sábado, 22 de noviembre de 2014

ROSTROS QUE SALVAN EL MUNDO




Él se fue, muy joven, demasiado joven, pero tuvo tiempo de hacerla cinco hijos, y no volvió, y todavía lo recuerda, le recuerda, se le ve en esa profundísima mirada, que es como un pozo sin fondo en donde cabe toda el agua del mar. Luchó como una loba hambrienta para sacarlos a todos adelante y darles un ejemplo de madre coraje y de saber enfrentarse a la vida como hombres y mujeres de provecho, porque así se lo enseñaron sus padres y la maestra el poco tiempo que pudo ir a la escuela.
Y sigue en pie, harta de la artrosis que le roe los huesos cuando se para a descansar, pero con el mismo arrojo que cuando tenía dieciocho años, hermosos y fuertes, y por eso se llevaba todas las miradas del concejo por delante.
Sufrió de niña muy chiquita la guerra, lloró cuando se llevaron a un tío y a un hermano y aún sigue buscando en un bosque de enormes castaños sus huesos o lo que pudiera quedar de ellos.
Cada arruga esconde una y mil historias que contar y solo haría falta un buen escritor para recrear toda una saga fascinante.
Sostiene la vara con tesón porque la vara también le sostiene a ella y rumia recuerdos mientras las vacas pastan en el prado y las cunetas.
¡Cómo no van a iluminar el mundo esos rostros con esas miradas y salvarlo!

2 comentarios:

Bea Rubio Domingo dijo...

Posiblemente no haya mejor escritor/a que una persona que haya vivido tantas cosas como los ancianos/as. Miles de historias que esconde, miles de recuerdos que les ha dejado la vida, pero siempre con una sonrisa para recordarnos, que a pesar de todos los momentos malos, siempre queda cabida para los buenos.
Muy buena entrada, me ha tocado muy de cerca, y estoy segura de que no es a la única a la que la ha ocurrido.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Muchas gracias, Bea, no te conozco, pero permíteme que te despida con un abrazo.