domingo, 11 de abril de 2010

MÉDICOS, CURANDEROS Y SABIOS QUE ESCUCHAN

Cuando las palabras, los conceptos y las profesiones se prostituyen no hay más remedio que volver a los orígenes o seguir la estela de los mejores que siempre pueden estar a la vuelta de la esquina.

La última vez que estuve, cara a cara, con el especialista, me traje a casa esta lista: médicos que no sanan, curanderos que no curan y sabios que escuchan y por eso sanan, debido al comportamiento que el médico de la consulta tuvo conmigo. Sólo me miró, con media mirada un tanto distante para el saludo, y eso se nota, y la despedida de soslayo, es decir, no excesivamente cálida. El resto se entretuvo en consultar y ver en el ordenador el informe que sus colegas le habían pasado. Yo intentaba hablar de mis síntomas, dolencias y arrechuchos, pero en vano, y a medida que ponía mayor énfasis en mi tímido discurso, frente al médico siempre es tímido todo balbuceo, me parecía que él bajaba el diapasón de su raquítica empatía y se alejaba de mi presencia. Pareciera que lo único que le interesara era lo que dijera el ordenador.

He recordado esta historia al cotejar otras lecciones y comportamientos de quienes entienden su oficio de forma radicalmente opuesta y para quienes la medicina es fundamentalmente la escucha del cuerpo, y por lo tanto la escucha del enfermo. Así los doctores Moisés Broggi, el cardiólogo Valentín Fuster, el doctor Andrzej Szczeklik, que acaba de publicar un excelente libro, Catarsis, quien sostiene que la memoria del cuerpo, contada por el enfermo y rescatada por el médico, además de la técnica, sirve para establecer el diagnóstico y colocar al enfermo en vías de curación, o la cardióloga Ana Lluch, partidaria de la medicina personalizada, que afirma que los pacientes son la verdadera fuente de enseñanza y que son ellas, en su caso, mujeres con cáncer de mama, las que le han enseñado a vivir o el vallisoletano doctor Lozano Guillén que miraba la salud como un todo en donde figuraban la cercanía, la conversación y las palabras como algo prioritario, hasta tal punto que una paciente suya le leyó a decir: “Me dio un abrazo ayer que me curó”. Pues eso.

6 comentarios:

Rut dijo...

¿Se les olvidó la parte humana de la medicina? tengo la sensación de que atienden a las pruebas y no a los pacientes (por suerte, no todos).

Totalmente de acuerdo: la escucha es IMPRESCINDIBLE, y no soy médico,pero he sufrido la incomprensión y la falta de escucha y atención durante más de dos años; porque en las pruebas médicas "no salía nada" y "como no sale nada", a "usted no le pasa nada,es una ñoña, señorita, que quiere llamar la atención" o "su pareja la escucha demasiado" pues ¡menos mal!, en este caso, él fue mi sabio, quien me escuchó, quien elaboró una pauta de lo que ocurría, quien insistió y por quien seguí la ruta pesada y coñazo de consultar y consultar...hasta que otro (por fin un médico abierto!!) escuchó, se molestó, frunció el ceño y decidió... pero madre mía!!
A INSISTIR, INSISTIR e INSISTIR, hasta que encontremos un "escuchador"; que el cuerpo es nuestro y nosostros sabemos cuándo algo está raro.
Mis más mejores deseos, Don Ángel, siempre hay alguien con las orejas libres de plátanos, pero hay que encontralo.
Salud y Suerte!!

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Gracias Rut, pero mejor si dejas el Don para otros señores, gracias. Me alegro de que alguien te escuchara y al final encontraras un buen médico, que afortunadamente los hay, menos mal o qué bien.
Recientemente me imaginé un diálogo entre el niño que llevamos dentro y el adulto que estoy siendo, entresaco de aquello de aquello que escribí unas líneas:

• ESCUCHAR,
dice el rector de la Universidad Autónoma de Madrid, Ángel Gabilondo que “dejar hablar no es un simple gesto de permisividad, es un acto de reconocimiento”. Siempre decimos que escuchar de forma activa: atentos, metiéndonos en la piel del otro, mirándole a los ojos y a la tristeza de su alma o a la alegría de sus vísceras. “Escuchar es un modo supremo del querer”.
Hay mucha gente por la calle y en los altos despachos que, como sólo se oyen a sí mismos, no saben escuchar a nadie.
Y dejar que la palabra sea protagonista. “Nuestras palabras pueden ser relación, entretejimiento, pueden palpar, abrazar”.
Y crear espacios para que se dé el encuentro en donde la palabra sea el centro, junto con el silencio. “Crear con alguien para silenciarse con él, no es simplemente conjurarse para guardar secreto alguno, es proponerse otro modo de decir y de decirse”.
Algo así como esto que hemos intentado hacer entre tú y yo:
cuanto tú hablas,
yo escucho;
cuando yo hablo,
tú escuchas;
cuando tú callas,
yo callo,
y cuando yo callo,
me preguntas qué me pasa
y me abrazas.

Pues eso mismo, un abrazo

Anónimo dijo...

Provablemente el día que cuente más la vocación que los números clausus este problema, que lo hay, se atenuará bastante. Faltan profesionales sanitarios y sobran los que sólo entienden su oficio como un medio de vida (de su vida).
Yo tuve la suerte de tener un médico de familia que reunía ambas virtudes (Santiago M.G). Primero era, y sigue siendo, una gran persona y por eso era (hoy está jubilado) mejor médico.

Pero también hay otros que estudian medicina para que los llamen doctores...¡les gusta!

Un abrazo

Rut dijo...

Lo que parece más sencillo, a veces es lo más difícil...
Me encantó.
Gracias.

Xoán González dijo...

Me ayudó mucho en su momento el libro de Carlos Bermejo “La escucha que sana” (http://www.editorial.sanpablo.es/fichalibro.php?cod=2%2328%232281&id=2046). Creo que viene al caso... al menos yo, lo he entendido perfectamente. Saludos!!!

Angelus dijo...

Me alegra leer una referencia al polaco Andrzej Szczeklik. Saludos.