“Los seres humanos nos hemos dejado de mirar porque miramos las pantallas. Estamos muy empantallados. La mirada cambia cuando mira a un objeto, es una cuestión electroquímica. Y la primera consecuencia es la soledad. El ser humano es por naturaleza un animal social, un animal para compartir. Yo intento transmitir a mis alumnos esta triada: eres por otros, no te has dado la vida a ti mismo, ni has aparecido aquí por arte de birlibirloque; eres con otros; y eres para otros. El aislamiento tiene consecuencias antropológicas de carácter apocalíptico porque si dejamos de mirar a los otros, nos convertimos en una especie de cerebros en una bañera, aislados del mundo. Mirar, y sobre todo ser mirado por otros, es esencial para llegar a ser quien eres y construir algo juntos”. Ricardo Piñero, filósofo y catedrático de Estética y Teoría del Arte.
Hay que leer, releer y desmenuzar este párrafo que, aunque un poquito largo, bien merece la pena. Encierra y genera un caudal abundante de ideas:
Nos hemos dejado de mirar porque miramos las pantallas... Se ve con toda la claridad del mundo en muchas consultas médicas. Es la pantalla la que lo domina todo, tú como que no estás como que no existes. En algunas comidas familiares y de amigos, lo que reina, a veces, es la mirada extasiada al móvil, cada uno con el suyo, naturalmente. Y en algunas pandillas de amigos. Y ay de nosotros, si no nos miramos, desaparecemos del mapa y sobre todo de la mirada cálida, debería ser cálida, de los demás tan rica, tan vivificadora.
La mirada cambia cuando mira a un objeto... Haz la prueba, mira un cuadro de tu casa, un árbol, si abres la ventana, una maceta, una gazania, por ejemplo, una fotografía antigua, el cuaderno a punto de terminar... y no digamos a cualquiera de las personas con las que más convivimos.
Y la primera consecuencia es la soledad... Lógicamente, estamos solos, porque no salimos de nuestro círculo cerrado y ensimismado, porque no miramos las cosas en profundidad para ver y oír cómo cantan, qué dicen, qué nos cuentan, cómo han llegado hasta nosotros, y sabemos de memoria que las personas son un filón de riqueza, profundidad y extensión más profundas que los mares y más altas que las montañas. Si estamos solos es porque no salimos, no miramos, no escuchamos, no admiramos y no lo celebramos.
El ser humano es por naturaleza un animal social, un animal para compartir... Lo hemos leído mil veces, y lo hemos escuchado otras tantas, pero lo hemos olvidado, o no le hemos dado cuerda en nuestra mente y en nuestro corazón. Si hay un verbo que tendríamos que estar conjugando es el verbo compartir llevándolo a la práctica más concreta y real.
Eres por otros, eres con otros y eres para otros... Lo sabemos, somos en gran medida, gracias a los otros: padres, hermanos, maestros, amigos... Junto a otros somos más y mejores y ser para otros es lo que nos da el verdadero, más entrañable y gozoso sentido de vivir. Vivir para que los demás sean más, vivan mejor, sean más felices...
Si dejamos de mirar a los otros, nos convertimos en una especie de cerebros en una bañera, aislados del mundo... Podemos acudir a otras imágenes que acudan a nuestra memoria: ¿Postes al lado del camino, setas escondidas en el bosque, cadáveres vivientes, seres sin corazón y brazos para abrazar, dormidos...? Todo eso si dejamos de mirar a los otros.
Mirar, y sobre todo ser mirado por otros, es esencial para llegar a ser quien eres y construir algo juntos”. Pues eso.
https://youtu.be/PAn-THJ86rw?si=fbyj1CZqoo9dHFEi Café des Chansons - Je t´ai perdu dans la nuit - Yo te perdí en la noche.
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