jueves, 25 de noviembre de 2010

ESTUPOR: ¡no se arrepienten de nada!

Estupor, al menos, por ir por lo suave, me causan todos aquellos personajes, fundamentalmente de la vida pública que, sin que se les caiga una sola pestaña de desfachatez o cinismo, ni la cara de vergüenza, declaran a las claras que no se arrepienten de nada de todo lo que han hecho en su vida, aunque siempre se refieren a lo que podían haber hecho y nunca a lo que han dejado de hacer. Tan grave lo uno como lo otro.

No lo entiendo, porque a poco que uno se mire a sí mismo en su desnudez más transparente, encuentra tal cantidad de telarañas, miserias, errores, vicios, meteduras de pata a toda pastilla, incorrecciones, no haber estado a la altura, no haber movido una mano cuando todas y una más eran necesarias, haber arrojado la toalla antes de comenzar, pocos detalles con quienes estaban hambrientos de calor y cercanía, muchas faltas que han hecho mella en seres inocentes y que esperaban y tenían derecho a esperar más de nosotros…, la lista se haría interminable, a no ser que tú yo seamos de otra madera y otro barro distinto a ellos.

No lo entiendo. ¿Desde dónde habla esta gente que así piensa y va por la vida sacando monstruosamente pecho? ¿Desde más allá de las alturas, desde más allá de las estrellas? ¿Son seres de otros planetas?

O sí lo entiendo: nos tratan de engañar, nos tratan como a bobos de baba, porque cuando se miran al espejo cada mañana se ven como son, y cuando en sueños les persigue sin piedad la mala conciencia, frente a la buena, tienen malos sueños, remordimientos y hasta más de un escrúpulo. Pero en cuanto se dan la vuelta sacan del armario la careta de buenas personas, honrados caballeros, señoras intachables y no se dan cuenta de que atufan de cerca como todo hijo de vecino. Y van por la calle, con la cara lavada, perfumada y bien plantada mirando fijamente a los luceros y musitando para sus adentros: no me arrepiento de nada, de nada, he dicho, que quede bien claro.

Los hay que producen más estupor aún, si cabe, los que no se arrepienten de las barbaridades que dijeron hace unos años ni de la hipocresía que canta por su boca en el presente. ¿Será que entonces y ahora siguen estando por encima del bien y del mal? ¡Qué peligro!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo, cosas mías, ya veis, siempre mantuve este pensamiento: ¡Dios me libre del ser humano perfecto!
Ahora, leyendo tú blog me puse a reflexionar, desde el lado más izquierdo, paso por el centro y llego hasta el extremo derecho y sólo pude exclamar ¡Socorro, socorro! Pues nadie se equivoca.

Un abrazo

Angelus dijo...

Una excepción: Antonio Mingote, respondiendo a una entrevista en XL Semanal:

"A.M. Yo te digo que me arrepiento de todo [se ríe].

XL. ¡No, hombre, no!, respóndame en serio.

A.M. ¡Que es en serio! Me arrepiento de todo, menos de tres o cuatro cosas fundamentales, claro. Me arrepiento de casi todo lo que he dibujado y publicado. De cómo he tratado a mis amigos, aunque tengo que aclarar que nunca he traicionado a un amigo, eso no lo he hecho. Pero sí me arrepiento de no haber sido más amable con mi madre, con mi padre, con mi hermana, con mi familia... Me arrepiento de no haber hecho cosas que tendría que haber hecho porque siempre me he quedado corto en el trato con la gente, no he demostrado suficiente que quiero a las personas a las que quiero..."

Saludos.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Gracias queridos seguidores, sí, sí, dan ganas de decir ¡socorro,socorro! nadie se equivoca y nadie se arrepiente, menos mal que sigue habiendo gente, inteligente y con la suficiente humildad, como Mingote, como nos informa Angelus, que se arrepienten de casi todo, menos mal y qué gusto da.