jueves, 6 de octubre de 2016

SI LO DEJO, NUNCA SERÉ BUENO


En donde se demuestra, aquí al menos, que el verdadero maestro es el alumno, porque el maestro lleva ese nombre que no se merece, puesto que lo ha dejado por los suelos. Educar no es decir: “déjalo, no eres bueno”, sino todo lo contrario, más o menos así: resiste, échale coraje, tiempo, mucha paciencia y, por encima de todo, créetelo, tienes posibilidades, puedes llegar a ser bueno, hasta muy bueno, si te empeñas y encuentras por el camino gente que te anima, cree en ti y agradece a quien te echa una mano.
¡Cuánto daño se ha hecho por poner tanto énfasis en la primera fila como en la última! En la primera es fácil convertirse en cretino, petulante, sabelotodo, egoísta, odioso. En la última, un renegado, un pasota, pará qué seguir si ya está el bacalao vendido, si soy un inútil, si no valgo, si todos me dicen que no soy bueno, ¡cómo no van a tener razón!... Y termina creyéndoselo.
Estoy convencido de que la inmensa mayoría, menos algún listillo y algún zoquete integral, es gente del montón, y tú y yo sabemos que los genios se cuentan con los dedos de la mano. Poéticamente un día me atreví con estos versos en un poema titulado “Ser solo piedra”, que hice a la sombra de León Felipe:
Ser sólo eso, / piedra pequeña, / y nada más...
Ser sólo eso, / hombre, / ser vivo / que ríe, / sueña, / juega con las palabras / y ama. / Ni pájaro, / ni monte alto, / ni famoso adinerado, / ni el último, / ni el primero, / del montón / alegre / y bullicioso, / del grupo apretado / y siempre dispuesto / al abrazo...
Es en el grupo en donde puede descubrirse lo mejor del ser humano: la horizontalidad, la humanidad, codo a codo, sin competir quién es el mejor, el más guapo y el más listo, porque de lo que se trata es de que cada cual aporte lo mejor al grupo que lo enriquecerá, porque de lo que él está dotado, los otros carecen de ello y lo que los otros tienen él no lo tiene. Y si de destacar se trata que nunca sea para pisar, zaherir desde arriba y humillar, sino para caminar en el camino de la verdad: un día te toca a ti y otro me tocará a mí en otra materia, en otro orden de cosas. Sin olvidar que salimos del vientre de las madres hechos una porquería y volveremos al seno de la tierra convertidos en polvo y ceniza.
Advierte cómo en la viñeta es el alumno el que da sopa con onda en el arte y oficio del aprendizaje al no hacer caso de los consejos nefastos -me gusta decir que tanto eso como aquellos de “tú no serás nunca nada, ni llegarás a nada” son de juzgado de guardia- y creer en las posibilidades que lleva muy dentro de sí y está dispuesto a explotar: “Si lo dejo nunca seré bueno”. ¡Qué grande y qué lección más deslumbrante!

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