lunes, 24 de septiembre de 2012

VENTANAS Y GATERAS 14



 Fotos de  Enrique Salas y Gaudencio Busto
 Hubo un tiempo que de tanto mirar a las estrellas me olvidé de que la mirada urgente está en las cosas de aquí abajo, en las que bailan a ras del suelo y  le he dedicado una temporada a contemplarlas desde la luz de una gatera entendiendo que no era perder el tiempo: la vida humilde de los humildes, la crisis que estrangula a los de siempre y repercute en las clases medias con  fuerza, el miedo, la impotencia, la falta de libertad, la cochambre de los palacios y sus cloacas y la mujeres que reciben malos tratos de sus parejas y nada buenos de algunos ministros... y como decía en la primera ventana: el suelo, los bajos fondos, la miseria de la gente, los humos bajos, los bajos sueldos, la calderilla, los  sueños de andar por casa...
Pero te aconsejo que, si hiciste lo que yo, te pases a la acera de enfrente y olvides por un tiempo la gateras, no vaya a ser que te quedes para siempre a ras del suelo, las suelas de los zapatos, los charcos de la calle y  dejes de lado la luz que viene de lo alto (y lo profundo) que te invita  constantemente a ser más y alargar tu estatura.
Aunque mejor la Y, que une, complementa y enriquece, que la O, que separa, merma y te estresa al tener que elegir sin fundamento.  Es decir: ventanas y gateras.
Y se complementa esta visión con lo que escribe el gran escritor italiano, Claudio Magris (no tardará en ser premio Nobel) sobre el sueño y la razón, la utopía y el desencanto. La utopía nos invita a soñar y a seguir caminando, como nos enseñó Galdeano, buscando lo mejor, pero ella sola nos aleja de lo real. “Utopía y desencanto, antes que contraponerse, tienen que sostenerse y corregirse recíprocamente”.  “El desencanto, dice Gustavo Martín Garzo, siguiendo a Magris, nos devuelve la cordura, nos hace ver que si nuestros sueños son importantes, también lo es aprender a vivir en ese espacio humilde que compartimos con los demás”.
Ya digo, ventanas y gateras. Don Quijote, por sí solo, sería penoso y peligroso,  un alucinado, y Sancho el más vulgar entre los vulgares, juntos son gloriosos, se corrigen, se complementan, se escuchan, dirá Claudio Magris y subrayamos  nosotros. “Don Quijote necesita a Sancho Panza, que se da cuenta de que el yelmo de Mambrino es una bacinilla y percibe el olor a establo de Aldonza, pero entiende que el mundo no está completo ni es verdadero si no se va en busca de ese yelmo hechizado y esa beldad luminosa”. Desde que leí El Danubio me deslumbró para siempre este escritor italiano.

3 comentarios:

Luis Alonso dijo...

Nihil obstat, querido Ángel.
Solo una pequeña puntualización: como sabes, la "O" no siempre es disyuntiva, en ocasiones puede ser identificativa. Un saludo, amigo.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Gracias Luis, es cierto, tendría que haber matizado y dicho que cuando la o tiene sentido disyuntivo. Saludos.

Mª Jesús PRIETO dijo...

Estoy muy espesa hoy... ¿"O" identificativa? ¿Me ponéis un ejemplo?