He dicho muchas veces que es bueno e importante saber decir SÍ y NO, así, con letras grandes, ya, pero a pesar de todo me cuesta decir NO y casi me duele. Y le he dicho NO a Mauro, amigo y vecino de mi pueblo natal, tiene 10 o 20 años menos que yo y me llama, siempre que me ve, hermano mayor. Me ha puesto un mensaje de voz, y a él y al alcalde, me dice, les gustaría que diera el pregón de las fiestas de septiembre, y que les haría mucha ilusión, pero le he tenido que decir NO, sintiéndolo, por una razón de peso, me ha parecido, porque ya lo había dado hace un tiempo y no me parecía de recibo volver. Así se lo he dicho, lo ha comprendido y ha aceptado de buen grado, lo que agradezco profundamente, por haberme quitado un peso, el peso de tener que decir NO. Y en una ráfaga de pensamiento llevó a mi mente a pensar en lo que me parecía que debería decir: sobre la importancia, el sentido y la belleza de la fiesta, sobre la importancia de valorar tus raíces que nacieron en el pueblo, con el recuerdo de los amigos y amigas de infancia, padres, hermanos, abuelos y tíos, más el maestro, el cura y los vecinos que me ayudaron a ser, despertar y abrir ventanas y puertas al campo y a la vida. Junto a ello la importancia y el dulce sabor del recuerdo y lograr que la memoria llegue a lo más lejano, y pasar revista a la multitud de peñas en un pueblo tan chiquito, dedicándoles un saludo entrañable, sin olvidar que el pregón para que sea bueno ha de ser breve, y no sin terminar con el brindis que aprendí de mi buen amigo Avelino Hernández, fino escritor, de feliz memoria, le oí y que he repetido en los míos, allá por los años de mi juventud adulta, con una apuesta al respetable que nunca perdí: invitar a una comida o cena a quien fuera capaz de repetir entero tal y como solía hacer al final del pregón, y que dice así:
Vino, vinín, de la copa copín de la cantincopa. El que no diga vino, vinín, de la copa copín de la cantincopa no probará ni una gota.
- ¿Cómo se llama tu tía?
- María.
- Caramba, como la mía.
- ¡Y tu hermana?
- Ana
- Caramba, como mi hermana.
- ¿Y la calle
- En la cuesta?
- Caramba, como la nuestra.
- ¿Y la casa?
- En la plaza.
- Caramba, como mi casa.
Pero vamos a ver: si tu tía se llama María, caramba como la mía, y tu hermana Ana, caramba, como mi hermana, y teniendo la calle en la cuesta, caramba, como la nuestra, y la casa en la plaza, caramba, como mi casa. ¿Por qué no nos conocemos? Porque no bebemos. Pues para que nos conozcamos, BEBAMOS.
Nota no tan al margen, de interés para los atrevidos: Debe comenzarse lentamente y poco a poco se va diciendo mucho más rápido. ¿Será un truco para ganar la apuesta? Puede que sí. Y ya lo sabes: es bueno y saludable saber decir NO, aunque me parece a mí que es más interesante y enriquecedor saber decir SÍ. El NO cierra puertas y el SÍ abre puertas y ventanas, que a mí tanto me inspiran. Pero NO, no debo ir a dar el pregón, que uno es un caballero y cumple su palabra, y además ya he dicho que lo pronuncié en su día en medio de la plaza, y de testigo, fiel y muda, “LA OBRA, los aplausos me llegan todavía con cierto aire de nostalgia.
https://youtu.be/sNmIpe_QAEg?si=ogB4LwqL3_UQz9Bd TODA UNA VIDA. MARÍA DOLORES PRADERA
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