miércoles, 28 de octubre de 2026

SER JOVEN Y SER VIEJO

 




“Ser joven y bello es un accidente, pero ser viejo y bello es una obra de arte”, Eleanor Roosevelt.
Ayer, vimos mi mujer y yo en dulce compañía “Calle Málaga” una película en la que es protagonista la increíble, por insuperable, Carmen Maura, que borda el papel, cómo no, cuando desde siempre le acompañan todos los dioses, y uno más, de la interpretación, y por la mañana, subrayé y copié en mi cuaderno de notas la cita de Eleanor Roosevelt.
Y aquí estoy, que me perdone el lector por volver sobre el tema, pero después de haber escrito algunos libros y un puñado de artículos sobre la jubilación y la vejez, me parece que tengo más cuerda todavía porque me sigue y me persigue el tema donde quiera que esté, aunque a veces no haya más remedio que repetirse, consciente o inconscientemente. Vayamos al grano:
Ser joven, pongamos de los 18 a los treinta y tantos, es en verdad un accidente hermoso, regalo de todos los dioses que hayan existido, la inmensa mayoría, si no todos, producto del cerebro humano, y así me encaja todo mejor, pero accidente, quiere ello decir que se pasa como un mini suspiro y digo mini porque la vida se va como un suspiro. Así que la juventud nos viene dada, aunque podamos hacer milagros, preparar y crear un buen porvenir, o arrojarla por el desagüe a base de borracheras los fines de semana o consumiendo todo tipo de drogas de lunes de mañana a sábado noche, o darse a la vagancia, con lo que el resultado está cantado.
Ser y mejor “hacerse” o “ir haciéndose viejo”, en un presente continuo, ya es harina de otro costal, teniendo en cuenta que se empieza a envejecer poco después de los 20, con lo que hay distancia suficiente y mucho tiempo para ir organizándose y gestionando eso de aprender a envejecer que es tarea primordial y sustancial del ser humano que se precie en ir creciendo hasta el final de los días y un minuto más. Pregunta clave es: cómo vamos preparando la jubilación de forma anticipada, porque nos puede llegar sin las pilas puestas, y se nos cae el mundo por no saber qué hacer con todo el tiempo de sobra a nuestra disposición. Y con qué talante nos vamos enfrentando a la vejez para llegar a ser un viejo bello, que haberlos haylos, bellos por fuera y sobre todo por dentro, humanos, sensibles, abiertos, tolerantes, activos, inteligentes, lúcidos y comprometidos con su tiempo. Le deben casi todo a la vida, y son conscientes de ello, porque no son petulantes, palabra que odian, y nada arrogantes, que los que los conocen dicen de ellos que de eso nada de nada sino todo lo contrario, y no se van al otro barrio, que decía mi abuela, y después mi madre, sin haber dado lo mejor de sí. Viejos que se lo trabajan y siguen sin dormirse en los laureles y dando los mejores frutos de una cosecha ya de por sí abundante. Ejemplos los conocemos todos de memoria, en las artes, las ciencias y la vida cotidiana y más cercana. Lo bello y maravilloso es que terminan haciendo de sus vidas y su biografía una obra de arte. Y se lo han ganado a pulso. ¡Cómo me gustaría entrar en esa cofradía!
Ojalá los que vamos cumpliendo muchos nos acerquemos a esos modelos y los que no han cumplido tantos se vayan acercando a quienes nos van dando esas extraordinarias lecciones de bien vivir, de vida buena, y saber envejecer.
Tengo otra cita que no le va a la zaga y quizá otro día habría que desarrollarla y sacarle todo el jugo que lleva dentro: “Lo mejor de cumplir años es que no pierdes todas las edades que has tenido”, de Magdalene E´ngle, aunque creo que ya le he dado más de una vuelta a esta idea muy querida para mí.
https://youtu.be/pPR-HyGj2d0?si=z4aRz3qEnJtZY46X Patti Smith - People Have The Power (Official Audio)
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