Eso se llama inteligencia, en línea con los versos de Juan Ramón Jiménez “Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas”. El nombre exacto de envejecer que no tiene que mirarse con miedo, ¿a ton de qué?, ni quitarse años, qué tontería, los años nos hacen más, ni arrugas, porque la cara de mi madre era una purísima arruga y para mí era lo más bello y entrañable, como para ti la tuya, convertida, es seguro, en pasa, comestible y adorable.
A medida que envejezco..., y cómo envejecía la bella, inteligente y genial actriz, Anna Magnani, no quiero, decía, explosiva y certera, parecer más joven, ¿a ton de qué y por qué motivo?, quiero parecer más feliz, y serlo, con todos los derechos y uno más, por si alguno se perdió en el bello empeño.
No más joven, por favor, por mucho divino tesoro que acompañe al ser joven, ahora toca otro ritmo, ni el del niño, el joven, ni siquiera el adulto: la persona mayor, con todas las de la ley, viejo, anciano -venerable o quizá vulnerable-, pero siempre en pie para deleitarse en el momento que puede ser más feliz que nunca y más intensamente vivido y disfrutado. Y celebrar la “madurez, divino tesoro”. ¿Quién dijo que no? No olvides que la madurez puede ir desde los 60 y más hasta los 100, y hay en esa larga etapa trechos profundamente hermosos y bellamente apetecibles. Algunas ventajas hay, y así lo ve en un relato el escritor estadounidense Amor Towles: “Ir de acá para allá detrás de una persona joven y bella hasta altas horas de la noche..., francamente, a estas alturas, ¿quién se toma esas molestias?”. Pues claro. Y además, siempre queda la imaginación y la memoria para trabajárselo.
Y hablando de la Magnani, cómo no citar a unos de sus directores de cine, Gian Carlo Menotti, quien dijo de ella: "Magnani es como trabajar con fuego, puede prender fuego a todo el teatro ".
Lo dicho: bella, vieja y feliz. Y actriz inmensa.
Nota no tan al margen: Yo me apunto a este lenguaje pero jamás al lenguaje desabrido, torpe y malhumorado, desde el poder que se tuvo, que ya no se tiene, porque ya detentaron su cuota, y no deben castigarnos con más lecciones y ese rostro avinagrado y enfado eterno del que nos deberían liberar para no tener que sacar lo peor de nosotros. -¿Váyanse Sr. González y Sr. Aznar? Pues acaso. Se agradece, por lo que acertaron de su gestión. Y mientras tanto aprendan al menos de la risa inconmensurable de la actriz italiana, y al tiempo, un poco de humildad. Aprendamos.
https://youtu.be/UhHYQTK5RWo?si=K7zYCjnrlJP4hiD9 KATICA - ANIKÓ- FERENC- CSABA ILLÉNYI - Libertango

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