Como entonces, estábamos esperando a los bárbaros, y los bárbaros estaban aquí. Sucede en el poema de Kavafis que, en resumen, dice así: Y porque los estamos esperando el Senado no funciona y los Senadores no legislan, ya legislarán los bárbaros cuando lleguen, se dicen. El emperador los espera sentado en su trono, y como llegarán hoy, espera para darles la acogida... Pero las calles y plazas quedan al final vacías, se hizo la noche y los bárbaros no llegaron, hasta algunos se atrevieron a decir que no existen. “¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? / Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”, termina así el poema.
Y ahora nos damos cuenta de que los bárbaros están aquí, que han llegado para quedarse, rompiendo las reglas, las normas que nos hemos ido dando durante siglos y milenios, no creyendo en las instituciones, para qué la OTAN, la ONU, la Unión Europea, la Corte Internacional de Justicia, el Senado, el Congreso, las Comunidades Autónomas, el Derecho Internacional, la Sanidad y la Educación públicas, el Estado de Bienestar...
En el periódico “EL PAÍS” de hoy, para conmemorar el aniversario del año triunfal de Trump, se le dedica 13 páginas y en una de sus crónicas se puede leer:
“El 20 de enero de 2025, el próximo martes hará un año, Estados Unidos emprendió una huida hacia el abismo: la segunda huida de Donald Trump. Han sido 12 meses de vértigo autoritario. De cruzar un impensable rubicón tras otro sin tiempo para mirar atrás. Un año desde su toma de posesión en el que el mundo ha asistido al deterioro, tal vez sin remedio, de una de sus democracias más antiguas, instalado en la impredecible cabeza del hombre más poderoso del planeta, que resulta ser también uno de los más caprichosos”, Iker Seisdedos. Y un verdadero peligro para el mundo, añado por mi cuenta.
Desde hace un año le están aplaudiendo y haciéndole la ola la ultraderecha de aquí y de allá, los gobiernos de Argentina, Hungría, Italia, Abascal y los suyos, la presidenta de la Comunidad de Madrid, y hasta María Colina Machado le entrega la medalla del Premio Nobel de la Paz de la manera más humillante y ridícula, etc. etc.
Actúan sin límites, es lo propio de los bárbaros, lo hacen a merced de sus caprichos, insultos y amenazas constantes y la venganza por bandera. Todo el Partido Republicano sometido, al Partido Demócrata se le espera por si algún día despierta, así como a la Universidades, los Jueces y la sociedad estadounidense, en general, exceptuando pequeñas señales de resistencia.
¿Pero quiénes son los bárbaros? Los que jamás se han asomado al pensamiento y al arte de la antigua Grecia, quienes aun dándose golpes de pecho desconocen los valores del Evangelio de Jesús, y han pasado por encima del Renacimiento, de la Ilustración, de la Declaración de los Derechos Humanos y de todo lo mejor y más granado que ha dado el ser humano desde el Pleistoceno, anteponiendo a ello su visión mezquina y miope, el no uso de la cabeza en lugar de los exabruptos de las vísceras y la irracionalidad, sacando a lucir y relucir sus razonamientos más torpes y hasta miserables por una falta de dosis elemental de piedad, compasión y empatía. La ley de la jungla es su fuerte. Grave, porque con ellos no va ni la Democracia ni el Estado de Derecho. Bárbaros son, como dice Tzvetan Todorov, aquellos que niegan la plena humanidad de los demás”. Es así. Muy grave.
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