martes, 26 de enero de 2016

LA VIDA ETERNA DE UN CLAUSTRO





Aunque la provincia de Palencia está poblada de arte románico, hay una joya esplendorosa de este arte que destaca y fascina a cuanto amante de lo bello exista y sepa disfrutar del arte cuando éste llega a lo más alto.
Es el caso de este claustro románico de de San Andrés del Arroyo, conjunto sobresaliente de uno de los más conocidos monasterios románicos de Castilla y León, al hallarse en el norte de Palencia. Se encuentra en la comarca de la Ojeda palentina.
Estamos ante una pieza espléndida del tardorrománico palentino y castellano. Los arcos son ligeramente apuntados y se aprecia una mayor sofisticación de otras obras de este estilo próxima al gótico, en la manera de esculpir los capiteles. El románico está a punto de morir y el gótico a punto de aparecer. ¡Cómo cantan en el silencio del monasterio esas parejas de columnas con fustes separados y capiteles con figuración vegetal! Sobresalen los capiteles calados conseguidos a base de trépano. No estamos ante la desnudez típica del Císter. Aquí los artistas obedecieron más al manierismo románico francés logrando un espíritu manierista barroco y efectista logradísimos.
Dicho lo cual será mejor dejar hablar a lo que ven los ojos, bien abiertos, porque si se trata de buena música es mejor cerrarlos para que entren mejor por los oídos del alma, y quedarse extasiado ante tanta armonía y tan inmensa belleza. Aquí se detiene el tiempo, el aire que se respira tras la contemplación tiene sabor a eternidad y de luz no usada.
¡Qué diferente este claustro y el quehacer de los que lo pusieron en pie de los actuales muros de cemento para todo y sus constructores! Y de qué manera ha retrocedido el progreso! ¡Cómo no admirar con asombro a aquellos artistas geniales anónimos que llegaron a lo más alto y dejaron estas obras imperecederas sin darse ninguna importancia! Éste rincón no es espacio para la muerte, es para celebrar la belleza en el silencio de un monasterio casi perdido en el espacio y en el tiempo.

Nota no tan al margen: Nos acompañaron Mª Jesús Prieto, de guía experta, Enrique, Maribel, Gloria y Amado. Todo un placer.

Foto de Enrique Salas

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