Me dedico a robar lo leído, que no a plagiar, porque intento mejorarlo, y ya se sabe desde siempre que cuando hay asesinato, es decir, mejora, ya no hay plagio.
Y así, cómo no robar la última frase del artículo de Marta Peirano, a la que dediqué uno de mis artículos últimos: “Estar vivo es encontrar en este infierno lo que no es infierno y hacerle sitio y dejarlo respirar”. Creo humildemente que algo añadí. Y cómo no sorprenderme a los pocos días al encontrar en otro de sus escritos la última frase, igualmente, que me pareció otra joya a robar: “Ahora sabemos que la barbarie no llega es en una ola de inmigrantes, sino que nace en el corazón mismo de nuestra civilización”, que me hubiera venido como anillo al dedo para un artículo de aquellos días sobre los bárbaros.
Y así, con este espíritu abierto a todos los vientos, me fui a la presentación del libro de Luis Alonso a quien he robado el título para este artículo. Se lo robé, sin más, a quien es un ladrón reincidente, y puestos, yo más, yo también, yo, de la misma catadura moral. ¿Qué te crees amigo Luis, ladrón-bandido? Y tú más, ya lo sé, y además lo bordaste en tu anterior libro “Perlas robadas” y lo has vuelto a hacer, porque eres, como yo, incorregible. Por eso después de esta presentación se me ha abierto el apetito y nada más llegar a casa me enfrascaré otra vez más y ver por dónde has ido de nuevo. Seguro que encontraré autores a los que también he desvalijado-asesinado, que conoceré de sobra y habré hecho lo mismo que tú, somos de la misma especie, insisto, ladrones, amigos de libros y citas y me encontraré con gente nueva que no conocía y tendré que invitarte a un Ribera, la próxima, por esas perlas mejoradas con tu pluma y tu magia de poeta consumado, admirado y querido.
Lo tenemos claro: leer no es correr enloquecidos para llegar nunca se sabe a dónde, sino pasear por las páginas, detenerse cuando lo pida y exija el texto, paladear las palabras y los buenos párrafos, beber como las gallinas, que decía nuestra Rosa Chacel, levantando el pico para respirar y que el agua descienda garganta abajo, lentamente, parsimoniosamente, y alargar el texto cuanto uno sea capaz de recrearse en él y seguir creando.
Lo dejaste bien dicho en “Joyas robadas” cuando al robar una cita de Caballero Bonald que yo, casualmente, he utilizado para el título de mi último Cuaderno en el que ahora estoy metido: “Somos el tiempo que nos queda”, y añades de paso como quien no añade nada al respecto: “Pero a ello cabría añadir el tiempo vivido que nos queda en la memoria” y me iluminaste la tarde, porque qué seríamos sin el pasado que nos sigue y persigue los talones, y más, añado yo, sin el futuro que estira de nosotros para seguir dando lo mejor. Sí, ¿qué seríamos?
https://youtu.be/aieYAlKWnoM?si=lyT-xCOctfIOVYW5 OFF STUDIO - Diana Krall - A Case Of You

No hay comentarios:
Publicar un comentario