sábado, 16 de julio de 2022

Y CUANDO DESPERTÓ...

 


“Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”, dijo Monterroso, y creó uno de los microrrelatos más breves y geniales de la literatura, pero hoy no me apetece ir por ese camino y alargar el relato para ver la sombra de los mil y un dinosaurios posibles que nos salen al encuentro, sino cambiando por alguien, puestos a imaginar, ¿por qué no alentar otras opciones que, al levantarnos, nos esperan para mostrarnos otros caminos y más amplios y positivos horizontes?

• Y en esto desperté, cuando el portero de noche, sin ni siquiera saber quién puede ser semejante señor, me indicara el camino: esforzarme en hacer algo nuevo y distinto, sin importar su categoría ni el nivel de su magnitud.
• Abrí la puerta a un pensamiento inusual que me llevó a ser más amable de lo normal con quienes paso con indiferencia y como si fueran invisibles, haciendo el propósito de llevarlo a la práctica, sin la obligación de ser un papanatas y creer que el desastre de la Sierra de la Culebra es solo un accidente natural y sin olvidar que los derechos se pueden perder como acaba de suceder en Estados Unidos.
• Cogeré una de mis libretas de bolsillo y un bolígrafo, buscaré una cafetería adecuada y, mientras me tomo el café de la mañana, escribiré algo, por ejemplo, el retrato de las gentes que vaya viendo y trataré de imaginar algo de sus vidas tras hacerles un leve retrato.
• Leeré una línea, solo una línea, de cualquier libro a mano, y me pondré a pensar en ella unos minutos y escribir lo pensado, dejándome llevar por el viento de la frase y su energía.
• Me meteré en la cocina y añadiré algún condimento nuevo a cualquiera de las recetas con las que me ponga a cocinar, se trate de lo que se trate, reconociendo que no hay receta cerrada a cal y canto por mucho que los tradicionalistas del ramo intenten hacer creer, porque siempre la abuela y la tradición respetan la norma hasta el último detalle.
• Y comencé a no ver dinosaurios, monstruos diminutos y ciclópeos, dictadores de una sola idea y pistola en ristre, aguafiestas al uso, bravucones que hacen agua por todas partes, petulantes de pacotilla, come niños-come mierda, salvapatrias de solo humo, apocalípticos que ya no dan miedo ni a las amapolas.
• Y comencé a ver buena gente que va a sus cosas en silencio y pasión, sin meterse de mala manera con nadie, quien te sirve el café con una sonrisa abierta y ganas de que le desees al menos buena mañana, quien pasa a tu lado y le cedes la acera, ves que alguien está rebuscando en los contenedores y te parece que que otro alguien pasa a su lado y le da cinco euros, y oyes decirle, que para un bocadillo, y se alejan los dos dejando cierto halo en la calle.
• Así que cuando despertó, en lugar de un dinosaurio, es fácil que alguien estuviese allí para abrirle la ventana y comenzar juntos a respirar aires nuevos-buenos aires y transitar caminos no hollados y diferentes de otros días musitando por lo bajines la canción de Serrat: “Hoy puede ser un gran día”. Y con solo leer una frase al vuelo de Ana María Matute le cambió el día para bien: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad”.
https://youtu.be/B1v0yNZKFGY Hoy puede ser un gran día, de Joan Manuel Serrat (con letra)

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