sábado, 9 de mayo de 2026

HAY PALABRAS - CANTO Y CLAMOR

 



Hay palabras que llevan plomo en las alas, cargadas de odio y desprecio, intolerables en la barra de un bar y repugnantes e intolerables en algunas instituciones y personajes públicos.
Hay palabras que llevan en sus alas palomas mensajeras con mensajes placenteros y con hechura de gentes de bien.
Hay palabras nacidas para volar y les cortaron, ay, las alas casi al nacer, a lo que no se le puede encontrar sentido alguno.
Hay palabras que se cocinan al calor de la lumbre de una madre amorosa, madre coraje, madre que parió a hijos y dio a luz mucha paz y sabio silencio.
Hay palabras con sabor a insulto que nunca debieron salir de ninguna boca llamada a la decencia.
Hay palabras que sanan los cuerpos y dan vida excelsa a las mentes con las que estas trabajan con mucho placer y alta eficacia.
Hay palabras que nunca debieron salir de bocas llamadas a la concordia y a poblar de pájaros azules las estancias hechas para la celebración y el canto.
Hay palabras que son bálsamo, perfume, solaz y descanso y perlas preciosas que no tienen precio en ningún mercado porque son impagables.
Hay palabras malditas, tóxicas, imbéciles, cínicas, hipócritas, frívolas... que nunca jamás debieron pronunciarse porque generan mucho mal, toxicidad, estupidez, cinismo y banalidad.
Hay palabras dichas al oído y este se hace el tonto-sabio para quedarse a solas con ellas y disfrutarlas en los más valiosos recintos de la memoria.
Hay palabras generadoras de más palabras, más bellos pensamientos, más ríos caudalosos en donde hacen el amor los peces de mil colores y quienes se bañan rogando a todos los dioses que las aguas no estén contaminadas.
Hay palabras de palabras, palabras que lo contienen todo, y palabras efímeras que no contienen más que miseria y putrefacción.
Hay palabras que, dichas al amanecer, suenan a proyecto, esperanza, coraje y ganas de comerse el mundo.
Hay palabras que no vienen en el diccionario y están esperando que los que tienen el don de la creatividad, es decir, todos, se lancen, nos lancemos, a crearlas, pero que nunca puedan pronunciarse contra nadie como si fueran fusiles, como si fueran flechas envenenadas, más bien, como besos que susurran al oído, como lazos que unen emociones.
Mis palabras: Libélula, lapislázuli, jacarandá, ternura, Madrigal de las Altas Torres, gracias, abrazo, compasión, Isabel, Inés y Alba, Hind, el nombre de la niña palestina asesinada en Gaza, de la película “La Voz de Hind”, que vi ayer y tardaré en olvidar... y tantas más.
Nota no tan al margen: Quien vivió de la palabra, por la palabra y en su defensa, bien merece un recuerdo. Va por Soledad Gallego Díaz, la primera mujer directora de El País y la mejor periodista en palabras del primer director y del actual. Me quedo de lo mucho que se ha dicho de ella con las palabras de Carmen Calvo: “Hablaba cuando tenía algo que aportar y entonces decía exactamente lo que quería decir, con una precisión que hoy resulta casi excepcional, midiendo cada sílaba con la exactitud de quien sabe que el lenguaje es la herramienta más sagrada y, a la vez, más peligrosa de la convivencia..., elegía la pausa, la reflexión y la razón y representaba un periodismo comprometido con la verdad y el rigor, al servicio de la ciudadanía y de la democracia ”.
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