos pusimos en camino, monte arriba. Yo iba como siempre, delante, llevando las correas del asno que mi padre usaba cuando el camino iba a ser largo. Y como le preguntara una y un montón de veces más, que adónde íbamos aquella mañana de luz intensa y diera muchos rodeos hasta que de tanto insistir se diera por vencido y me dijera que íbamos a la cumbre del monte a ofrecer a Yahvé un sacrificio, le contesté:

Pero padre, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?
Él me respondió con la frase que tenía siempre a la puerta de la boca:
Dios proveerá.
Hasta que llegamos a una peña que estaba en lo más alto desde donde se divisaba el mar. Y yo insistía:

Pero padre, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?
Y es entonces cuando me entró un gran temblor en todo el cuerpo, cerré los ojos después de ver brillar al sol de la mañana el rayo deslumbrante del cuchillo y no vi más, nada oí..., hasta que el viento de la ladera le susurrara a mi padre al oído, creía que era un ángel, como siempre, que se detuviera, que había ya demostrado que su fe era grande. No quise saber nada más, ni me interesó que echara mano de un carnero que saltaba por las rocas apartado del rebaño y había quedado con los cuernos entre la maleza e hiciera lo que a mí tanto hería a mis sentidos: la sangre por el suelo, el olor a carne quemada y el humo que subía a lo alto hiriendo los ojos cuando el viento hacía remolinos.
¿... y quién, cómo, cuándo, por qué, qué se cuece en los sesos de la mente de los hombres... eran las voces que atronaban en mis oídos?
Quizá no tuviera culpa de nada, mi padre, porque confundía los sueños que todos tenemos con mensajes de lo alto..., que ya decía mi madre: Abraham, te vas a volver loco de tantos sueños y de tanto confundir al viento de la ladera con el aleteo de los ángeles zumbando en tus oídos. Eso le decía mi madre, Sara, y sonreía como cuando le dijeron que iba a tener un hijo muy entrada en años. Quizá no tuviera culpa de nada y solo se debía a algún desequilibrio de su cerebro, pensaba yo. Si no, ¿cómo entender el desvarío de una obediencia tan ciega y tontorrona?
A medida de ir haciéndome hombre he seguido pensando que quizá no tuviera culpa, porque quienes la tuvieron sobremanera fueron quienes se inventaron el personaje de mi padre, y la historia del sacrificio, y un hijo tan obediente y sumiso, y un Dios que exige esa fe inquebrantable en los humanos, más la sangre y el humo con olor a cuerno quemado, sin sentido, de animales, y la muerte de un cordero inocente, como yo, en la flor de la adolescencia desde donde me salió para siempre el fruto de la rebeldía con causa o sin ella a raudales.
Así que a estas alturas de la vida sigue en mi mente la pregunta de marras:

Pero padre, ¿dónde está el cordero para el sacrificio... y por qué esa necesidad de sacrificios a los dioses... y esa sangre rodando por el suelo... y ese olor a chamusquina que incendia los pulmones... y ese humo ennegrecido que enturbia la mirada... y por qué tienes que confundir el sonido del viento con la voz de los ángeles..., y por qué tanta gente se imagina y dibuja a un Dios así: a imagen y semejanza de su mente chiquita y retorcida..., ¿por qué..., por qué?...
El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán desde el cielo y le dijo:
—Juro por mí mismo, oráculo del Señor, que por haber hecho una cosa así, y no haberme negado a tu hijo, a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas; y tu descendencia se adueñará de las ciudades de sus enemigos. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra porque has obedecido mi voz.
AMEN, y mejor... de amén nada, porque merece seguir reflexionando, esta vez, de la mano del escritor Gustavo Martín Garzo, en uno de sus artículos, y no volver a poner punto final a esa historia macabra:
“No tengo ninguna duda de que si Don Quijote se hubiera encontrado en una de sus andanzas con Abraham y su hijo dirigiéndose al monte Moriah la habría emprendido a mandobles con el primero y puesto fin al sin sentido de aquel sacrificio”.
Pues eso.

lunes, 30 de enero de 2017

DEJEMOS DE HABLAR DEL TIEMPO


Ahora que se han ido las nieves, las nieblas, las heladas y los fríos es hora de dejar de hablar del tiempo para hablar, del gobierno, si hiciere falta, tanto si llueve como si no llueve, y sobre todo de aquello que nos preocupa en verdad y de lo que debemos principalmente ocuparnos.
Como es hora de que los telediarios y las noticias de las 2, las 3, las 8, las 9 y las 24 dejen espacio para otros temas de mayor enjundia, sutileza e interés. Porque estamos saturados, nos han saturado, nos hemos empecinado y rebosado todos los vasos del monotema: nieve, viento y frío.
Porque, insisto, hay miles de cosas, temas y asuntos más importantes a los que dedicar nuestro tiempo, una vez que ya nos lo han dicho todo y nos hemos quejado hasta la saciedad, hasta que volvamos a hacerlo cuando lleguen los calores sofocantes del verano próximo que será como todos, grados arriba grados abajo. Y porque no es bueno y saludable desviarse, escaparse de allí donde nos duelen las historias, ni dejar que nos engañen, nos traten como si fuéramos imbéciles, ni permitir que nos aturdan y nos encandilen con banalidades, pues es necesario acaso más que nunca afinar mucho el espíritu crítico. Y decir nuestra palabra, ni una más, para escuchar las palabras de los otros con el respeto que se merecen. Y que ahora que han pasado los fríos los centros de salud se pongan al día, las listas de espera tengan menos espera y las urgencias menos aglomeraciones porque hay más recursos.
“La fijación con la climatología es una forma de escapismo fomentada para no reparar en la catástrofe social que nos rodea. ¿Se han dado cuenta de que ya nadie habla de los refugiados? Sí, de los primitos del niño Aylan. Está muy bien dar cuenta de que los pasajeros del AVE han sido bloqueados varias horas cruelmente en Albacete, pero hay familias enteras abandonadas bajo toldos porque nadie ha movido un dedo por ellos en dos años”, escribía en una de sus magníficas columnas recientes en EL PAÍS, David Trueba.
Porque si de catástrofes se trata nada como las de los miles de refugiados que deambulan de país en país, perdidos, sin brújula, sin nada que llevarse a la boca o solo la escasa comida de alguna ONG, durmiendo en tiendas de campaña a muchos bajo cero, y sin futuro, por encima de todo sin futuro que llevarse a sus vidas, posiblemente la mayor de las desgracias.
Porque no hay que olvidar el paso de Obama y Michelle por la Casa Blanca, su ideología, su estatura moral, su talante humanista, que nos hacen mejores, y habrá que estar del lado de las multitudinarias manifestaciones de mujeres que llenaron las calles de las grandes ciudades americanas y de gran parte del mundo, al día siguiente de la toma de posesión del nuevo inquilino de infeliz memoria, para estar a su lado y lejos de “las mentiras, los insultos, la amenaza y la zafiedad de Trump”, como decía Iñaqui Gabilondo al que dedicaba una de sus colaboraciones soberbias en las mañanas de la SER. ¡Vaya semana negra!
Sí, por favor, dejemos de hablar del tiempo para dar paso a los grandes temas de nuestros días, de nuestro tiempo. Nos va en ello nuestra suerte, que es el sentido de estar aquí y ahora, despiertos, despejados y comprometidos.