No sé por qué puse fin esta vez en el programa del taller de escritura de este curso, y con letras en negrita y bien grandes: FIN, y no añadí esta vez: Nos vemos después del verano, queriendo decir con ello que no había final y fin de todo, sino una pequeña pausa, un silencio como en toda melodía, un compás de espera, porque a la vuelta de la esquina, en esta vida breve y rápida, está ya al alcance de la mano un nuevo curso. Pues en la memoria queda cuanto se ha hecho de bueno y sobresaliente en un año de espléndida cosecha de escritos logrados que, curiosamente, cuando más difíciles parecían, mejor salían porque se ponía acaso más empeño y mayor dedicación.
Ya lo sabes, después de la palabra fin, la encuentres donde la encuentres no hay un final absoluto y cerrado, queda la segunda parte, la película continua a la salida de la sala del cine, alargando cada espectador la historia, al terminar la fiesta nada finaliza del todo, porque queda un regusto que dura y dura, y vendrán más, nunca hay punto final, la historia no termina ahí, sigue su marcha, hay camino a recorrer y hacer camino tuyo y nuevo mientras caminas, y así con cada final de estación no termina nada, llega otra y la primavera que acaba de fenecer volverá con nuevo ímpetu al año próximo y así de forma interminable hasta el final de los tiempos que pudiera ser que no llegue nunca. Llegan las olas del mar a la playa y pareciendo que mueren, nunca mueren porque vienen perseguidas por otras y otras y otras, renovándose constantemente y pareciendo siempre las mismas son siempre nuevas.
Y así les he puesto, a mis poquitos alumnos y muchas alumnas de los talleres, entre algunas pocas tareas más, puesto que es largo-largo el verano, esta: De la palabra FIN que viene al final del programa, escribe sobre lo que te dice esa palabra al final del curso, con una leve pauta: ¿Qué ha habido antes del fin y qué puede haber después?, para que nadie se bloquee, dando por supuesto que la mayoría dará marcha atrás de lo que ha supuesto el curso, la evaluación ha sido excelente, y con el deseo y la espera esperanzada de comenzar uno nuevo. Estoy seguro que me sorprenderán y se sorprenderán de lo bien que han quedado sus escritos.
Y eso es lo que pasa con casi todo en la vida, tras el silencio, el final de algo, piensa que no es el acabose, no es la muerte, a la que hay que decir: ¿dónde tu victoria? Te recurso un breve texto que he citado alguna vez, del libro “Martes con mi viejo profesor” de Mitch Albom:
“Érase una ola que va saltando por el mar cantarina y feliz. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que se da cuenta de que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.
• Esto es terrible, se dice, y se asusta de lo que le va a pasar en breve. Y se entristece profundamente.
Otra ola al verla, le dice:
• ¿Por qué estás tan triste?
• ¿Es que no lo entiendes? Todas vamos a rompernos, vamos a deshacernos, ¿no es terrible?, le contesta.
Eres tú la que no lo entiende, le dice, tú no eres una ola, formas parte de mar.
Parte del mar, las olas, y nosotros, parte del mundo”.
El error es creernos el ombligo del mundo o solo girar en torno a nuestros egos, no contemplar lo que en verdad somos: parte de un todo, pequeña ola parte del océano. La ola no termina, se hunde en el mar del que forma parte.
Tras algunos silencios, sigue la conversación, viene el debate, tras el compás de espera continúa la melodía, al final del curso no hay ningún final porque enseguida llega con nuevos aires y alguna novedad el próximo.
Así que alegrémonos que la palabra FIN no es más que un compás de espera y que enseguida llega, está viniendo otro nuevo curso, sin castigos, ni suspensos, ni malas caras, ni desplantes que no vienen a cuento, sino el placer de sacar lo mejor de nosotros, sin competir más que con uno mismo, y disfrutar compartiendo y aprendiendo hasta el fin sin final.
https://youtu.be/qPYpu1uM3zU?si=fTK9PhprDzWNfeTN Blue Moon - Diane Shaw (Jazz version) Diane Shaw
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