Te recuerdo que ya escribí algo sobre este tema, a partir de una imagen de niños alegres como ángeles de cielo bienaventurado. Y vuelvo ahora de la mano de una estrofa de un poema de Emily Dickinson, nada menos. Un tema desde siempre eterno aun para los que creemos más bien poco, pero sin dejar de creer en otras muchas cosas:
“¡El cielo -es lo que no puedo alcanzar!
La manzana en el árbol-
conseguida sin esperanza -cuelga-
¡eso es el “cielo” -para mí!”
Pues claro, ese es el cielo también para mí, ya que el otro lo veo demasiado alto, lejano y etéreo para alcanzarlo. Yo siempre aspiro a algo más bajo, cercano y un pelín palpable
El cielo de arrepentirme, rápido y explícito, como cuando cometo alguna estupidez y, si llegara a molestar, disculparme de inmediato;
dar las gracias por todo y a todos cuantos a mi lado pasan con algún que otro detalle o simplemente servirme su mercancía;
tal que esa manzana crujiente y sabrosona, que son las que me gustan más, al alcance de la mano o la tienda de enfrente;
la caricia dulce y cálida que me dan y que devuelvo;
esa clase que estoy dando y me sale a pedir de boca y hace sonreír hasta el último de la fila y entusiasma al personal;
el pudin de manzana o las torrijas, mismamente, que hago con frecuencia y, a mi santa, quien nunca probó los postres, ahora repite ración con gran deleite que se le nota hasta en el respirar;
estar a gusto en casa la mañana del lunes, la tarde de domingo y todos los días de la semana, si cuadra;
y feliz, sobre todo, siempre lo digo, cuando muestras hijas están y no se van enseguida de vinos, porque la casa se ilumina en todos sus rincones con sus risas y su desparpajo;
cuando un libro te atrapa y vuelves cuanto antes a él para continuar el viaje tan bien acompañado, o escuchar a Bach Beethoven o Mozart;
cuando estoy de parto en alguno de mis escritos y, teniendo que dejarlo, ando en deseos incontenibles de continuar en ello;
cuando me entretengo en preparar el programa del próximo curso de los talleres, y me emborracho, sin beber una gota, con no poco entusiasmo;
los días que tengo más “me gusta” y no digamos “me encanta”, en Facebbok, y alguien, de lo más, hace un largo comentario de entusiasmo y aprecio, y creo no haber dicho aún, como otros, que uno escribe para que le quieran, y ya lo solté;
y, claro está, cuando ejerzo de voluntario sin pedir nada a cambio, que en eso cosiste en ser voluntario, carajo, y hasta estar dispuesto a pagar algo si fuera preciso, porque eres el más beneficiado;
o estar a solas tan a gusto y feliz, como cuando estás con los que más aprecias en amor y compañía sin tener que discutir cuando no brilla en ningún sentido la razón y los buenos argumentos, como aprendí en clase de filosofía, si es que entonces lo aprendí, cuando estaba a uvas.
Sí, un cielo, si quieres, chiquito, acorde con mi estatura, pero ¿para qué más? Es el mío y me basta.
Ya, de paso, podrías mirar tu cielo, si lo tienes a bien.
https://youtu.be/YXG-1_EpR78?si=Lqm6aKIXnuIG-B0N Anne-Sophie Mutter - Beethoven: Romance No. 2 in F major - Manfred Honeck/Staatskapelle Berlin.


1 comentario:
Viva tu positivismo!! Se nota a la legua que crees más en el cielo que alguno de nosotros, claro que hay tantos momentos que podemos disfrutar de ese cielo...Que sepamos valorarlo y hacerlo sentir a todos los que nos rodean. Un abrazo Ángel, se te pegó con el nombre algo de tus amiguillos del cielo.
Publicar un comentario