sábado, 21 de marzo de 2026

MALALA YOUSAFZAI

 



Le dediqué un artículo hace 13 años, cuando ella había cumplido 15, y un bávaro-fanático-talibán puso una pistola en la nuca, y ya no vio más... La bala le atravesó el cerebro muy cerca de un ojo. Durante meses estuvo entre la vida y la muerte y cuando volvió del coma se le hizo más fuerte la determinación de seguir aprendiendo, estudiando, y que lo mismo hicieran las demás niñas del mundo, que en eso consistía su delito por el que los fanáticos la persiguieron a muerte. Y ha vencido. Recibió el Premio Nobel de la Paz y se fue a estudiar a la Universidad de Oxford en donde se doctoró. Tiene ya 28 años y no ha perdido la serenidad y el nivel de entusiasmo, sus señas de identidad. Y levanta su grito a favor de los 120 millones de niñas que no pueden ir a la escuela.
Recientemente ha publicado el libro “Encontrando mi camino”, en donde se lee: “No puedo escapar de la sensación de que una mano gigante me sacó de una historia y me dejó caer en otra completamente nueva. A los 15 años, no había tenido tiempo de descubrir quién quería ser cuando, de repente, todo el mundo quería decirme quién era”.
Acaba de visitar Madrid, donde se cumple el guión de esa segunda parte de la historia. El objetivo de su viaje ha sido muy concreto: impulsar un movimiento mundial para que el borrado sistemático de las mujeres en Afganistán sea reconocido y tipificado como “apartheid de género”. No evita las preguntas sobre la política, pero las reconduce y las devuelve siempre a su mayor tema de interés: la educación como fundamento de la igualdad.
Ante el hecho escandaloso de la mitad de la población de Afganistán que está siendo borrada de la vida pública se expresa así: “Observo pasividad y cómo el mundo mira hacia otro lado. Han pasado casi cinco años y no vemos ningún progreso. Al contrario, vemos a los talibanes anunciando nuevas reglas extremas: una mujer no puede ser vista desde la ventana de su casa. Incluso si está enferma y necesita ver a un médico, sus movimientos públicos están limitados”.
Y durante su estancia en Madrid ha manifestado que se siente muy afortunada por haber podido ir a la universidad y terminar sus estudios, pero no quiere que su historia sea una excepción. “Quiero que todas las niñas puedan completar su educación y decidir su propio futuro. Lo que hemos visto en Afganistán nos recuerda que existe muy poca protección real para mujeres y niñas. El respaldo del derecho internacional es insuficiente”.
La situación de la mujer en Afganistán debería alarmar al mundo fue uno de sus pensamientos y reivindicaciones más fuertes, que no deberían ser acallados y no comportarse con pasividad ni mirar para otro lado, que es el lema de Malala, y que debemos hacer nuestro.

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