“Tú hazlo y ya lo irás mejorando”. Paul Arden, un autor influyente de varios libros sobre publicidad y motivación. Leído este aforismo, había que ponerse a ello sin apenas pensarlo, tal era la potencia de la frase con la que te acunaron.
No hay otra, ya te lo decía tu padre, porque entendía que lo importante es ponerse a la tarea y comenzar, darle más de una vuelta y mejorarlo, si es preciso, que lo será.
Tú hazlo, que ya habrá tiempo de descansar, celebrarlo con la vida de testigo y los amigos de comparsa si salió bien, que es fácil que sí. Porque no es la primera vez que has empezado un trabajo o un hobby y te ha visitado la alegría al tiempo que se subía la autoestima por las paredes de tu yo más querido y personal.
Tú hazlo, comiénzalo con esmero y un pelín de pasión, que así tienes ya un buen trecho de lo andado y ya verás además cómo va saliendo todo a pedir de boca. Y el esmero, la entrega apasionada y la mirada satisfecha de lo hecho no hay quien te lo quite. Lo hecho canta por su boca.
Tú hazlo y no mires hacia atrás a lo hecho, porque cuando tienes las manos puestas en el arado y la mirada fija hacia adelante en dos puntos el surco sale mucho mejor y más derecho que si andas mirando a la luna o pensando en Las Batuecas sin centrarte en la tarea que te va marcando los pasos. Me lo decía mi padre, más o menos así, cuando estaba arando las tierras.
Tú hazlo, que conlleva una amonestación de autoridad a menudo no exenta de cariño como el de las madres cuando nos decían de pequeños: levántate, que vas a llegar tarde, y por la noche el recuerdo de si habíamos rezado las oraciones de antes dormir, de aquellas madres en épocas en la que eran muy o bastante religiosas.
Tú hazlo, lo aprendí desde el primer día que fui a la escuela y aquel maestro que tuve la suerte de tener, me ponía firme mostrándome las lecciones que debía estudiar. Y había que estudiar, no había otra, había que hacerlo, sí o sí. Aunque pareciera que hoy, sobre todo muchos padres, no tienen esa varita mágica y sabia de decir con firmeza: Tú hazlo.
Tú hazlo, digo ahora a mis alumnos, alumnas, las más, y si lo hacen se encontrarán mucho más satisfechos que si no lo hacen. Una página escrita con esmero es infinitamente más valiosa que una página en blanco.
Nota no tan al margen. Vaya otra cita más, de este mismo autor, que da que pensar, para que pienses y remaches la idea:
“Mucha gente pasa demasiado tiempo tratando de perfeccionar algo antes de que realmente lo hagan. En lugar de esperar la perfección, corre con lo que vas y arréglalo en el camino". Pues eso.
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