sábado, 12 de septiembre de 2026

LÉXICO FAMILIAR EN NUESTRA NIÑEZ

 



Todo el mundo, como la escritora italiana Natalia Ginzburg, tiene un “léxico familiar”. Yo, por eso mismo, hago mías las palabras de Elena Medel, poeta española, cuando dice: “Yo, Elena, nací con otro nombre y en otros años y en otra lengua, y en cambio todos los recuerdos que Natalia evoca en “Léxico familiar” se corresponden con los míos”.
Había veces que el sermón del cura de los domingos y fiestas de guardar se repetía en casa, en síntesis, con lo que correspondía a las andanzas poco morales de la juventud y las malas compañías, contra lo que arremetía con frecuencia. “Qué razón tiene el cura”, solía decir mi abuela.
El pregón del alguacil era muy comentado y las imitaciones que hacíamos todos los hermanos con su sonsonete particular eran buena ocasión para la chanza y las risas contagiosas: “Por orden del Sr. Alcalde, se ha de saber...”, y ahí venían las risas.
Los consejos de los padres resbalaban en exceso, pero como caían en tierra mullida, dieron fruto y ya de mayores se recuerdan con veneración y agradecimiento. No, no cayeron en tierra baldía y en saco roto.
“En la vida no todo es oro lo que reluce”, “ni por mucho madrugar, amanece más temprano”, “es bueno dejar hablar a los que más saben”, decía con frecuencia mi madre. Y mi padre, al comienzo de cada curso, siempre repetía la misma frase, con una sonrisa de por medio: “El ave a volar y el hombre a trabajar”. Y creo que ambos: “Lo que hay que hacer, cuanto antes mejor”, y “mejor pasar desapercibido, que destacar”, que los definía como hombre de su trabajo y mujer humilde de su casa, nada altaneros y engreídos.
Creo que mi madre me riñó una sola vez, mi padre, nunca, en mi casa no se usaba el castigo, ni siquiera los azotes, y fue un domingo que me metí en la fila, para no ser menos, e ir a comulgar como todos y “pasar desapercibido”, poco después de hacer la primer comunión, y al verme mi madre me hizo señas de que no fuera porque había desayunado, y se sabía, que había que estar en ayunas desde la 12 “de la noche antecedente”, se decía, no le hice caso y comulgué como todos. Al llegar a casa me regañó: “¿No sabes que no se puede comulgar si no se está en ayunas? Ya puedes ir a confesarte y se lo dices al cura”. Nada más, poca cosa. Y la única vez. En algunas casas de mis amigos había unas correas colgadas en la pared de la cocina, que se utilizaban para castigar y pegar a los hijos. En mi casa eso no existía: Aprendimos en casa trabalenguas como aquel que dice: “El Arzobispo de Constantinopla se quiere desconstantinopolizar.
Aquel que lo desconstantinopolizare, un buen desconstantinopolizador será”. Que como ves se las trae, y era común en muchas casas. “Y abrígate bien y no cojas frío”. “Ya lo sabes: tisis o tuberculosis, catarro mal curado”, que a mí me espantaba un tanto. Y “por San Blas la cigüeña verás, y ni no la vieres, año de bienes”, que se repetía todos los años, sin fallar. Y “este año no se puede estrenar nada en la fiesta, que ha sido mala cosecha”. No se podía ni rechistar.
Mi léxico era este, el tuyo, tú sabrás.
Y como se me ha ocurrido volviendo a leer “Léxico familiar” de gran escritora. Natalia Ginzburg, lo recomiendo vivamente.
https://youtu.be/HFodMA7VjFA?si=c8IEAMBfQJjlOuST Luna Sul Mare™ (Concerto) Single - Anima Clara | Original Italian Music
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