Dice un proverbio indio: “Solo hay un pecado que los dioses no perdonan: apagar el fuego que calienta el corazón de los hombres”. Pues sí, no tiene perdón de Dios.
Si los dioses me lo permiten yo añadiría algunos más:
Y mirar con malos ojos, cuando se nos han dado para ver lo bueno y hermoso de la vida.
Y meter el dedo en ojo ajeno, que ya es delito y mala uva.
Y ensombrecer la noche sin saber disfrutarla.
Y no saludar al nuevo día, a la lluvia, la nieve y el calor...
Y quienes entienden, comprenden y defienden a presuntos delincuentes con argumentos de ningún peso, y se entretienen entre los suyos sin hacer caso a un trabajo periodístico muy serio de 3 años y a las posibles víctimas y a lo que han visto los ojos de todos. Donald Trump y Julio Iglesias, por favor, un respeto, no pongáis vuestras sucias manos en Groenlandia y en las mujeres. Y de paso, que tampoco pongan sus muy sucias manos la ultraderecha política y mediática ante la tragedia ferroviaria.
Y estar siempre de mal humor y siempre quejándose.
Y tirar la piel de un plátano a la acera sin pensar que alguien puede pisarla y romperse la crisma.
Y maltratar a los animales que no son de piedra.
Y creerse el ombligo del mundo.
Y creer que todo es una mierda, o que el mundo va de mal en peor, o que esto no tiene arreglo, o que cualquier tiempo pasado fue mejor...
Y no mirar nunca a los que vienen detrás sin un trozo de pan que llevarse a la boca.
Y llamarse cristiano, o gran creyente, y pasarse las bienaventuranzas evangélicas por el forro.
Y, dado que tú no puedes bailar, no permitir que los demás bailen.
Y no encender nunca el fuego por no gastar la leña almacenada y a buen recaudo.
Y no tirar de la cadena, o dar al botón, y no usar la escobilla, si fuera preciso, sin pensar en el que venga detrás.
Y ser un tartufo de tomo y lomo: Tartufo, dícese del individuo falso e hipócrita, que finge bondad y generosidad para beneficiarse a costa de otros.
Y largarte de la barra del bar a la hora de pagar escurriendo el bulto... y la jeta.
Y ser el primero en tirar la primera piedra a la adúltera de turno sin mirar hacia dentro y ver la podredumbre del propio corazón.
Y no correr a apagar el fuego cuando arde la casa del vecino.
Y así sucesivamente..., añadiendo lo del proverbio indio: que los dioses no nos lo perdonen. Y así, a ver si aprendemos.
https://youtu.be/qT_Q4n-Zp-8?si=GMupZCzrNY9TiGpF Camille Thomas – Mozart: Figaro, Act 2: Voi Che Sapete (Live at Sainte-Chapelle, Paris / 2018)

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