sábado, 11 de abril de 2026

EL VIAJE DE MI PADRE

 



Abrir un nuevo libro de Julio Llamazares es como prepararte a un festín, sin el como, porque sus libros son un festín literario, en general, digamos para hablar con mayor exactitud y cierta consistencia. De hecho, disfruté mucho con Memoria de la nieve, La lluvia amarilla, En Babia, Las lágrimas de San Lorenzo, Distintas formas de mirar el agua, Vegalume, y quizá alguno más. Así que cuando abrí este último, El viaje de mi padre, recientemente publicado, entré de lleno con los mejores ánimos. Y como es un viaje, y Julio es un acreditado y extraordinario viajero, que no turista ni viajante, uno lo pasa bien leyendo uno más de sus viajes, aunque más que el viaje de su padre, allá en el 38, año de la guerra civil, para mí ha sido, una pena, que 86 años después el escritor nos cuente su viaje, siguiendo la huellas de su padre, y me he sentido un poco engañado, quizá sea mi culpa, pero es que al ver el título rápidamente pensé que el protagonista sería su padre y suyo el viaje en la memoria del hijo, y no es así, porque el viaje es de Julio Llamazares, aquí y ahora y el padre es un testigo mudo, lástima, ya digo. El viajero olvida a su padre y que le cite de tarde en tarde sabe a poco, porque no es más que un convidado de piedra, y me da que ha tirado por la calle fácil y, en lugar de imaginar, crear y recrear el viaje del padre, nos ha dado su viaje personal y propio. Yo hubiera preferido lo otro.
Si bien yo agradezco el libro porque he ido muy bien acompañado, desde el norte de León hasta Teruel y Castellón, lugares de los encarnizados enfrentamientos entre hermanos, que eso es lo que sucedió triste y trágicamente. Y no es que yo optara por un libro más de la guerra civil, que ya hay muchos, sino el viaje de su padre que se hacía carne y hueso y memoria recobrada y recreada, puesto el padre en su lugar y verdadero protagonista.
Por ello se agradecen algunas leves pinceladas a la orilla del viaje: La primera, una cita al comienzo del libro: la respuesta del escritor portugués Miguel Torga a un periodista que le preguntó al volver a su pueblo si iba buscando la inspiración y le contestó: “No, vengo a recibir órdenes”. “¿Órdenes de quién?”, le preguntó sorprendido el periodista, “De mis antepasados”, le dijo Torga. Y en la página siguiente, el escritor, que ha aprendido la lección reflexiona brevemente lo que pensaría su padre en momentos similares: “Qué sentiría aquel adolescente caminando en solitario hacia un destino del que ignoraba todo pero que enfrentaría con miedo, pues ya conocía lo que era la guerra”. Y más adelante toma conciencia el escritor viajero, en dos líneas, que el fin de su viaje no es otro que viajar por un paisaje al que le sobran recuerdos y le falta presente, para desgracia de los turolenses, y lo que quiere el lector es bucear de la mano del autor en esos recuerdos del pasado que nos han hecho, o deshecho, también. Y poco más, el resto es el viaje de Julio Llamazares, aquí y ahora, por donde parece que fue el viaje de su padre, entonces.
No obstante, el libro se lee con agrado y deleite, porque, no en vano, la prosa del escritor leonés es magistral, con un dominio absoluto del ritmo y del fondo de lo que va viendo como buen observador y viajero empedernido.
Claro que quizá, y me desdigo, Julio Llamazares, que es un magnifico escritor, acertó y ha sido en definitiva un intento de escribir lo que ha visto y oído hoy en ese viaje que hiciera su padre hace 86 años. Y así paseando por Morella una noche de paz y primavera respira el viajero el olor de la serranía y la paz de una noche que ni siquiera el recuerdo de la guerra perturba, porque todo está en calma. Bendita calma, bendita paz.
https://youtu.be/f_aY0LlWvbw?si=HTr5MwyeL2H-IZaz Joan Manuel Serrat Pare /Padre (subtitulado en castellano

No hay comentarios: