martes, 28 de abril de 2026

DIGNIDAD DE LA VIDA Y LA MUERTE

 


“No me entregaré mansamente al deterioro” ha dicho Joan Manuel Serrat y no he podido pasar de largo, nada más leerlo, hace un instante, porque es de las frases que tienen una buena pegada, y se quedan sin querer haciendo nido en la mente. Lo ve venir, quizás, y tiene miedo como cualquier hijo de vecino en sus mismas circunstancias, muchos años, y ya se divisa en lontananza. Ella no da miedo, pero sí un nada leve estremecimiento ante el deterioro, principalmente cognitivo. Quien lo conoce de cerca sabe de qué hablo y de qué va. La demencia senil es penosa, pero el Alzheimer, por ejemplo, es un tsunami terrorífico que se lo lleva todo por delante sin conocer al marido que tiene delante, a sus hijos que los llevó en el cuerpo y en el alma y todo lo demás. El ser humano convertido en algo mucho peor que un vegetal, sí, mucho peor, porque este vive una vida muy digna y envidiable.
Así que el pensamiento y la actitud de Serrat me parecen de una gran lucidez y valentía, tener las cosas claras sobre la importancia de la vida, su disfrute y compromiso y tratar de que la muerte sea digna y sobre quién es el dueño de la propia vida y qué hacer si la muerte se retrasa de manera intolerable.
Pediría respeto a quienes pensamos así, lo mismo que respetamos, yo al menos, a quienes piensan de forma radicalmente diferente y no se nos ocurre utilizar la violencia quienes somos partidarios de la eutanasia y beneficiarnos de los derechos de su legalización. Lo contrario de algunos personajes de ultraderecha con el furor uterino en las neuronas. Ah, Sr. Obispo, si Vd. no quiere beneficiarse de ese derecho no lo haga, pero no se lo impida al resto.
Fui admirador y lector asiduo del filósofo y escritor Salvador Pániker y le seguí en su lucha por el derecho a la eutanasia, quien presidió la Asociación para el Derecho a Morir Dignamente entre 1990 y 2009. “La vida, decía, no es un valor absoluto. Cuando surgen los valores absolutos, llámense dios, patria o partido, comienzan los crímenes. Que cada cual escoja la religión que le apetezca y se autorrealice, porque la eutanasia no está reñida con ella. Yo soy agnóstico, mas respeto a los que tienen esa sensibilidad”. Como le consideré siempre un maestro de los más lúcidos que se pueden tener, y en otro sentido, podría decir algo similar del gran Serrat, sigo sus lecciones como un alumno fiel y que se esfuerza en ser aventajado. Por ello admiro y sigo el discurso de Pániker y quisiera tener la valentía de Serrat, de no entregarme mansamente al deterioro usando la rebeldía.
Nota no tan al margen: Leo en El País el magnífico retrato, humano y literario, que hace Juan José Millas a la joven de la imagen, Noelia Castillo, que estuvo esperando dos largos años la eutanasia, y termina con estas palabras: “Su rostro no conmueve en el sentido fácil del término. No busca la lástima. Se advierte en su conjunto una lucidez que desarma, una firmeza que no admite aplazamientos. Frente a quienes aún se emocionan con aquel “viva la muerte” cuartelero, ella meditó sobre la vida hasta el final y decidió que también era dueña de ese final. Y en ese gesto sereno, icónico, firme, irreductible, hay, paradójicamente, una forma extrema de afirmación. Como si, al decidir su límite, hubiera conseguido por fin que la vida le perteneciera del todo”. “Una lucidez que desarma” es el título. Sí, magnífico todo él.
https://youtu.be/ceJ0aRUdL-w?si=1ADYD8IaCC3wI81i TCHAIKOVSKY "BARCAROLLE" - MARTHA ARGERICH
https://youtu.be/Gh9WX7TKfkI?si=q_oCuUbUSfjrIPqh Scarlatti, Sonate K.141 - Martha Argerich

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