¿Hay alguien por ahí que no busque la felicidad y poder encontrarse con algunos, por muy simples y fugaces momentos, pero que se alargan en la memoria, y cuando encuentra alguno de sus rasgos no se sienta muy feliz? Si no eres de esos me lo dices, para intentar descubrir a ver qué te pasa.
Aunque, dicho lo cual, quizá no la busquemos con verdadero empeño y pasión controlada que es como las cosas que se buscan con intensidad y coraje. Lee detenidamente el contenido de ese frasco, como yo lo estoy haciendo en estos momentos y después hablamos. Como me puede mi impaciencia en casi todo, no espero a que pase un año, y además, de mala memoria, puede que mañana mismo se me olvidara la tarea emprendida, así que comienzo ahora mismo y hasta donde llegue he llegado:
Me hizo feliz el día que estrené un cuaderno, que se ha ido repitiendo desde el primero, tendría 6 o 7 años, hasta el que este mismo año, en enero, me tocó el turno, y me sigue haciendo feliz, me pongo como un niño con zapatos nuevos.
Goloso, como sabes, ya de niño, siempre que había arroz con leche de postre, me brillaban los ojos y el alma se ponía de fiesta.
Las correrías con uno de mis amigos de infancia con las bicis por las calles del pueblo y la subida a los molinos, el monte más cercano.
Las clases de los martes y los miércoles de los talleres de escritura creativa en las que ellas y ellos hacen, como los alumnos más motivados, las tareas, y me sorprenden gratamente con unos escritos, borradores, que durante la semana mejorarán. Algo similar en la sesión de “Ventana Abierta” en la Residencia de ancianos, todos los martes, y ahora después de 18 años, que ya estoy a su altura de años, me atrevo a llamarles de tú y a contarles intimidades si es preciso o tratarles como colegas.
Cuando estoy en pleno parto de un artículo de estos míos y estoy deseando verlo finalizado para corregir y corregir, pulir y mejorar, así me imagino a la madre con el bebé recién nacido, bueno..., algo así.
Los encuentros con amigos y amigas con un café, vino o cerveza de por medio y buena charla amiga y más cuando se va al fondo de las cosas y los temas.
Consciente del mal estudiante que fui, el día que un profesor de teología, después obispo y cardenal de la santa madre iglesia, en un examen, me dijera: Bien, Castro, bien. La felicidad brincaba en mis adentros.
Siempre que salía a la calle alguno de mis libros.
Y por supuesto, cuando nacieron mis hijas, Inés y Alba, y cuando vienen ahora, desde Madrid y Menorca, pasada ya la juventud, y ver y sentir como la casa se convierte en una Casa Encendida.
Y así seguiría hasta el fin de los tiempos, o mejor, hasta el final de mis días. Este es mi frasco, que seguiré guardando como el mejor de los regalos que, con solo verlo, olerlo y recordarlo, vuelven por los mejores derroteros las huellas de la felicidad. Anda, y anímate, tu frasco te espera.
https://youtu.be/nXHIktBIbUo?si=vHYnTHfRfv_JCs7K Flamenco Soul | A Escondidas | - Musica española Lía Carmensí

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