Todos tenemos, más o menos, ideas fijas que no se van ni de broma y con mucha frecuencia te vienen sin saber por qué ni de dónde. Freud tendría una buena respuesta. A mí, entre muchas, hay una que no se me despega fácilmente:
Prestar atención al otro, a lo que nos está diciendo, a lo que debería contarnos porque nos interesa lo que le está pasando, que puede ser seria la cosa, y le miramos a los ojos, y dejamos que hable, y no entramos en sus espacios verbales hasta que acabe y deje vía libre. Qué menos, pero qué difícil.
Estar atentos a lo que pasa al lado y a lo lejos cuando lo humano está en peligro o seriamente perjudicado y dañado. ¿Cómo podernos dormir tranquilos cuando a cuatro metros de nuestra casa hay un incendio voraz, y quien dice incendio, dice un exterminio, aunque esté a muchos kilómetros de distancia cuando todo está tan cerca en este mundo nuestro que es una bellota en medio del inmenso bosque-universo?
Leo en una larga entrevista a Samanta Schweblin, escritora argentina, que responde así de claro y tajante sobre el poder de la atención, y rápidamente lo he subrayado y me lo he traído a mi huerto. Esto es lo que contesta a la pregunta del entrevistador sobre el significado de prestar atención:
“Es el superpoder más grande que hay en la humanidad. El otro día alguien me dijo algo que no voy a olvidar: “Ya no hace falta ser talentoso; lo único que hay que hacer es trabajar con verdadera atención dos horas al día”. Eso ya te sitúa por encima de la media. ¿Por qué es un superpoder? Porque ya no todo el mundo puede hacerlo. No hay vez que tome el metro y no me dé cuenta de que el 99% de la gente esté mirando su teléfono. Hemos apagado el registro del entorno”.
Suelo decir de mí que no estoy al tanto de las cosas porque muchas veces estoy a por uvas, y llevo apagado el registro del entorno hasta de lo más querido y cercano. ¿Te pasa? Pues es grave.
No prestamos atención porque estamos de modo exagerado pendientes de nuestro ombligo y prestando excesiva y tonta atención al móvil. La imagen lleva a ser preocupante. Ocupados y preocupados de lo otro y los otros en la distancia y sin mirar y conectar con lo que está a nuestro lado..., lejanos, distantes, ciegos y sordos al latido de lo que está a nuestro lado y de quienes lo está habitando.
Y el no estar atentos es lo mismo que no estar concentrados con lo que el despiste, salirse de la carretera peligrosamente, estar en las nubes de forma permanente viene a ser lo mismo. ¿Cómo vamos a apagar los fuegos que están a punto de devorarnos y saber qué camino elegir en cada momento?
Urge bajar de las nubes, mirar con mucha menor frecuencia el móvil, prestar atención a quienes nos están hablando o a nuestro lado callados, concentrados y reconcentrados en la tarea en la que estamos para que salga decentemente bien o superlativa, y a quienes queremos, mirarlos con mucha mayor atención. Esto no es más que una guía de peregrinos por la vida.
Pues eso, y que te vaya bonito.
https://youtu.be/DI75H1xat8Q?si=iG7N3ufcc_p23klJ Chopin Nocturne op.Posth arr. for Cello & Piano by M.Maisky / Camille Thomas & Julien Brocal / Live

1 comentario:
De acuerdo totalmente. Siempre entono el " mea culpa" porque me gusta que escuchen lo que digo y que no me corten antes de tiempo", pero también me gusta escuchar a los demás. Soy partidaria de dar mis opiniones pero aprendo mucho de lo que opinan los demás. Otra cosa es en temas que no sé nada o muy poco ,pero si lo sé y estoy segura de ello, no me "apeo" ...y lo sabes profe. La pena es que solo sé que no sé casi nada".
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