No lo sé, o sí, pero lo que sí sé, a ciencia cierta, es que no es bueno. Veamos:
Porque sentirse viejo, y no digamos si te sientes así a los 30, 50 o 70, es que has tirado la toalla y ya no le sacas gusto ni ganas a la acción y a la vida. Desganado, pasota, encerrado en tu propia jaula, sin vistas al mar y a la libertad, cansado del dulce vivir... y si tienes muchos años solo a la espera de irte al otro barrio que oías decir de niño en tu pueblo. Y eso no es bueno.
Sentirse viejo es darle poco valor a la risa, al beso, al abrazo, al coraje, a la amistad, al amor, y ya ni ganas de hacerlo, a viajar..., y eso sí que es malo, no solo nada bueno, que alguna diferencia hay en ello.
Porque sentirse viejo es no tener ganas ni de abrir la ventana al levantarte de la cama y respirar gozosamente el aire fresco del amanecer, pues no sientes gusto alguno ni le das algún significado e importancia, y qué sentido puede tener un día más, murmuras, que ya es desgracia.
Porque para qué un día más, o un mes, o un año, más a la cuenta, si va a ser, piensas, como ayer, antesdeayer o mañana mismo, igual de gris, igual de vacío, igual de sinsentido con sabor a nada y caes en ese lugar común, y falso, que naciera en la Biblia: Nada nuevo bajo el sol cuando todo puede ser nuevo cada mañana y cada noche.
Y porque cuando te sientes viejo es como sentirse acabado, al margen del vivir y su dulzor en plenitud, intensamente, sin pasión y sin el gozo de abrazar con entusiasmo la primavera, poder disfrutar de los atardeceres del verano, el calor de la casa en invierno oliendo toda a ella a café con el desayuno y dejar que penetren todos los colores del otoño y se queden largo tiempo en la retina... Pero aprendamos de una vez por todas que una cosa es ser viejo, es decir haber cumplido muchos años, y otra cosa muy distinta, sentirse viejo, que es cómo te enfrentas a los años, a la vida y a tu manera de pensar, vibrar y sentir. En los últimos años de su vida, José Luis Sampedro, siempre decía que aún le quedaban cartas con las que jugar. Anda y busca en tu mochila.
Y, sobre todo, frente a toda fatalidad y el derrumbe total, esperar el milagro de la primavera, como Machado, al ver brotar del olmo viejo sus ramas reverdecidas. Ya lo conoces:
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido...
... Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Pues eso mismo, y que “no hay que dejar entrar al viejo cuando cada mañana nos levantamos”, la respuesta que le dio el actor nonagenario y director de cine Clint Eastwood al cantante de country Toby Keith, cuando este le preguntó que cuál era su secreto para seguir activo y brillante a su edad, “ni dejar espacio a la amargura de la queja”.
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