lunes, 14 de mayo de 2012

LAS VENTANAS DE LA CABAÑA QUE NO TENÍA VENTANAS


VENTANA 41


En una de sus columnas antológicas, casi todas lo son, Manuel Vicent hace memoria de las cabañas que de niños todos hicimos y hacia las que quisiéramos volver.

Yo también tuve mi cabaña-cabaña en el majuelo de Villalbín, que mi padre plantara el año en el que nací, allá por el 39, cómo corre la vida. Vuelvo con frecuencia a aquella cabaña que hacía todos los años el guarda de las viñas, pero como estaba en nuestro majuelo, la consideraba mía.

”Existen seres privilegiados, dice Vicent, que son capaces todavía de montar a cualquier edad aquella cabaña de la niñez en el interior de su espíritu para hacerse imbatibles dentro de ella frente a la adversidad. Si uno la mantiene limpia es como si estuviera limpio todo el universo; si en su interior suena Bach la música invadirá también todas las esferas celestes. Este reducto está al alcance de cualquiera. Basta imaginar que es aquella cabaña en la que de niños nos sentíamos tan fuertes”.

Yo me considero privilegiado por haber dejado aflorar al niño que llevamos dentro y permitirle que siga montando sus cabañas, sus sueños, sus rebeldías, sus recomendaciones tan sabrosas y sus aventuras desde la necesaria desobediencia.

Aquellas cabañas de mi infancia que no tenían ventanas, cuando todo el campo era puro y duro rastrojo, y mi padre me llevaba a probar las primeras uvas, me abrían la mirada al paraíso del verdor y de la abundancia en tiempos de posguerra y escasez.

7 comentarios:

Mª Jesús Prieto dijo...

Ayyy qué desazón... nunca tuve cabaña... Ahora comprendo el padecimiento que me supone el trato con ciertos políticos... me falta la estructura básica que protege contra la adversidad.
Habrá que buscar un refugio similar para los urbanitas Ángel... que elimine esta orfandad que acabo de descubrir... Pobres esferas mías si no... condenadas al silencio. Uff. Suertudo!

Anónimo dijo...

No me creo que tú no tengas tu cabaña...

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Chus, te dije a bote pronto que no lo ibas a tener todo, pero este anónimo veneciano querido me ha dado la respuesta verdadera, no creo yo, también, que tú no tengas tu cabaña.

El pastor de... dijo...

Permitidme que rinda un pequeño homenaje a los niños que no tienen que desear volver a los recuerdos de su primera cabaña, porque permanentemente han seguido reconstruyendo, reformando y reforzando aquella que, desde los seis a trece años (a los 14, y antes, ya eran hombres) construyeron con mucha ilusión.

Aquella primera cabaña, que el tiempo inclemente se encargó de destruir, quizás fue el acicate para que el niño, lleno de ilusión y sin tener ventanilla a la que acudir, siguiera construyendo otra más fuerte…y otra…y otra…y otra. Hasta que aquella cabaña, sin ventanas, y con una puerta sin más cierre que la última ramera, se ha ido transformando en cabaña con amplios ventanales, abiertos a los cuatro puntos cardinales, desde donde se otea el horizonte con la serenidad que ofrecen, contra los vendavales que azotan pueblos y ciudades, sus sólidos cimientos.

“El miedo guarda la viña” Desconozco de quién es la frase, pero no desconozco su significado. Cuando las uvas los melones y las sandías iban madurando, de la noche a la mañana por el campo aparecían pequeñas y rudimentarias construcciones sin ventanas y casi sin abertura para entrar y salir. Cómo desde fuera no se sabía si dentro estaban el guarda, o el dueño, el miedo a ser pillado, in fraganti, guardaba la viña o el melonar.

Os voy a contar un hecho que ocurrió en mi pueblo: un melonar; dos cazadores con ganas de comerse un melón, y la duda de si en la cabaña puede estar el guarda, o el dueño. De repente a uno de los cazadores se le encendió una luz y dijo al otro: esto lo sabemos enseguida. Entonces se echó la escopeta a la cara y apuntó en dirección a la cabaña. ¿Qué pasó? Pues que el guarda salió dando voces para que no disparara en aquella dirección.

Perdonar, ya sé que soy pesado pero… es que soy de pueblo. ¿Lo habíais notado?

Un pueblerino abrazo.

Mª Jesús Prieto dijo...

Pues ya lamento contrariaros: lamentablemente no tuve cabaña de niña. De esas que contáis con tanta pasión, pequeña, acogedora, sin ventanas, y por lo que oigo y leo, con poderes especiales.
Mi compi de vida, que nació y se crió en un pueblo de la montaña, corrobora vuestra versión. Me dice que esa cabaña te hace invencible.
Tengo otras claro... pero son de espuma. Y no es una queja, sino una alegría, por supuesto. Aún así, nada comparable a las vuestras. Ahora bien, en esta mía nadie apunta con una escopeta... Qué susto cuando lo he leído!! Pastor, menuda sangre fría tenían esos dos cazadores, uff.

jubilación viene de júbilo dijo...

Mis "cabañas" fueron los caleidoscopios. Bastaba darles otra vuelta para que todo cambiara de forma y color. ¡Nada terminaba y todo se llenaba de luz.
En estos tiempos , con más razón, sigo guardando y construyendo y regalando un caleidoscopio.

Gloria Rivas dijo...

Bueno..era lo que me faltaba por oir.
Que la cabaña del que coordina este blog era un "caleidoscopio".Acabará por trastornarnos.
(Voy a la wikipedia a ver qué es eso.)
Kalós=bella
Scopeo=imagen
Con láminas traslúcidas y un tubo con tres espejos...
Uno de los juguetes más conocidos del mundo.
No sé..no sé..
pero me da que éste lleva un niño dentro.¿?
Bussa.