Me gustan los editoriales de Esther Duque, la directora de la “Gaceta de Castilla y León”, en la que tengo el honor de colaborar desde hace algunos años, especialmente el dedicado a la orfandad no solo de los niños, sino especialmente de los adultos y hasta los de todas las edades. Todos, sin excepción, somos en algún momento, que terminan siendo muchos, huérfanos. Se fueron los abuelos, los padres, los hermanos mayores, muchos amigos..., que nos hacen entrar en duelo.
Y hay una franja que ha quedado huérfana de palabras, atenciones y cuidados: los adultos que son los que protegen a los niños, a los jóvenes y a las personas mayores. Esas personas que están atentas a los cuidados de todos los de abajo y los de arriba. Hay a quienes se les van los hijos y el dolor de ese duelo se hace insoportable. A todos se nos van en mal día los padres y, aunque el duelo debe pasarse pronto, es ley de vida, la ausencia es dolorosa y cada paso que damos la memoria no se apaga, pero el dolor es más benigno y llevadero y tiene el contrapunto de engrandecerlos y vivir en un permanente homenaje de agradecimiento por todo cuanto hicieron que fue mucho y lo más valioso.
“Un hombre de cincuenta años que despide a su madre se descubre, de pronto, huérfano, y descubre también que esa palabra parecía reservada a la infancia. Una mujer que entierra a su pareja en plena madurez carga con un vacío que la rutina laboral le exige disimular al día siguiente. Quien acompaña durante años el deterioro cognitivo de un familiar atraviesa un duelo anticipado, prolongado, que la sociedad apenas reconoce porque la persona amada todavía respira”, es el mapa que nos pinta Esther Duque y que podría ampliarse mucho más por todos los lados.
La sociedad ha entendido que el cuidado de los niños viene dado con ellos, el de las personas mayores siempre ha sido una de las actividades obligadas y más sagradas desde los tiempos más remotos. Queda entender esa franja extensa de los adultos que tienen que prestar atención y cuidados a unos y a otros y más cuando la orfandad les ronda por todos los lados. Y tienen que atender el doble frente: los cuidados y los propios duelos.
Por ello se ha convertido últimamente con gran acierto el tema del “cuidar al cuidador” en una preocupación más y una ocupación urgente. Lo que ha venido a constituir una piedra angular de este edificio humano.
Termina la directora de la “Gaceta de Castilla y León” reivindicando que no se abandone a los adultos en el momento en el que necesitan ser sostenidos y el deber de la sociedad de entender que el dolor no entiende de edades y que el deber de cuidar tampoco debería entenderlas.
Con lo que yo también termino estos leves apuntes reivindicando esos cuidados. A los niños, las personas mayores y también, y muy especialmente, a sus cuidadores, tan necesarios e imprescindibles en una sociedad amable y solidaria, los adultos.
https://youtu.be/aenqPgVz-aY?si=2g2aS6sEkgw3-zL9 Monti Czardas | Camille & Julie | Classic FM (Todo un lujo la interpretación de estas dos hermanas)
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2 comentarios:
Cuántas veces nos toca la orfandad, la soledad, el no poder llorar aunque quisieras. A mi, una alumna, que hoy no me deja ponerlo, desde joven y muy largo. Después otras que dolorosas también, siguen necesitando de ti y tú casi no puedes pedir algo parecido a lo que das. Qué de prisa se nos va lo bueno. Tú profe no puedes quejarte, tienes demasiado a tu alrededor, que también te queremos y no estás solo, demasiado acompañado a veces...Un abrazo y si un día necesitas otro, pues también.
Gracias, Carmela, lo mismo te digo, un abrazo.
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