miércoles, 19 de diciembre de 2012

ELLA Y ÉL, ÉL Y ELLA... O EL LENGUAJE DE LOS SIGNOS




Parecen enfadados, pero ello no obsta para que él, aun sin querer mirarla, le dé cobijo y ponga el paraguas a la que parece ser sin duda su compañera, mientras él prefiere mojarse a lo bonzo.



 ¿Qué hay del amor pasional de sus años jóvenes? Acaso nada, pero los gestos son bibliotecas abiertas para leer, descifrar, subrayar y asimilar en el aprendizaje necesario que nos regalan los años de muchos que han hecho de su vida sobriedad hasta para tomar aire y una generosidad que brota de los más dentro de todos sus manantiales interiores aunque desentone su rictus de asco y amargura.



 Se han dicho tanto a lo largo de tan larguísima vida que ya nos les quedan palabras, más aún, se llevan como el perro y el gato y usan palabras que no debieran. Si ella dice hola, él contesta: a qué viene tanta galantería; cuando él le indica: déjame pasar, ella responde con una jeta que se la pisa: ni que fueras el Cid Campeador; si él la mira con dulzura, ella se da media vuelta y ni atiende ni entiende a qué viene esa media risa alelada; si ella se esmera en hacer el postre que más le gusta, el comenta que a qué viene tanto despilfarro;  él y ella, ella y él..., pero que a nadie se le ocurra hablar mal de alguno de ellos, porque se le tiran a la yugular, por ejemplo, y cuando arrecia el temporal allí está él con el paraguas abierto, como si fuera la reina que es en el fondo de su subsuelo.


2 comentarios:

El pastor de... dijo...

...y si alguien observa algún defecto en ella, no debe manifestarlo cuando él tenga el bastón al alcance de la mano.
He dicho.
Que seáis felices.

Paula Obeso Bretos dijo...

Qué gran verdad. Donde antes había pasión ahora hay respeto, generosidad y un amor incondicional, y es lo que cuenta. El resto de cosas desaparecen con el tiempo.