martes, 7 de marzo de 2017

ELLA ME PIDIÓ TIEMPO... Y YO LA INVITÉ A UN CAFÉ


Tomo, de entre las viñetas magníficas que día tras día nos regala José Antonio Trejo en Facebook, el siguiente diálogo, que atraigo hacia mi huerto para que florezca más y mejor, si cabe, y dé nuevas flores y frutos abundantes:
“Ella me pidió tiempo.
Yo le di mis lunas y mis soles, mis segundos, los minutos y mis horas… Le ofrecí un octubre acompañado de 11 meses, envejecer con ella, y hasta le obsequié mi reloj de arena.
Ella me pidió tiempo.
Creo que las definiciones en su diccionario no son las mismas que en el mío”.
Podríamos decir amén, muy bien dicho, así sea y sanseacabó, pero ya sabes que a mí (y en el fondo a ti también) me gusta seguir el camino ya iniciado para transitarlo por cuenta propia y descubrir lo que se ponga por delante ante los sentidos abiertos y despejados.
Ella me pidió fuego y, después de dárselo, yo la invité a café para intercambiar palabras de agradecimiento al alimón, ver en compañía cómo pasa la vida, a dónde se dirige la gente con tanta prisa, sin saber detener el tiempo, aunque solo dure lo que dura un cigarro apresurado, poderse mirar a los ojos para escuchar de paso cómo late el corazón y sus angustias o hacia dónde se dirige el pensamiento razonado y libre y el deseo del contagio saludable.
Y así un simple café puede que nos enseñara que tenemos definiciones de las cosas y la vida diferentes, pero que a partir del sencillo intercambio del tiempo, las palabras y las mutuas gracias podemos aprender a convivir con mayor respeto y tolerancia, compartir el pan, la sal y la ternura, hacer aflorar la densidad del encuentro y que haya flores y frutos más abundantes en nuestras calles y en nuestros jardines y huertos, tantas veces, ay, yermos.
Y ya puestos, a la sombra del 8 de marzo, vamos juntos a exigir unas políticas que en sus ideologías partan de la igualdad de los sexos, gestionen la cosa pública con medidas concretas a favor de esa igualdad y de igual forma un caldo de cultivo que nos involucre a todos en la conquista de un mundo más humano y menos salvaje, en que decidan el rumbo de sus propias vidas sin interferencias de dominio y odio al otro, más bien a la otra.
Desde este humilde rincón me uno a todas las manifestaciones a favor de la mujer y contra la violencia machista y todo tipo de maltrato. Porque ¡ya está bien!

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