martes, 15 de enero de 2013

AMOR




Llego a casa sobrecogido por el paseo deslumbrante sobre la vejez, el dolor, el amor y la ternura que nos ha regalado el director de cine, Michael Haneke, con su película AMOR, así, con letras mayúsculas, si no, no se entendería nada.
En síntesis, se trata de un crudo retrato de la vejez y de la muerte. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva encarnan a una pareja de octogenarios, que viven en París ya retirados del mundo de la música. Isabelle Huppert interpreta a la hija de ambos. El amor de la pareja se enfrenta a la lenta, pero imparable enfermedad terminal de uno de sus miembros y se verá puesto a prueba.
Palma de oro en Cannes, ¡qué menos!
Y mientras voy llegando pienso que la cámara en manos de un artista, cuanto más se acerca en primerísimos planos, no falla, porque los rostros no suelen fallar (y no digamos cuando se trata de grandes artistas), no pueden más que desnudarse y ofrecernos toda la verdad desde su desnudez más plena.
Que no hay respuestas absolutas, sino preguntas inteligentes y atrevidas que nos llevan hasta algunos límites de vértigo para continuar preguntándonos, para seguir buscando la verdad entre el espesor de la niebla.
Que hay amores, tras la pasión juvenil, fuertes, valientes, sufridores, tiernos, entrañables, humanamente tambaleantes y frágiles, y por ello tan necesarios en este mundo nuestro, a veces, tan inhóspito.
Que la vejez en su faceta más cruda y deteriorada es un mal trago muy difícil de digerir y sobrellevar por uno mismo y los de su alrededor.
Que los seres humanos cuanto más se desnudan en su verdad más total, que es su fortaleza y su debilidad, más te tocan las fibras más sensibles hasta el borde de las lágrimas y la querencia.
Sucedió ayer noche cuando vi la película, una gran obra de arte, no hay duda,  y sigo haciéndome estas reflexiones, como lluvia fina que me va calando por dentro, 24 horas después.

3 comentarios:

Mª Jesús PRIETO dijo...

No pensaba perdermela de ninguna manera... pero ahora mucho menos. Es verdad que películas así se instalan dentro, como una medicina de "liberación prolongada"...
Y el tema. Que nos incumbe a todos... y de qué manera! Me viene a la memoria uno de los versos de Gamoneda: Ahora/he de amar mi propia muerte/ y no sé morir.
Gracias Ángel.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Te gustará, disfrutarás y llorarás, como yo, mismamente.
Un beso

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Me alegra, Mª Jesús, y te agradezco que me hayas enviado tu “reseña cinematográfica”, porque me has ayudado a ver lo que había dejado entre nieblas. Me obnubilé con la perfección formal que la tiene, pero me quedaron algunas dudas, ya en la misma sala, que no di importancia, pero con tu ayuda he visto clarísimas: tiene muchos agujeros negros, es cierto, en lo que cuenta: en las relaciones mismas, de él hacia ella, se da una ayuda un tanto límite, pero automática, se cuentan con los dedos de la mano los detalles amorosos de cierta finura, en la petición excesivamente forzada y en las promesas hasta el final, no adultas; se cierran demasiadas puertas y la última, la más grave, porque significa cerrar definitivamente otras salidas más airosas, y además de forma violenta; lo que no sé es si esto es lo que pensó el autor o quiso dejar la puerta abierta de las preguntas, pero acaso se le fue de las manos, porque al final rompe el lema del título, AMOR, ya que termina siendo un no ejemplo de amor o muy equivocado. Para un debate largo y a fondo.
Gracias, Chus, por tu vista de lince y distinguir con rapidez el fondo de la hojarasca, aunque esté bellamente mostrado y hasta sea posiblemente una obra de arte. Lo que dije, queda dicho, pero revisado y mejorado con esto.
Un beso grande