jueves, 27 de mayo de 2010

VERDADES COGIDAS AL VUELO



Es bueno cogerlas al vuelo y dormir con ellas. Me refiero a las palabras, las frases, las ideas geniales, una canción que escuchas en un momento y no se te va durante el día, un verso atinado, el consejo de una amiga, un pensamiento al cabo de la calle y al son de la última noticia, frases que te encandilaron un día y las copiaste en tus cuadernos de notas y alumbramientos. Y te dejas ir hasta donde su viento te lleve.

La primera es del famoso y gran periodista y escritor Ryszard Kapuscinski: Aprovecho para recomendarte dos extraordinarios libros suyos: Ébano y Viajes con Herodoto.
“Si entre muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”. La subrayé en mi cuaderno al igual que la segunda.
No hay vuelta de hoja, y por eso da tanto miedo y es tan peligroso el hombre de un solo libro, una sola idea, amante de un solo rincón, andar siempre y a solas el mismo camino, no hablar con nadie, alarmarse ante lo nuevo, no ser capaz de cambiar de camisa, de chaqueta, de hábito, de pasión, de ilusión, de amigos, de pueblo, de patria…, ser indiferente a la idea de aspirar a ser ciudadano del mundo por encima de fronteras, provincias, corralitos, raza y coche propio, casa y gallinas… a quienes hacemos nuestros y de nuestra propiedad más que nosotros mismos y somos incapaces de vivir sin fronteras, provincias, corral, raza, coche, casa y gallinas.

La segunda es del autor que lleva las iniciales G.G., no me preguntes más:
“Cuanto más envejezco, más escucho a los que hablan poco”.
Ésta sí que la cogí al vuelo-vuelo y me la quedé. Quizá, sin darme cuenta, es que estoy envejeciendo, aunque no tenga más que 71 ridículos tacos, porque me creo poco más que un chaval. ¿Viejo, yo? ¡Anda ya! Me digo y te digo. Pero aparte de estas naderías sí que te vas dando cuenta de algunas grandes verdades que se aprecian y valoran más a medida de ir cumpliendo años. Y una de ellas es ésta. Posiblemente porque adviertes de forma más clara que nos han acunado con tantos cuentos que, como decía León Felipe, nos los sabemos todos y estamos hartos de tantos cuentos; y como hemos escuchado tanto bla bla bla patinan por nuestras neuronas tanto discurso vano, tanta promesa incumplida, tanta palabra manipulada además de hueca y ya sólo queremos refugiarnos al lado de quien nos sonríe, nos da la mano y aprieta la nuestra con un beso cálido y sólo de vez en cuando nos dice alguna cosilla sabrosa, que lo mucho fatiga, se olvida y sirve ya para bien poco. Y es que vamos haciendo caso al sabio proverbio persa: “la arena en el desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio".

Hazte con ideas varias y escogidas y déjate llevar por el aire de sus alas.

5 comentarios:

Angelus dijo...

Pues la verdad es que me ha gustado mucho esta entrada. Y esto es así por dos motivos: uno, que menciones a Kapuściński; yo también he leído esos dos libros y son extraordinarios, sobre todo, "Viajes con Herodoto", mi mujer es fan de su compatriota; iba a venir invitado a la Feria del Libro de Sevilla, pero se nos murió; el otro motivo es que me veo reflejado en esa reflexión sobre la palabrería vana y el silencio: busco y ansío el silencio, me fastidia la gente rollera y admiro a los que saben escuchar (especie en extinción). Saludos.

Mª Jesús Prieto dijo...

Que tema más fecundo Angel. Sobre frases y palabras. Leyéndolo, me acordé de un bonito texto de Jesús Marchamalo y Mario Merlino.
Si me permites un comentario largo... transcribo unas líneas:
"Me gustan las palabras. Me gusta bajar por la mañana a comprarlas y elegirlas, una a una, como si fueran albaricoques maduros. Nunca se sabe qué palabras van a necesitarse a lo largo del día. Nunca se sabe cuales sacar de casa en la mochila, o llevar en la maleta, de viaje [...] Me gustan las palabras. Me gusta atesorarlas, pero también dejarlas escapar, a veces, como si no fueran mías. Neblina pesa tan poco, es tan inerte, que basta con mover los labios para la la mínima racha de viento se la lleve."

Unas líneas más tarde, recuerda una frase de Clarice Lispector: "Escribir sería muy fácil, si no fuera por las palabras"

Besos.

El escuchador dijo...

Palabras, palabras, palabras...siempre las justas, ni una más. Pero si además son muchas; "miel sobre hojuelas". Debe de ser porque yo sólo tengo 68 tacos de nada. Y no sé si lo dice el gran escritor polaco o G.G, simplemente lo dice G.B, no me preguntéis más.
Me gustaba mucho escuchar a un agricultor, ya mayor: "el que habla siembra, pero el que escucha recoge" y a mí me gusta recoger ¡que queréis que yo le haga!

Un abrazo muchas veces.

ÁNGEL DE CASTRO GUTIÉRREZ dijo...

Gracias amigos, por seguir ahí, yo seguiré estando aquí:
Angelus, me alegra que también hayas frecuentado a este autor, uno sale renovado después de leer a Kapuscinski y mejor, ¿verdad?
Mª Jesús, bien una vez más por abundar en el tema y enriquecerlo: el texto que transcribes es profundo, poético, sugerente y emotivo, ¿qué más se puede pedir?
Y Escuchador: También yo me siento muy bien escuchando, pero no podemos olvidar las dos partes del dicho tan lúcido que oíste al agricultor mayor:
- el que habla siembra (y nada más hermoso que sembrar)
- el que escucha recoge (y nada más emocionante que recoger la cosecha)y volver a sembrar con alguna parte de ella.

Un abrazo

Rut dijo...

Ángel, me ha encantado tu entrada. Escucharé, recogeré e intentaré sembrar en alguna tierra fértil, a ver qué brota (siempre tratándola con cariño y dulzura, que seguro beneficia)y en las más áridas, intentaré buscar un huequecito, que seguro lo hay.
Aunque no soy de campo (ya me gustaría) en el fondo los maestros somos un poco agricultores: sembrar y recoger es parte de nuestro trabajo, no te parece?
Un abrazo