Yo, que como la escritora argentina Leila Guerriero, puedo decir igual que ella: “¿Qué entiendo, de algo que no entiendo?” si hablamos de fútbol, pues casi nada, pero me aficioné un poco cuando gracias a mis amigos que solo hablaban de fútbol y yo me sentía muy al margen porque no se cansaban de comentar las jugadas de los partidos de la semana, y gracias a Messi que me ganó definitivamente para valorar sus jugadas y hasta casi me convertí en forofo del Barça por su estilo de juego.
Y de la Roja con su segunda copa del mundo quiero expresar lo que para mí es fundamental en esta minicrónica apresurada:
Un equipo de fútbol nos da la gran lección de saber jugar de una forma determinada, como una orquesta, e intentado que brille el conjunto. 11 jóvenes, nos enseñan cómo se debe jugar, trabajar y vivir en equipo dando la máxima importancia al espíritu de grupo más allá de las conquistas individuales. Lo dice así de bien un amante del fútbol y un experto escritor: “Los jugadores no tratan de resolver solos. Cuando les llega, por ejemplo, una pelota difícil de parar no intentan pararla; la rebotan, para un compañero y, entre ambos, recuperan el control perdido. Yo te la toco, tú me la tocas, yo se la paso a aquel y aquel a aquel otro”. Martín Caparrós.
Un equipo que, acaso sin pretenderlo, ha logrado que estemos hablando de España, diciendo su nombre, alto y claro, de nadie en exclusiva, sino de todos, de las izquierdas, las derechas y de los de enfrente y de los de detrás. Es hermoso no tener que insistir ya más en un una España: “una, grande y libre” de otros tiempos, sino abierta, plural, diversa y querida por todos, y así nos miramos hoy en este espejo magnífico de la Roja.
Un equipo que ha conseguido que lo que impere y brille no sea el individuo, que también, porque no queda en ningún momento anulado, sino la labor de equipo hasta llegar al gol ansiado gracias a un izquierdazo explosivo de Ferrán Torres. Así como la enseñanza tan necesaria de saber insistir y resistir hasta lograr la victoria definitiva. Un equipo, que sin tener el mejor del mundo, ganó al equipo que lo tenía. Bravo por España, que jugó mucho mejor que Argentina. Y bien por la Roja, su triunfo y toda una ciudadanía que ha vibrado al unísono y lo ha celebrado con emoción. Que todo esto sea un nuevo impulso de ellos y nosotros para seguir avanzando y triunfar en valores tales como la causa de la mujer, del clima, la libertad, la decencia, la solidaridad y la integración social.
Nota no tan al margen. Tras lo dicho hay sombras que deben ser desterradas como dejar la Plaza Mayor de Valladolid como un estercolero, tras la el festejo, o alargar la celebración en Cibeles y en la tele hasta la extenuación y pecar hasta el delirio de lugares comunes como “un momento histórico”.
https://youtu.be/Di2k06uNU1U?si=WoKzbw6Vujjm4DXS Bach: Concerto for 4 pianos BWV 1065 III. Allegro (D. Fray, J. Rouvier, E. Christien, A. Vigoureux) (4 pianos y a 8 manos)
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