domingo, 2 de mayo de 2010

NI VALLE DE LÁGRIMAS NI PARQUE DE ATRACCIONES

Nos educaron a todos los de mi generación, y anteriores, quizá a la tuya también, no sé si para que no sacáramos pecho, ufanos de triunfos y victorias, o para meternos el miedo en el cuerpo, bajo la imagen sombría de esta vida como un valle de muchas lágrimas y una mala noche en una mala posada, que ésa es otra.

Y se pasaron, dejemos a un lado lo negativo, para qué regodearnos en las miserias, en las derrotas y desengaños, en lo negro y catastrófico y un largo etcétera de más adversidades, la verdad al desnudo es que no ha sido para tanto y hemos podido disfrutar de momentos de dulzura y esplendor, días de júbilo y noches deliciosas aptas para degustar no pocos placeres en los ámbitos a los que podemos aspirar en calidad de seres humanos con alas imaginativas para volar y los pies en suelos fértiles donde descansar con agrado y deleite.

Quién no se ha extasiado ante un atardecer con el sol en pleno ocaso, la caída de la lluvia y el olor a tierra mojada tras meses de larga sequía, una mujer de curvas generosas, una comida exquisita y abundante, una melodía de ensueño o disfrutado ante un escrito de propia mano o un poema de algún poeta preferido, una novela, una buena película, y tantas y tantas experiencias hermosas en familia o siendo generoso con quien necesita apoyo, dinero, un poco de cariño y una mano amiga… muchos momentos felices del ayer y acaso de esta misma tarde.

Bien es verdad, que si nuestra vida no ha arrastrado tragedia tras tragedia, el valle por el que ha transitado una inmensa mayoría de nuestro entorno, ha sido relajante y deleitoso al alma y los sentidos. No exageremos, si no hemos nacido en Haití, en cualquier otro país del Tercer Mundo o en alguna de las muchas islas del Primero, no tenemos derecho, me parece, a colarnos de rondón donde nunca hemos estado y donde les debemos, en todo caso, un respeto, porque nosotros no somos ellos y ellos no son nosotros.

Ahora bien, tampoco este mundo es un parque de atracciones como llegamos a pensar, cuando las vacas gordas de la economía venían boyantes y así se lo hicimos creer a nuestros hijos, quienes, viviendo en ese caldo de cultivo de nuevos ricos, no acaban de bajarse de la nube y hacerse y adaptarse a la nueva realidad que es más bien de vacas flacas y en donde todos o nos apretamos el cinturón y comenzamos a vivir con mayor austeridad o las vamos a pasar muy estrechas como ya nos habían enseñado nuestros padres y nuestros abuelos.

No, este mundo injusto hasta los límites más insospechados no es un parque de atracciones, y debemos ser conscientes hasta el dolor de que existe un Tercer Mundo y los que hemos tenido la suerte de nacer en el Primero somos responsables del resto porque todo lo humano no nos puede ser ajeno.

Así que menos humos Caperucita, ni valle de lágrimas ni parque de atracciones.

3 comentarios:

Mª Jesús Prieto dijo...

Entre las páginas de un libro, acabo de recuperar un pequeño recorte de periodico del año 2001, que comienza así: "la libertad democrática consiste sobre todo en olvidar la política y en inquietarse más bien por los peligros que nos crea la caspa, el afeitado difícil, el pecho caído..." es una cita de Marshall McLuhan.
No comparto esta definición, pero esto carece de importancia. El asunto es que si, efectivamente, un porcentaje más o menos alto de ciudadanos se encuentra encerrado en una individualidad obtusa... es imposible el planteamiento de la ética, que es a lo que tú, Angel, estás apelando. Y no es posible tampoco una ciudadanía responsable. Ambas, base de la Democracia.
Y volvemos a la primera línea. A la libertad. Y a su definición originaria: libres eran aquellos ciudadanos griegos,(varones libres, no las mujeres, ni esclavos, ni metecos... pero este es otro tema) que participaban en la asamblea, donde se dirimían las cuestiones de gobierno que incumbían a todos. El que no participaba era calificado de "idiota".
La caspa, el afeitado, el pecho caido... igual el problema fundamental es que estamos bastante idiotas!

El pastor... dijo...

Hola de nuevo amigos:
En mis años más jóvenes, con la cayada, la honda y...los perros, yo dirigía y gobernaba la vida de mis ovejas. Pero jamás pensé que aquello fuera educar. Así que dichosos aquellos a los que os educaron en, o para algo.

Yo creo que no debemos olvidar lo negativo porque, "no ha sido para tanto", ha sido para más, y de ello debemos aprender.

Que duda cabe que ha habido, y hay, muchos momentos y días de felicidad pero... cuidado con extasiarse demasiado con alguna puesta de sol, no vaya a ser que, embobados en su efímera belleza, comencemos con una puesta de sol en Granada y nos sorprenda la noche en El Pireo.

Yo no sé dónde habéis nacido vosotros, yo nací en la haitiana España de los años 40, hasta donde llegaba la leche en polvo, el queso y la mantequilla de los americanos, gracias a lo cual algunos niños desayunaban en la Escuela Nacional.

Tengo un gran amigo que se hartó, durante la época de las, mal llamadas, vacas gordas,a preguntar: ¿que alguien me explique por qué nos hemos vuelto ricos de repente?
naturalmente que no obtuvo nunca respuesta porque... ¡las vacas nunca estuvieron tan gordas!

Así que dejemos que las suelas de nuestras zapatillas toquen el suelo y seamos felices con lo que somos y tenemos, y si queremos tener más cosas vamos a producirlas, pero no nos indigestemos hoy con el menú que correspondía a mañana, porque mañana también amanece y nos gustará escuchar el canto de los pájaros al orto.

"La vida es muy bonita, pero no es fácil"

Y ¡poder! que pesado soy, pero que queréis que yo le haga, si soy de campo.

Un abrazo de felicidad porque ni antes tan ricos, ni ahora tan pobres.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Gracias Mª Jesús, gracias querido pastor: Lo importante de un texto es donde nos lleva el texto, y ahí está el mejor de los ejemplos. A Mª Jesús, a su mundo querido del pensamiento que siempre le lleva a pisar tierra y actualidad; a nuestro amigo pastor, como él quiere apellidarse, deseando que la cayada no se le suba a la cabeza, a su mundo, que siempre ha sido también el nuestro, no en vano uno es hijo de agricultores y sabe de terrones, garbanzos y amapolas, y a esas reflexiones que sin dejar de sea pastor llevan mucho de pequeño o gran filósofo en las venas. Soy feliz si mi texto os lleva a hilvanar el vuestro.
Un abrazo