Da vergüenza escuchar discursos y mensajes sin argumentos, frívolos y banales, y repetidos hasta la más absoluta saciedad.
Da vergüenza cuando el matón de patio de colegio del mundo, Donald Trump, abre la boca. Vergüenza inconmensurable, ya le vale, y les vale a sus fieles seguidores. Y mucha vergüenza verle sentado, rodeado de pastores evangélicos, durante un rezo, ¿estarían pidiendo perdón por la escuela de niñas bombardeada en la que murieron 175 personas, la mayoría niñas de 7 a 12 años? Amigos creyentes y no creyentes, eso no se puede perdonar, si no estamos al cabo de la calle y la indecencia.
Me avergüenzo de no estar a la altura, de no haber estado mil veces allí donde debía estar, estando a uvas o más allá de Las Batuecas. Me avergüenza cuando debería estar pendiente de lo que los otros me dicen y cuentan y yo me evado para ir a mis asuntos de siempre una vez más y mirarme el ombligo otra vez de nuevo.
Da vergüenza escuchar a los cantamañanas de turno, cantarte y contarte las milongas consabidas que aprendieron en la prehistoria, y nos las siguen largando como si fuera la primera vez que las soltaban por su linda boca, sin acordarse de que lo han dicho un millón de veces.
Da mucha vergüenza que alguien, con una nómina 20, 50 y 100 veces más que el último de la fila, se niegue a subir su sueldo que raya en lo verdaderamente vergonzoso.
Da inmensa vergüenza que lancen la guerra a un país por las tropelías que comete con sus súbditos siendo ellos no menos en sus países que gobiernan sin ley, sin orden ni concierto y desde la más absoluta impunidad. O simplemente para aumentar sus arcas, añadir más metros o kilómetros a su nación, olvidando las muertes de inocentes que se llevan por delante y destruyendo todo al paso de sus misiles y carros de combate.
Me avergüenzan las risas, muchas, de sus señorías, cuando se ríen con desfachatez, cinismo, no poca hipocresía y de la calaña de Tartufo.
Da vergüenza la poca preparación de mucha gente tanto si tienen que sondarte y tiene que intentarlo un montón de veces, con lo sensible que es el tema en cuestión y dolorida esa zona íntima a nada que se hurgue, como arreglarte el grifo que no cierra, la clase aburrida hasta el martirio de los alumnos más motivados y la rueda de prensa sin contestar a lo que preguntan los periodistas. Da vergüenza.
Lo dicho, que habría que avergonzarse mucho más, y estar al tanto y al hilo cuando hay tantas actitudes y comportamientos que dan mucha vergüenza ajena, para denunciarlo o manifestar, al menos, nuestro desacuerdo, como que la tierra es plana, o no existe la violencia de género ni el cambio climático. Qué vergüenza, santo cielo.
Y vergüenza infinita de que no se nos caiga la cara ante tanta vergüenza de la que ya ni nos avergonzamos. Santo cielo, santa vergüenza.
https://youtu.be/9vWMhQd-f2Q?si=mAuM4nwoOBrbS_Tl Mudéjar - Begoña Olavide - La Rosa Enflorece

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