Si hay una palabra prostituida hasta el paroxismo, signifique lo que signifique paroxismo, es joder, con las cinco letras bien potentes y marcadas con su fuerte sonido:
“Déjame en paz, joder”, y ya tienes que callarte por los siglos de los siglos.
“Hay que joderse”, y cuidado que es bonita la acción a la que estamos impulsados desde el inicio de los tiempos y de la salida de los primeros granos, pues cuando usamos esta expresión, hay que joderse, nos estamos refiriendo a la que está cayendo, que no es moco de pavo, que hay que fastidiarse, mezcla de enfado y contrariedad.
“Que te joda un pez”, indica un deseo malsano y un tanto vomitivo. Como si joder fuera matarle de un balazo al que tienes delante.
“Joder, cómo ha envejecido esa mujer”, con lo que se echa por tierra igualmente hacer el amor y la pérdida de la juventud: una auténtica desgracia y dignas de compasión, ambas. Ya ves.
“Jodido de mierda”, va a la zaga en sentido displicente, descalificador y verdadero insulto.
“Joer”, simplificada al máximo, lo dice todo en cuanto a repugnancia, asco y algo así como ya está bien de aguantar.
“Joder de Dios”, que casi roza la blasfemia, viene a ser igual que al hay que joderse, pero al por mayor.
“Con su torpeza, mis socios jodieron el negocio”, no hay salvación posible para el palabro usado así, los socios echaron a perder el negocio. No, no hay salvación posible.
“Vive y deja de joder”, como si usar el sexo con libertad y madurez estuviera en contra del buen vivir. Y mal vivimos cuando lo usamos poco.
“Los vecinos me están jodiendo con el ruido”, que no es precisamente porque estén haciendo el amor y me produzca envidia, sino por sus voces y machaqueo constante de máquinas y martillazos.
“¡Cómo joden estos niños!”, es decir, lo que molestan, pero no por haberse adelantarse en el tiempo adecuado del sexo.
“Mierda, joder”, las cosas se han puesto rematadamente mal.
Sus sinónimos son bien elocuentes igualmente: arruinar, dañar, echar a perder, fastidiar en suma.
Aunque tenemos significados más suaves, menos mal: “Jo, cómo mola”, o “joder, qué bueno está este bacalao al pil-pil”. Y uno respira aliviado.
Me preguntas que de dónde viene joder, y te contesto que de dónde va a venir, pues del latín “futuere” que significa, como siempre lo hemos entendido, copular, y parece ser que había sido tomada del celta bactuere, que viene a significar lo mismo: penetrar sexualmente.
Hay que ver cómo se prostituye el lenguaje, incluso con palabras que hacen relación a una de las cosas más hermosas de la vida. Comenzaré a retirar de mi boca el “hay que joderse” de marras.
Nota no tan al margen: Claro que esto no es nada, pues en la calle hay mucha más delicadeza, educación y respeto, en comparación con la crispación en palabras y gestos de alguna Señorías en el Parlamento: algo muy tóxico, insufrible, que da vergüenza ajena y mucha náusea. Aprendan, Señorías, de la calle.
https://youtu.be/gRoGsw_qUMo Joaquín Sabina - Una Canción para la Magdalena (Directo) Me parece bellísima. Aquí sí diría yo: ¡Jo, qué canción! De las mejores de Sabina, y cuidado que las tiene buenas.

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